No es ninguna novedad que España ha incumplido sistemáticamente los objetivos del protocolo de Kioto contra el cambio climático. De hecho, a fínales de 2010, era uno de los tres países que más incumplían esos objetivos , junto con Turquía e Islandia, con la evolución más negativa en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero.
Ahora, los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente muestran que España es la mayor excepción en una Unión Europea de los Veintiocho que ha conseguido reducir casi en un 20% sus emisiones de CO2 respecto a los niveles que tenía en 1990.
Así, mientras la UE-28 redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2012 un 1,3% en relación al año anterior, con lo que ya acumula un recorte del 19,2% respecto a los niveles de 1990, España las redujo a su vez en 2012 un 1,5%, ligeramente por encima de la media comunitaria, pero aún acumulaba un incremento del 20,1% en comparación con 1990.
Además, se había fijado para 2012 unos objetivos de llegar al 15%, con lo que llevaba en esa fecha una diferencia negativa de 6,1 puntos porcentuales; mientras que los objetivos de la UE-15 para 2012 eran de -8% y las emisiones verificadas fueron de -15,1%, como se puede observar en el gráfico adjunto a esta información, reproducido a partir de una información publicada por el diario La Vanguardia el pasado 4 de junio, con datos del Convenio de Cambio Climático.
Tal como valoraba un día la Agencia Europea de Medio Ambiente, la UE ha demostrado que puede compatibilizar el crecimiento económico y la reducción de las emisiones de gases. “Tenemos que llegar más lejos, pero esto depende de que los países apliquen políticas para lograr una sociedad baja en carbono y segura energéticamente”, advertía Hans Bruyninckx, directora ejecutiva de la agencia.
Cabe recordar que la reducción de las emisiones de gases (procedentes de la quema de combustibles fósiles en térmicas, industrias o los tubos de escape de los coches) alcanzó en el 2012 los 1.082 millones de toneladas de CO2 desde 1990, lo que equivale casi a la suma de las emisiones de Italia y Reino Unido.
Los primeros quince países de la UE (UE-15) se comprometieron en el protocolo de Kioto a contraer la generación de gases que calientan la atmósfera en un 8% en el periodo 2008-2012 con relación al año base (1990). Pero estos países consiguieron un recorte del 11,8% en el citado periodo y totalizan ya una disminución del 15% desde 1990; y eso sin contar los sumideros forestales (el CO2 es absorbido y fijado por los bosques) ni los créditos para adquirir derechos de emisiones en los mercados previstos en Kioto.
La gran paradoja
En el gráfico se puede ver, además, que los países del entorno de España, como Reino Unido (-25,1%), Francia (-12,1%) y Alemania (-28,4%) están entre los países que han logrado una reducción más destacable. Incluso Italia ha conseguido reducir las emisiones de CO2 (-11,4%) por encima de lo previsto para 2012.
Por el contrario, y esto es una paradoja, los países que más han acusado la crisis económica, como España (21,1%), Portugal (13,1%), y en menor medida Irlanda (5,9%) y Grecia (5,8%), son a su vez los que muestran unos porcentajes de gases contaminantes de mayor envergadura.
Cabría imaginar que esos países hubieran reducido sus emisiones, dado que hay una relación entre estas y la actividad económica: a mayor actividad, mayor contaminación, dado que esta procede básicamente del transporte y la actividad industrial, además de la que procede de las viviendas, sobre todo en invierno. Sin embargo, el transporte y la actividad económica e industrial están marcadas por la crisis, y estos cuatro países no son especialmente fríos.
Por tanto, ¿cómo es posible que se produzca esta paradoja?, y, ¿cómo hay un incumplimiento tan flagrante por parte de España? En el extremo opuesto, Alemania (-24,8% de emisiones), con una gran actividad industrial y económica, ha reducido en 3,8 puntos porcentuales sus previsiones para 2012 (-21%).
En ese sentido, la Agencia de Medio Ambiente señala que los avances de la UE en la reducción de gases se debieron sobre todo a un recorte de las emisiones procedentes del transporte y de la industria (debido a un menor uso de los combustibles fósiles), así como a un aumento de la proporción de las fuentes de energía renovable en la producción eléctrica.
También insiste en que la recesión económica puede explicar hasta un 30% la variación de las emisiones desde 1990, mientras que otros factores y políticas han desempeñado un papel tanto o más relevante, como el desarrollo de las energías renovables y la mejora de la eficiencia energética.

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