Algunos animales tienen la capacidad de tomar la forma y el color del lugar en el que se encuentran para pasar desapercibidos y no ser atacados por otro animal, o bien, para cazar sin ser vistos. Tal vez el más famoso de ellos es el camaleón, el cual puede cambiar de color a voluntad. Tristemente, algunas personas tienen una especie de valores camaleónicos porque los van adaptando al lugar en el que se encuentran: si están con compañeros que beben alcohol, se comportan como el peor de los borrachos; si platican con gente atea, se burlan de la religión; si les conviene parecer decentes delante de un cliente, no dirán una mala palabra, pero si se juntan con gente vulgar, pueden hablar en doble sentido como unos expertos. Este tipo de personas pueden asistir a Misa y comportarse como creyentes, tener la apariencia de buenas personas en su casa, pero son muy diferentes fuera de ella. Cuando uno conoce a una persona “camaleónica”, se pregunta: ¿Cuáles son sus verdaderos valores? ¿Se trata de alguien que quiere ser buena persona, pero por vergüenza o debilidad cae frente a los malos? ¿o se trata de una mala persona que hipócritamente en ciertos ambientes oculta su verdadera forma de ser? De cualquier forma, estas gentes camaleónicas desconciertan y dejan mucho que desear como cristianos.

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