
Allí se encontraron con niños desnutridos, una concepción hostil de la familia, un paro estructura, diversos problemas con el alcohol y reyertas constantes. ¿Qué podemos hacer? Se preguntaron. Durante ese verano ayudaron al sacerdote del lugar con las tareas pastorales. Volvieron a España, pero su corazón quedó en Nicaragüa.
Todo lo que habían vivido en ese verano les marcaría para siempre y antes de volver a España, dieron el poco dinero que llevaban encima al sacerdote y a dos laicos colaboradores con la intención de que dieran de comer a los niños con una situación más complicada. Aún así no era suficiente. Podrían hacer aún más.
Por eso, cuando llegaron a su parroquia, cuando llegaron a Madrid decidieron poner en marcha la Asociación “Pan de Vida para Nicaragüa”. Consiguieron 100 socios y envían 5.000 euros mensuales directamente a los responsables del proyecto. Teatros, mercadillos, pequeñas campañas, cualquier excusa es buena para recaudar dinero para los niños nicaragüenses.
10 años después, 180 niños comen cada día en el comedor; 25 niños asisten a una guardería de apoyo para las madres trabajadoras y 110 niños van a un colegio de secundaria, paliando así las grandes dificultades de los niños de la barriada. Debido a la devaluación del dólar en Nicaragüa, los 5.000 euros mensuales que siempre han enviado no son suficientes para atender a todas esas necesidades.

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