La fe de Job El libro de la vida Todos conocemos el libro de Job. Lo leemos d...

La fe de Job



El libro

de la vida



Todos

conocemos el libro de Job. Lo leemos diariamente en cada rostro de los que se

cruzan con nosotros, lo leemos en nuestra propia vida. Job es todo hombre o

mujer que sufre, Job somos nosotros, Job soy yo.



Los

hermanos evangélicos acostumbran acudir al templo muy bien vestidos, los

hombres van de corbata aunque ya nadie o casi nadie la use; quieren significar

que ellos son buenos y que por eso Dios les da prosperidad y riqueza. Según

ellos, Dios bendice con bienes materiales a los que tienen fe. En la propaganda

de las sectas de moda, los recién convertidos hablan de que, a raíz de su

ingreso en dicha secta, ellos ya tienen casa propia y uno o dos automóviles.



Pero

también es bueno y ama a Dios el indígena de nuestras sierras, y se está muriendo

de hambre, y por el contrario, “los ricos también lloran”, es decir, que los

bienes económicos no son garantía de felicidad. ¿Por qué los malos prosperan y

a los buenos les va mal?, ¿por qué hay tanto mal en el mundo?



La

presencia del mal en el mundo es uno de los argumentos favoritos de los ateos,

y es un argumento que, cuando se vive en carne propia, hace tambalear la fe

prendida con alfileres de los que no conocen a Dios. Sí, el libro de Job se

está escribiendo todos los días.



Dios

tiene fe en el hombre



El

hombre es criatura de Dios. Somos sus hijos y Él se siente orgulloso de

nosotros y ve en cada uno de los humanos su propia imagen. ¡Cómo nos parecemos

a Dios!



El

hombre es capaz de hacer el mal. Tal parece que la maldad humana no tiene

límites y llega a ser monstruosa. Nos horroriza saber de lo que somos capaces,

pero, como dicen nuestras mamás que nos aman, “en el fondo somos buenos”.



Dios

nos ama más que nuestras mamás y sabe que en el fondo somos buenos, porque Él

así nos creó. Dios tiene fe en el hombre y confía en su bondad. Si no fuera

así, toda nuestra vida no tendría sentido; estaríamos perdidos

irremediablemente.



Dios

apuesta por el hombre



La

historia de Job, toda, parece ser una apuesta entre Dios y Satán. El demonio no

cree en la sinceridad del amor a Dios de un hombre que ha sido continuamente

bendecido por Dios. Le apuesta a Dios que si cesan sus bendiciones, ese hombre

dejará de amarlo.



Me

llama la atención el texto que habla de los hijos de Dios refiriéndose a los

ángeles y el que entre ellos se cuente a Satán: “El día en que los hijos de

Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en

medio de ellos.” (Job 1, 6) Este texto encierra el drama de los ángeles malos

que, a pesar de su pecado, siguen siendo amados por Dios para mayor tormento de

ellos; al fin y al cabo, también son sus hijos, creaturas de sus divinas manos.



Satán

no puede aceptar que el hombre sea fiel a Dios, todo su trabajo consiste en que

le traicionemos como él lo traicionó.



Dios

está seguro del hombre y toda la historia de nuestra salvación es la apuesta

decisiva de Dios. Él está seguro de ganar.



Job

era un hombre inmensamente rico en bienes de la tierra y tenía una familia a la

que amaba, una esposa, siete hijos y tres hijas. Job era bueno y amaba a Dios.



Satanás

apuesta a que si Job pierde sus bienes, maldecirá a Dios; misteriosamente Dios

permite que Satanás ponga a prueba el amor y la fe de Job.



Job

pierde todos sus bienes, pierde a sus hijos y, para colmo de la maldad refinada

del diablo, no pierde a su esposa, que lo recrimina y maldice por su paciencia.



Y

allí tenemos a Job, reducido a la miseria, sentado en un basurero, cubierto de

llagas de los pies a la cabeza y rodeado de amigos que tratan de convencerlo de

que lo que le pasa es por su culpa, porque Dios lo ha castigado por ser malo.



Pero

Job tiene un amigo mejor, infinitamente mejor, que sus amigos humanos, Dios que

le habla desde el fondo de la tempestad y que declara solemnemente que Job es

su amigo. Dios que se siente contento de la fidelidad de Job y que lo premia

con el doble de bienes que los que había perdido.



En

este relato encontramos la idea del Antiguo Testamento de que la justicia de

Dios y la retribución se realizan en esta vida.



Será

hasta el Evangelio cuando podamos añadir que la justicia de Dios se cumple en

esa otra vida que es la verdadera.



Ante

el mal de esta vida nos extraña el silencio de Dios, nos parecería que Dios

está dormido y que ignora la suerte de sus hijos. Dios puede parecer que calla,

pero su misericordia grita. Dios llora el llanto de sus hijos.



Jesús

nos dice que Él es el que sufre hambre y sed, el que está desnudo y enfermo, el

que no tiene hogar y el que está encarcelado. Él también es Job que se siente

abandonado en su dolor. Él da sentido a nuestro dolor humano.





https://www.facebook.com/media/set/?set=a.512921915448055.1073742
Etiquetas:

Publicar un comentario

[facebook][blogger]

Hermanos Franciscanos

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget