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VATICANO, 08 Feb. 23 (ACI Prensa).- El Papa Francisco dedicó su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 8 de febrero a su reciente viaje apostólico en África en donde visitó la República Democrática del Congo y Sudán del Sur.

“He dicho dos palabras: la primera es negativa, ‘¡basta!’, ¡basta de explotar África! La segunda es positiva: ‘juntos’, juntos con dignidad y respeto recíproco, juntos en el nombre de Cristo, nuestra esperanza”, señaló el Santo Padre.

A continuación, la catequesis que pronunció el Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La semana pasada visité dos países africanos: la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Doy las gracias a Dios que me ha permitido realizar este viaje, deseado desde hace tiempo. Dos “sueños”: visitar al pueblo congoleño, custodio de un país inmenso, pulmón verde de África y segundo del mundo junto a la Amazonia son los dos pulmones del mundo. Tierra rica de recursos y ensangrentada por una guerra que no termina nunca porque siempre hay quien alimenta el fuego. Y visitar al pueblo sursudanés, en una peregrinación de paz junto al arzobispo de Canterbury Justin Welby y al moderador general de la Iglesia de Escocia, Iain Greenshields: fuimos juntos para testimoniar que es posible y necesario colaborar en la diversidad, especialmente si se comparte la fe en Cristo.

Los primeros tres días estuve en Kinsasa, capital de la República Democrática del Congo. Renuevo mi gratitud al presidente y a otras autoridades del país por la acogida que me reservaron. Inmediatamente después de mi llegada, en el Palacio Presidencial, pude dirigir el mensaje a la nación: el Congo es como un diamante, por su naturaleza, por sus recursos, sobre todo por su gente; pero este diamante se ha convertido en motivo de contención, de violencias, y paradójicamente de empobrecimiento para el pueblo. Es una dinámica que se encuentra también en otras regiones africanas, y que vale en general para ese continente: continente colonizado, explotado, saqueado. Frente a todo esto he dicho dos palabras: la primera es negativa, “¡basta!”, ¡basta de explotar África!

He dicho otras veces que en el inconsciente colectivo está el “África va explotada. ¡Basta con esto!”, he dicho eso.

La segunda es positiva: juntos, juntos con dignidad y respeto recíproco, juntos en el nombre de Cristo, nuestra esperanza e ir hacia adelante. No explotar e ir hacia adelante insieme.

Y en el nombre de Cristo nos hemos reunidos en la gran Celebración eucarística. También en Kinsasa hubo otros encuentros. En primer lugar, con las víctimas de la violencia en el este del país, la región que desde hace años está desgarrada por la guerra entre grupos armados manejados por intereses económicos y políticos. No pude ir a Goma. La gente vive en el miedo y en la inseguridad, sacrificada en el altar de negocios ilegales. Escuché los testimonios impactantes de algunas víctimas, especialmente mujeres, que depositaron a los pies de la Cruz armas y otros instrumentos de muerte. Con ellos dije “no” a la violencia y a la resignación, “sí” a la reconciliación y a la esperanza. Han sufrido tanto y continúan sufriendo.

Después me reuní con representantes de diferentes obras de caridad presentes en el país, para darles las gracias y animarlos. Su trabajo con los pobres y para los pobres no hace ruido, pero día tras día hace crecer el bien común. Sobre todo con la promoción, las iniciativas de caridad deben ser siempre promocionales, no solo para la asistencia, sino para la promoción, asistencia si, pero promoción.

Un momento entusiasmante fue con los jóvenes y los catequistas congoleños. Fue como una inmersión en el presente proyectado hacia el futuro. Ciertamente es así en el plano anagráfico, pero más aún en sentido espiritual: ¡pensemos en la fuerza de renovación que puede llevar a esa nueva generación de cristianos, formados y animados por la alegría del Evangelio! A ellos les indiqué cinco caminos, a los jóvenes: la oración, la comunidad, la honestidad, el perdón y el servicio. A los jóvenes del Congo dije su camino es esta: la oración, vida comunitaria, la honestidad, el perdón y el servicio.Que el Señor escuche el grito que invoca paz y justicia.

En la Catedral de Kinsasa me reuní con los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y las consagradas y los seminaristas. Son muchos y son jóvenes, porque las vocaciones son numerosas. Una gracia de Dios. Les exhorté a ser servidores del pueblo como testigos del amor de Cristo, superando tres tentaciones: la mediocridad espiritual, la comodidad mundana y la superficialidad. Son tentaciones, yo diría, universales, para los seminaristas y para los sacerdotes ¿no es cierto? La mediocridad espiritual, cuando un sacerdote cae en la mediocridad es triste, la comodidad mundana, es decir, la mundanidad, que es uno de los peores males que puede caer a la Iglesia y la superficialidad.

Finalmente, con los obispos congoleños compartí la alegría y la fatiga del servicio pastoral. Les invité a dejarse consolar por la cercanía de Dios y a ser profetas para el pueblo, con la fuerza de la Palabra de Dios, a ser signos de la actitud que tiene el Señor con nosotros, su compasión, su cercanía, su ternura. Es el modo en el que el Señor actúa con nosotros: se hace cercano, con compasión y con ternura. Esto pedí a los obispos y a los sacerdotes.

La segunda parte del viaje tuvo lugar en Yuba, capital de Sudán del Sur, Estado nacido en 2011. Esta visita tuvo una fisonomía totalmente particular, expresada por el lema que retomaba las palabras de Jesús: “Rezo para que sean una sola cosa” (cfr Jn 17,21). De hecho, se trató de una peregrinación ecuménica de paz, realizada junto a los jefes de dos Iglesias históricamente presentes en esa tierra: la Comunión Anglicana y la Iglesia de Escocia. Era el punto de llegada de un camino iniciado hace algunos años, que nos había visto reunidos en Roma en 2019, con las autoridades sursudanesas, para asumir el compromiso de superar el conflicto y construir la paz.

En 2019 se llevó a cabo un retiro espiritual, aquí en Curia, de dos días, con todos los políticos, toda esta gente, aspirantes, algunos enemigos entre ellos, pero estaban todos en el retiro, y esto dio fuerza para ir hacia adelante.

Lamentablemente el proceso de reconciliación no ha avanzado y el recién nacido Sudán del Sur es víctima de la vieja lógica del poder y de la rivalidad, que produce guerra, violencias, refugiados y desplazados internos. Agradezco mucho por la acogida que nos dio y cómo está intentando gestionar este camino no fácil para no decir “no” a la corrupción y al tráfico de armas y “sí” al encuentro y al diálogo. Y esto es vergonzoso eh, muchos países ‘civilizados’ ofrecen ayuda a Sudán del Sur, la ayuda consiste en armas, armas, para fomentar la guerra, esto es una vergüenza.

Ir hacia adelante, diciendo “no” a la corrupción y al tráfico de armas y “sí” al encuentro y al diálogo. Solo así podrá haber desarrollo, la gente podrá trabajar en paz, los enfermos curarse, los niños ir a la escuela.

El carácter ecuménico de la visita a Sudán del Sur se manifestó en particular en el momento de oración celebrado junto con los hermanos anglicanos y con los de la Iglesia de Escocia. Juntos escuchamos la Palabra de Dios, juntos le dirigimos oraciones de alabanza, de súplica y de intercesión. En una realidad fuertemente conflictual como la de Sudán del Sur este signo es fundamental, y no es descontado, porque lamentablemente está quien abusa del nombre de Dios para justificar violencias y abusos.

Hermanos y hermanas, Sudán del Sur es un país de cerca 11 millones de habitantes, pequeño, de los cuales, a causa de los conflictos armados, dos millones son desplazados internos y otros tantos han huido a países vecinos. Por esto quise reunirme con un gran grupo de desplazados internos, escucharlos y hacerles sentir la cercanía de la Iglesia. De hecho, las Iglesias y las organizaciones de inspiración cristiana están en primera línea junto a esta pobre gente, que desde hace años vive en los campos para desplazados. En particular me dirigí a las mujeres, que son la fuerza que puede transformar el país; y animé a todos a ser semillas de un nuevo Sudán del Sur, sin violencia, reconciliado y pacificado.

Luego, en el encuentro con los pastores y los consagrados de esa Iglesia local, miramos a Moisés como modelo de docilidad a Dios y de perseverancia en la intercesión. En la celebración eucarística, último acto de la visita a Sudán del Sur y también de todo el viaje, me hice eco del Evangelio animando a los cristianos a ser “sal y luz” en esa tierra tan probada.

Dios no pone su esperanza en los grandes y en los poderosos, sino en los pequeños y en los humildes. Y este es el modo de Dios. Agradezco a las autoridades del Sudán del Sur, al señor presidente, a los organizadores del viaje, y a todos aquellos que se esforzaron, y trabajaron, para que la visita pudiera ir bien. Y agradezco a mis hermanos, Justin Welby e Iain Greenshields, por haberme acompañado en este viaje ecuménico. Recemos para que, en la República Democrática del Congo y en Sudán del Sur, y en toda África, broten semillas de su Reino de amor, de justicia y de paz. Gracias.

Es tan desconocida que ni siquiera Wikipedia la incluye en su lista de obras de Dickens. Sin embargo, Vida de Jesucristono sólo fue escrita por el célebre novelista inglés, sino que desvela como pocos de sus textos sus propios sentimientos religiosos y la conmovedora relación que mantenía con sus hijos.

Ahora, la editorial española Renacimiento acaba de reeditarla para que cualquier lector pueda disfrutar con esta narración de los Evangelios, que Charles Dickens firmó entre 1846 y 1849.

La mayoría de las obras de Dickens se caracterizan por ofrecer un retrato social de la Inglaterra del siglo XIX, que suele ser tan enternecedor como descarnado. Además, todas están trufadas de detalles autobiográficos:niños que crecen en condiciones miserables, familias rotas por las deudas o el alcoholismo, malas compañías que acaban desencadenando tragedias…

Sin embargo, en el caso de Vida de Jesucristo la aparición de Dickens es mucho más directa que en ninguna otra, pues como él mismo explica en la primera línea, se trata de un texto que dirige a sus hijos pequeños.

De hecho, y a juzgar por cómo está escrito, varios autores (como el crítico literario y poeta Enrique García-Máiquez, que escribe el prólogo de esta edición) apuntan a que el texto era leído en voz alta por el propio Dickens, para que sus cinco hijos conociesen «algo de la historia de Jesucristo, pues todos deberían conocerla».

Oculto hasta la muerte de sus hijos

La relación de este texto con la intimidad familiar de los Dickens no acaba ahí. De hecho, está en el origen de que sea un texto tan poco conocido. 

Porque, para que su inmensa fama como escritor no empañase su mensaje como padre, Dickens pidió expresamente que esta obra no fuese publicada hasta que no hubiese muerto el último de sus hijos, de modo que ellos siempre tuviesen claro que aquel mensaje era la mejor de las herencias familiares, y que no buscaba con él nada más que transmitirles su propia fe.

La profunda fe cristiana de Dickens

Y es que si algo deja claro Vida de Jesucristo es la enorme fe cristiana de Charles Dickens. A lo largo de toda la narración, el autor intercala la vida de Jesús con consejos y comentarios directos para sus hijos. Unos comentarios que, con el paso de los siglos, se han convertido en palabras directas para el lector, y que demuestran, sin ningún tipo de ambigüedad ni complejo, su arraigado y sincero cristianismo.

Así, llega a decir:

«Nadie existió nunca que fuera, como Él, tan bueno, tan amable, dulce de carácter y compasivo con los malos, enfermos o miserables. Y estando ahora Él en el cielo, donde esperamos ir –cada uno a encontrar a los otros, después de morir, y ser allí para siempre felices juntos–, no podéis figuraros nunca qué excelente lugar es el cielo sin saber quién fue Él y lo que hizo».

Fiel al Evangelio, fiel a su estilo

Aunque no se trata de una obra canónica, Vida de Jesucristo es completamente fiel al texto de los Evangelios, y solo se permite alguna licencia literaria, muy propia del inimitable estilo narrativo que hizo de Dickens en uno de los grandes literatos de la Historia.

Gracias a su pluma, pasajes como la mujer adúltera, el suicidio de Judas, la parábola del Hijo pródigo, la muerte de Lázaro, la multiplicación de los panes, o el caminar del Señor sobre las aguas (que mezcla con la tempestad calmada), se recrean con detalles inventados por el autor, pero tremendamente verosímiles.

Evangelio estilo Dickens

Buen ejemplo de estas «licencias» es cómo relata la resurrección de la hija de Jairo, donde el Evangelio suena como si saliese de boca de Pip o Joe, protagonistas de Grandes esperanzas:

«‘Señor, Señor… ha muerto mi hija, mi bonísima, hermosa, inocente niñita… Ven a verla, ven a verla, pon tu mano bendita sobre ella y resucitará, estoy seguro, y seremos felices su madre y yo. ¡Oh, Señor, la queremos tanto, la amamos tan intensamente… y se ha muerto!’. Jesús se puso en camino, seguido por sus discípulos, y acompañó al atribulado padre hasta el hogar de este. Los amigos y vecinos lloraban desconsoladamente en la habitación donde yacía la pobre criatura, y tocaban tiernas músicas, según costumbre de entonces cuando moría alguien. […] ¡Qué hermoso debió ser contemplar a los padres tomarla en sus brazos y besarla, dando gracias a Dios, y a Jesucristo su hijo, por tan inmensa misericordia!».

El corazón del Evangelio

Aunque, sin duda, lo más interesante del libro son las pequeñas enseñanzas morales que surcan cada página, y con las que Dickens trata de transmitir a sus hijos el corazón del Evangelio. Las mismas enseñanzas que él mismo intentó vivir, y que iluminan tanto los pasajes de la Escritura como el resto de sus obras, que con este texto desvelan sus profundas raíces cristianas.

Basta un ejemplo, sacado de la elección de los Doce:

«No seáis nunca orgullosos, ni groseros, queridos míos, para ningún pobre. Si son malos, pensad que hubieran sido mejores de haber tenido amigos cariñosos, hogares confortables y una conveniente educación. Así, tratad siempre de llevarlos hacia el bien con palabras persuasivas, amables, y procurad instruirlos y socorrerlos si podéis. Y cuando oigáis hablar despreciativamente de los pobres y miserables, pensad en que Jesucristo fue entre ellos y los enseñó, estimando que eran muy dignos de su atención. Apiadaos siempre de ellos y poner en ellos vuestros mejores pensamientos».

Un final imponente

No desvelaremos el imponente resumen final de lo que, para Dickens, significa ser cristiano (con algunos matices, todo sea dicho, y como es lógico, más próximos al anglicanismo que al catolicismo). Pero sí que podemos confirmar (sin hacer spoilers) que en él no late tanto la pluma del escritor, como la preocupación de un padre por la vida (mortal y eterna) de sus pequeños. Y deja una promesa, tanto a sus hijos, como a sus lectores actuales:

«Si hacemos esto, y recordamos la vida y enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, y procuramos tenerlas en cuenta en nuestra vida, podemos esperar confiadamente que Dios nos perdonará nuestros pecados y errores, y nos permitirá vivir y morir en paz».

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Vaticano, 08 Feb. 23 (ACI Prensa).- Al hablar esta mañana acerca de su reciente viaje papal, el Papa Francisco recordó al pueblo africano y defendió que “Dios no pone su esperanza en los grandes y poderosos, sino en los pequeños y humildes”.

En la Audiencia General de este miércoles 8 de febrero, el Papa Francisco centró su catequesis en su 40º Viaje Apostólico a África, donde visitó la República Democrática del Congo y Sudán del Sur desde el 31 de enero hasta el 5 de febrero.

Aseguró que con este viaje papal cumplió “dos sueños”; visitar al pueblo congoleño y al sursudanés, en una peregrinación de paz junto al arzobispo de Canterbury y al moderador general de la Iglesia de Escocia. 

Durante los tres días en Kinsasa, capital de República Democrática del Congo, el Papa explicó que el país “es como un diamante” y lamentó que esto “se ha convertido en motivo de contención, de violencias, y paradójicamente de empobrecimiento para el pueblo”.

Recordó, además, que instó a las autoridades a perseguir la paz y también pidió dejar de “explotar a África”, al mismo tiempo que invitó a buscar juntos la esperanza.

También se encontró con “las víctimas de la violencia en el  este del país, la región que desde hace años está desgarrada por la guerra entre grupos armados manejados por intereses económicos y políticos”. 

Asimismo, escuchó “los testimonios impactantes de algunas víctimas, especialmente mujeres,  que depositaron a los pies de la Cruz armas y otros instrumentos de muerte. Con ellos dije no a la violencia y a la resignación, sí a la reconciliación y a la esperanza”, señaló.  

A continuación, recordó su reunión con representantes de diferentes obras de caridad, quienes hacen trabajo con los pobres que “no hace ruido, pero día tras día  hace crecer el bien común”. 

Además, a los jóvenes del país les indicó cinco caminos: la oración, la comunidad, la honestidad, el perdón y el servicio. 

El Santo Padre se detuvo también en su encuentro con los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y las  consagradas y los seminaristas de Kinsasa.

A estos religiosos, les exhortó “a ser servidores del pueblo como testigos del amor de Cristo, superando tres tentaciones: la  mediocridad espiritual, la comodidad mundana y la superficialidad”.

En este sentido, el Papa aseguró que la mundanidad “es de los peores males que puede ocurrir a la Iglesia”.

En cuanto a la segunda parada de su viaje, el Papa Francisco lamentó que “el proceso de reconciliación no  ha avanzado y el recién nacido Sudán del Sur es víctima de la vieja lógica del poder y de la rivalidad, que  produce guerra, violencias, refugiados y desplazados internos”.

Aseguró que hay quien “abusa del nombre de Dios para justificar violencias y  abusos” y calificó de “vergonzoso” que países “civilizados” sigan entregando armas a Sudán del Sur.

Recordó también los  dos millones son desplazados internos, con quienes pudo reunirse, y expuso que “en particular me  dirigí a las mujeres, que son la fuerza que puede transformar el país; y animé a todos a ser semillas de un  nuevo Sudán del Sur, sin violencia, reconciliado y pacificado”.

“Dios no pone su esperanza en los grandes y en los poderosos, sino en los pequeños y en los humildes”, dijo el Santo Padre. 

Por último, invitó a rezar para que, en la República Democrática del Congo y en Sudán del Sur, y en toda África,  “broten semillas de su Reino de amor, de justicia y de paz”. 

El escritor Claudio de Castro ofrece una necesaria reflexión a raíz de dos experiencias vividas a la puerta de su casa

No se pierda esta Misa internacional para aquellos que necesitan sanación. Llevaremos sus intenciones al altar – sin coste. 

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Recuerdo mis veranos en la casa de madera de mi abuela, en San José, Costa Rica. En ocasiones me enviaban a la panadería. Y me gustaba ver en el camino aquellos cartones gastados, pegados en el dintel de algunas puertas con este texto: «Somos católicos».

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¿Tienes uno de esos bellos letreros en casa? Mándanos una foto, nos encantaría verlo.

Te comparto el que mi esposa Vida le encargó a su hermana Alma, quien vive en Igualada, España. 

Es un poco diferente, pero queríamos honrar a nuestra bella Madre del cielo, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen María. Lo pegamos juntos Vida y yo, al lado de la puerta principal.

Dame un minuto… Tomé esta foto para ti.

Ave María

Claudio de Castro

En la puerta de casa

Seguro te has preguntado el motivo de esta introducción, te explico. He tenido dos vivencias curiosas e interesantes en torno a la imagen de este mosaico español en el que lees «Ave María».

Cierta mañana tocaron el timbre de la casa. Bajé a ver quién era y me encontré un grupo de damas muy elegantes, sosteniendo bajo el brazo una Biblia, protegidas del sol por paraguas multicolores.

No eran católicos. Me llamó la atención y me pregunté si como católico estaría dispuesto a hacer algo similar. Se dio esta conversación:

—Buenas, venimos a darle a conocer la verdad, por medio de las Sagradas Escrituras. Nos gustaría leerle un minuto lo que dice la Biblia para usted y su familia.

Qué amables son. Y les agradezco por dedicarme su valioso tiempo. ¿Qué tal manejan sus Biblias?

Asintieron y sonrieron con amabilidad.

—Si me permiten, me gustaría mostrarles algo de la Biblia. ¿Me permiten?

—Por supuesto— respondieron.  Abrieron sus biblias.

—Les agradecería que leamos en voz alta lo que dice en Lucas 11, 2- 4

   Y empezaron a leer el Padre Nuestro.

«Alégrate, llena de gracia»

—Ahora sigamos con Lucas 1, 28

Leímos juntos:

—Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

—Muy bien —les dije—. Ahora pasemos a leer en voz alta Lucas 1, 42.

Y leyeron:

—Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno.

—Muchas gracias. ¿Verdad que es maravilloso el contenido de la Biblia? ¿Serían tan amables de leer lo que dice este mosaico en la entrada de mi casa? Podemos ver que dice: «Ave María». Ahora les explico, lo que han leído en la Biblia forma parte del santo Rosario que los católicos rezamos. Ustedes han rezado conmigo parte del Rosario. ¿Ven qué fácil? ¡Y es Bíblico!

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Una de ellas pegó un grito al cielo y se marchó corriendo. Nunca había visto una reacción parecida. Le agradecí al resto del grupo y los invité a seguir leyendo esos pasajes bíblicos.

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¿Qué católico soy?

Lo segundo que me ocurrió fue más reciente y me movió a reflexionar un largo rato, y créeme, aún lo estoy haciendo.

Un grupo similar entró en la barriada donde vivo. Sus típicos paraguas, los hombres encorbatados, una Biblia bajo el brazo y una gran certeza en sus miradas. 

Cuando tocaron el timbre de mi casa y les abrí la puerta les agradecí su amable visita y les dije:

«Muchas gracias, en esta casa somos católicos».

Fue como si un rayo me paralizara. «¿Somos católicos? ¿Qué significa eso?». 

No he dejado de reflexionar sobre cómo vivo mi fe, la clase de católico que soy, mis egoísmos, mi falta de fe, la vida que Dios me pide y la que en realidad llevo.

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Cuéntame, amable lector, ¿en tu casa son católicos?

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«Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas»

Pedro 2, 21

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REDACCIÓN CENTRAL, 08 Feb. 23 (ACI Prensa).- Hoy, 8 de febrero, la Iglesia Católica celebra la memoria de San Jerónimo Emiliani, religioso italiano que se consagró al servicio de los más necesitados, fundador de la Congregación de los Clérigos Regulares de Somasca, Orden dedicada a ayudar a niños huérfanos.

Jerónimo (Girolamo Emiliani) nació en Venecia (Italia) en 1486. Fue hijo de don Ángelo Emiliani, senador de la República de Venecia, y de doña Eleonora Morosini. El santo solía recordar que fueron sus padres quienes le enseñaron a rezar y le inculcaron la idea de que quien reza nunca está solo. Como al cumplir 10 años Jerónimo perdió a su padre, don Ángelo, aquella enseñanza le dio mucho consuelo e hizo que se aferrara a la oración.  

Soldado del mejor de los señores

Al crecer, Jerónimo se hizo militar e incluso participó en la guerra contra la Liga de Cambrai. Luego, en reemplazo de su hermano herido en combate, asumió la comandancia de las fuerzas que defendían la fortaleza de Castelnuovo di Quero, asediadas por los franceses. Al final, Castelnuovo cayó en manos enemigas y Jerónimo fue apresado.

El revés que le significó la derrota y terminar preso en su propio castillo terminó cambiando su perspectiva de la vida. Fue en el calabozo donde se reencontró con su fe e inició un camino de conversión y entrega, muy marcado por la humildad. 

Aquellos días en prisión, le ayudaron al santo a profundizar en su devoción y afecto a la Virgen María. A ella le pide constantemente por su liberación mientras,en el silencio y la soledad del presidio, iba forjando una intensa amistad con Jesús por medio de la oración.

De pronto, un día, de forma inesperada, logró escapar del calabozo sin dificultad alguna. El santo cuenta después cómo fue la Virgen la que se le apareció para darle las llaves y poder escapar. Unos años después, cuando la paz volvió a la región, Jerónimo regresó a Castelnuovo para ocupar el cargo de alcalde del lugar, vacante tras la muerte de su hermano.

Un tío afable, un hombre llamado a la caridad con todos

Tras esta experiencia, Jerónimo volvió a Venecia para hacerse cargo de la educación de sus sobrinos y asistir a la esposa de su hermano muerto. Fue en sus ratos libres donde empezó a leer teología e involucrarse en obras de caridad. Corría el año 1518, y Jerónimo había hecho de los hospitales y los refugios para los más pobres sus destinos cotidianos favoritos.

En 1531, tras la propagación de la peste del cólera, convenció a los habitantes de Verona de la importancia de construir un hospital. Jerónimo, para ello, se inspiró en los Teatinos, a quien había conocido años atrás en el hospital para enfermedades terminales que regentaban; luego, en Brescia, erigió un orfanato; y haría lo mismo en Bérgamo, uno para niños más grandes y otro para niñas. Allí también fundó un hogar de acogida para meretrices que deseaban dejar atrás la vida de dolor, deshonra y semiesclavitud que llevaban.

La Compañía de Siervos de los Pobres

Junto a dos sacerdotes, Alejandro Besuzio y Agustín Bariso, colaboradores en sus obras de caridad, fundó en 1532 una sociedad religiosa, estableciendo la casa matriz en Somasca, ubicada entre Milán y Bérgamo. Los miembros de su sociedad se hicieron conocidos como los Clérigos Regulares de Somasca (originalmente la Compañía de Siervos de los Pobres). 

La Congregación, que en la actualidad cuenta con unas 75 casas en el mundo y unos 500 religiosos, se ha dedicado al cuidado de los huérfanos, los pobres y los enfermos. San Jerónimo ordenó desde el inicio que la acogida al forastero, el hospedaje, la comida y la ropa debían llevar “la marca” de la pobreza religiosa.

Jerónimo Emiliani contrajo la peste a inicios de febrero de 1537 y falleció el 8 del mismo mes, a los 56 años. Múltiples milagros le fueron reconocidos después de muerto. Fue beatificado por el Papa Benito XIV en 1747 y canonizado por el Papa Clemente XIII en 1767. El Papa Pío XI lo declaró en 1928 Patrono de los niños huérfanos.

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, 07 Feb. 23 (ACI Prensa).- El Tribunal Constitucional (TC) de España aborda la adecuación a la Carta Magna de la ley del aborto marcada por un retraso de más de 13 años y la denuncia sobre la falta de imparcialidad de varios de sus miembros. 

El Pleno del Tribunal Constitucional aborda esta semana el recurso de inconstitucionalidad planteado en 2010 contra la norma aprobada ese año.

En ella se considera el homicidio prenatal como un derecho de libre disposición durante las primeras 14 semanas de gestación. 

La ocasión está rodeada por la polémica. Al admitirse a trámite, el recurso se consideró como de “carácter prioritario”.

Pese a ello, han pasado casi tres lustros y seis presidentes del Tribunal Constitucional hasta que se ha decidido su examen. 

Pero también la activación de esta revisión es controvertida, puesto que se realia en el preciso momento en que existe una mayoría de Magistrados del TC nombrados a propuesta de los partidos abortistas. 

Imparcialidad de los magistrados

Además, la sombra de la duda cae sobre al menos cuatro de ellos en lo que respecta a la necesaria imparcialidad exigida a los jueces y magistrados. 

Tal y como explicó el jurista de la Universidad Católica de Valencia, Borja Sánchez, a ACI Prensa el pasado día 2, la ley establece varias causas de recusación por falta de imparcialidad.  

Entre ellas, “haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo”.

Este es el caso de 4 de los 11 magistrados que forman el TC español. Una de ellas, ya ha anunciado que se abstendrá. 

Concepción Espejel considera que incurre en falta de parcialidad por haber firmado uno de los informes preceptivos sobre la ley cuando era miembro del Consejo General del Poder Judicial. 

En el mismo caso está su compañera Inmaculada Montalbán, que también formaba parte del órgano de gobierno de los jueces junto a Espejel. 

Otro miembro señalado por falta de imparcialidad es Juan Carlos Campo, que al tramitarse la ley era secretario de Estado de Justicia del Gobierno que la aprobó.

El cuarto es el presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido, Fiscal General del Estado nombrado por José Luis Rodríguez Zapatero y firmante del preceptivo informe sobre la Ley del Aborto que ha de emitir la Fiscalía. 

El profesor Sánchez explicaba a ACI Prensa que es “meridianamente claro que dichos magistrados tienen el deber de abstenerse de participar en la decisión del recurso” por los motivos expuestos, de acuerdo a la Ley Orgánica del Poder Judicial. 

Denuncia ante la Comisión Europea

Debatir las posibles causas de imparcialidad de los cuatro magistrados y valorar tanto la petición de abstención como las recusaciones formuladas será la labor que ha de desarrollar el Pleno del TC este martes. 

De admitirse, quedaría sin el quorum necesario para tomar decisiones. A esto se van a aferrar los tres magistrados. 

Si finalmente no se admitieran las recusaciones, este miércoles se abordaría el borrador de sentencia que debe ser sometido al Pleno. 

En previsión de que los señalados por parciales no den su brazo a torcer, la Fundación de Abogados Cristianos ha presentado ante la Comisión Europea una denuncia contra el propio TC y los magistrados Conde-Pumpido, Montalbán y Campo. 

Según Abogados Cristianos se trata de “un caso manifiesto de prejuzgamiento por parte de los magistrados, que ya han conocido del asunto que se les encomienda y sobre el que ya han dado su opinión”.

A su juicio, la decisión de no abstenerse “supone una violación del Artículo 47 de la Carta de Derechos Fundamentales de la unión Europea” por vulnerar la tutela judicial efectiva y a un juez imparcial. 

Un “cambio irreversible”

En paralelo, ha presentado un informe jurídico sobre el borrador de sentencia que va a ser debatido. De ser aprobado como se ha conocido, “supondría un cambio irreversible frente a la anterior decisión del TC, puesto que deja de proteger la vida de no nacido como un bien jurídico”, explica su portavoz, José María Fernández.

La sentencia a la que se refiere fue la emitida en 1985 por el TC sobre la la primera ley de aborto, que estableció un sistema de casos despenalizados. En ella ratificaba la obligación del Estado de “establecer un sistema legal para la defensa de la vida que suponga una protección efectiva” del nasciturus.

Además, se denuncia que, de aprobarse el borrador conocido, se confirmaría que en 13 años ha sido vulnerado de manera sistemática el derecho a la objeción de conciencia.

También que las las mujeres han visto vulnerado su derecho a recibir información veraz y suficiente sobre el aborto.

Hermanos Franciscanos

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