Artículos por "Clarisas"
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Clara significa: "vida transparente"

"El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" -Santa Clara.

Clara nació en Asís, Italia, en 1193. Su padre, Favarone Offeduccio, era un caballero rico y poderoso. Su madre, Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, era una mujer muy cristiana, de ardiente piedad y de gran celo por el Señor.

Desde sus primeros años Clara se vio dotada de innumerables virtudes y aunque su ambiente familiar pedía otra cosa de ella, siempre desde pequeña fue asidua a la oración y mortificación. Siempre mostró gran desagrado por las cosas del mundo y gran amor y deseo por crecer cada día en su vida espiritual.

Ya en ese entonces se oía de los Hermanos Menores, como se les llamaba a los seguidores de San Francisco. Clara sentía gran compasión y gran amor por ellos, aunque tenía prohibido verles y hablarles. Ella cuidaba de ellos y les proveía enviando a una de las criadas. Le llamaba mucho la atención como los frailes gastaban su tiempo y sus energías cuidando a los leprosos. Todo lo que ellos eran y hacían le llamaba mucho la atención y se sentía unida de corazón a ellos y a su visión.

Su llamada y su encuentro con San Francisco. Cofundadora de la orden

La conversión de Clara hacia la vida de plena santidad se efectuó al oír un sermón de San Francisco de Asís. En 1210, cuando ella tenía 18 años, San Francisco predicó en la catedral de Asís los sermones de cuaresma e insistió en que para tener plena libertad para seguir a Jesucristo hay que librarse de las riquezas y bienes materiales. Al oír las palabras: "este es el tiempo favorable... es el momento... ha llegado el tiempo de dirigirme hacia El que me habla al corazón desde hace tiempo... es el tiempo de optar, de escoger..", sintió una gran confirmación de todo lo que venía experimentando en su interior.

Durante todo el día y la noche, meditó en aquellas palabras que habían calado lo más profundo de su corazón. Tomó esa misma noche la decisión de comunicárselo a Francisco y de no dejar que ningún obstáculo la detuviera en responder al llamado del Señor, depositando en El toda su fuerza y entereza.

Cuando su corazón comprendió la amargura, el odio, la enemistad y la codicia que movía a los hombres a la guerra comprendió que esta forma de vida eran como la espada afilada que un día traspasó el corazón de Jesús. No quiso tener nada que ver con eso, no quiso otro señor mas que el que dio la vida por todos, aquel que se entrega pobremente en la Eucaristía para alimentarnos diariamente. El que en la oscuridad es la Luz y que todo lo cambia y todo lo puede, aquel que es puro Amor. Renace en ella un ardiente amor y un deseo de entregarse a Dios de una manera total y radical.

Clara sabía que el hecho de tomar esta determinación de seguir a Cristo y sobre todo de entregar su vida a la visión revelada a Francisco, iba a ser causa de gran oposición familiar, pues el solo hecho de la presencia de los Hermanos Menores en Asís estaba ya cuestionando la tradicional forma de vida y las costumbres que mantenían intocables los estratos sociales y sus privilegios. A los pobres les daba una esperanza de encontrar su dignidad, mientras que los ricos comprendían que el Evangelio bien vivido exponía por contraste sus egoísmos a la luz del día. Para Clara el reto era muy grande. Siendo la primera mujer en seguirle, su vinculación con Francisco podía ser mal entendida.

Santa Clara se fuga de su casa el 18 de Marzo de 1212, un Domingo de Ramos, empezando así la gran aventura de su vocación. Se sobrepuso a los obstáculos y al miedo para darle una respuesta concreta al llamado que el Señor había puesto en su corazón. Llega a la humilde Capilla de la Porciúncula donde la esperaban Francisco y los demás Hermanos Menores y se consagra al Señor por manos de Francisco.

Empiezan las renuncias

De rodillas ante San Francisco, hizo Clara la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a una vida de oración, pobreza y penitencia. El santo, como primer paso, tomó unas tijeras y le cortó su larga y hermosa cabellera, y le colocó en la cabeza un sencillo manto, y la envió a donde unas religiosas que vivían por allí cerca, a que se fuera preparando para ser una santa religiosa.

Para Santa Clara la humildad es pobreza de espíritu y esta pobreza se convierte en obediencia, en servicio y en deseos de darse sin límites a los demás.

Días más tardes fue trasladada temporalmente, por seguridad, a las monjas Benedictinas, ya que su padre, al darse cuenta de su fuga, sale furioso en su búsqueda con la determinación de llevársela de vuelta al palacio. Pero la firme convicción de Clara, a pesar de sus cortos años de edad, obligan finalmente al Caballero Offeduccio a dejarla. Días más tardes, San Francisco, preocupado por su seguridad dispone trasladarla a otro monasterio de Benedictinas situado en San Angelo. Allí la sigue su hermana Inés, quien fue una de las mayores colaboradoras en la expansión de la Orden y la hija (si se puede decir así) predilecta de Santa Clara. Le sigue también su prima Pacífica.

DamianoSan Francisco les reconstruye la capilla de San Damián, lugar donde el Señor había hablado a su corazón diciéndole, "Reconstruye mi Iglesia". Esas palabras del Señor habían llegado a lo más profundo de su ser y lo llevó al más grande anonadamiento y abandono en el Señor. Gracias a esa respuesta de amor, de su gran "Si" al Señor, había dado vida a una gran obra, que hoy vemos y conocemos como la Comunidad Franciscana, de la cual Santa Clara se inspiraría y formaría parte crucial, siendo cofundadora con San Francisco en la Orden de las Clarisas.

Cuando se trasladan las primeras Clarisas a San Damián, San Francisco pone al frente de la comunidad, como guía de Las Damas Pobres a Santa Clara. Al principio le costó aceptarlo pues por su gran humildad deseaba ser la última y ser la servidora, esclava de las esclavas del Señor. Pero acepta y con verdadero temor asume la carga que se le impone, entiende que es el medio de renunciar a su libertad y ser verdaderamente esclava. Así se convierte en la madre amorosa de sus hijas espirituales, siendo fiel custodia y prodigiosa sanadora de las enfermas.

Desde que fue nombrada Madre de la Orden, ella quiso ser ejemplo vivo de la visión que trasmitía, pidiendo siempre a sus hijas que todo lo que el Señor había revelado para la Orden se viviera en plenitud.

Siempre atenta a la necesidades de cada una de sus hijas y revelando su ternura y su atención de Madre, son recuerdos que aún después de tanto tiempo prevalecen y son el tesoro mas rico de las que hoy son sus hijas, Las Clarisas Pobres.

Sta. Clara acostumbraba tomar los trabajos mas difíciles, y servir hasta en lo mínimo a cada una. Pendiente de los detalles más pequeños y siendo testimonio de ese corazón de madre y de esa verdadera respuesta al llamado y responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos.

Por el testimonio de las misma hermanas que convivieron con ella se sabe que muchas veces, cuando hacía mucho frío, se levantaba a abrigar a sus hijas y a las que eran mas delicadas les cedía su manta. A pesar de ello, Clara lloraba por sentir que no mortificaba suficiente su cuerpo.

Cuando hacía falta pan para sus hijas, ayunaba sonriente y si el sayal de alguna de las hermanas lucía más viejo ella lo cambiaba dándole el de ella. Su vida entera fue una completa dádiva de amor al servicio y a la mortificación. Su gran amor al Señor es un ejemplo que debe calar nuestros corazones, su gran firmeza y decisión por cumplir verdaderamente la voluntad de Dios para ella.

Tenía gran entusiasmo al ejercer toda clase de sacrificios y penitencias. Su gozo al sufrir por Cristo era algo muy evidente y es, precisamente esto, lo que la llevó a ser Santa Clara. Este fue el mayor ejemplo que dio a sus hijas.

La humildad brilló grandemente en Santa Clara y una de las mas grandes pruebas de su humildad fue su forma de vida en el convento, siempre sirviendo con sus enseñanzas, sus cuidados, su protección y su corrección. La responsabilidad que el Señor había puesto en sus manos no la utilizó para imponer o para simplemente mandar en el nombre del Señor. Lo que ella mandaba a sus hijas lo cumplía primero ella misma con toda perfección. Se exigía mas de lo que pedía a sus hermanas.

Hacía los trabajos mas costosos y daba amor y protección a cada una de sus hijas. Buscaba como lavarle los pies a las que llegaban cansadas de mendigar el sustento diario. Lavaba a las enfermas y no había trabajo que ella despreciara pues todo lo hacía con sumo amor y con suprema humildad.

"En una ocasión, después de haberle lavado los pies a una de las hermanas, quiso besarlos. La hermana, resistiendo aquel acto de su fundadora, retiró el pie y accidentalmente golpeó el rostro a Clara. Pese al moretón y la sangre que había salido de su nariz, volvió a tomar con ternura el pie de la hermana y lo besó."

Con su gran pobreza manifestaba su anhelo de no poseer nada mas que al Señor. Y esto lo exigía a todas sus hijas. Para ella la Santa Pobreza era la reina de la casa. Rechazó toda posesión y renta, y su mayor anhelo era alcanzar de los Papas el privilegio de la pobreza, que por fin fue otorgado por el Papa Inocencio III.

Para Santa Clara la pobreza era el camino en donde uno podía alcanzar mas perfectamente esa unión con Cristo. Este amor por la pobreza nacía de la visión de Cristo pobre, de Cristo Redentor y Rey del mundo, nacido en el pesebre. Aquel que es el Rey y, sin embargo, no tuvo nada ni exigió nada terrenal para si y cuya única posesión era vivir la voluntad del Padre. La pobreza alcanzada en el pesebre y llevada a su cúlmen en la Cruz. Cristo pobre cuyo único deseo fue obedecer y amar.

La vida de Sta. Clara fue una constante lucha por despegarse de todo aquello que la apartaba del Amor y todo lo que le limitara su corazón de tener como único y gran amor al Señor y el deseo por la salvación de las almas.

La pobreza la conducía a un verdadero abandono en la Providencia de Dios. Ella, al igual que San Francisco, veía en la pobreza ese deseo de imitación total a Jesucristo. No como una gran exigencia opresiva sino como la manera y forma de vida que el Señor les pedía y la manera de mejor proyectar al mundo la verdadera imagen de Cristo y Su Evangelio.

Siguiendo las enseñanzas y ejemplos de su maestro San Francisco, quiso Santa Clara que sus conventos no tuvieran riquezas ni rentas de ninguna clase. Y, aunque muchas veces le ofrecieran regalos de bienes para asegurar el futuro de sus religiosas, no los quiso aceptar. Al Sumo Pontífice que le ofrecía unas rentas para su convento le escribió: "Santo padre: le suplico que me absuelva y me libere de todos mis pecados, pero no me absuelva ni me libre de la obligación que tengo de ser pobre como lo fue Jesucristo". A quienes le decían que había que pensar en el futuro, les respondía con aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre celestial que alimenta a las avecillas del campo, nos sabrá alimentar también a nosotros".

Mortificación de su cuerpo

Si hay algo que sobresale en la vida de Santa Clara es su gran mortificación. Utilizaba debajo de su túnica, como prenda íntima, un áspero trozo de cuero de cerdo o de caballo. Su lecho era una cama compuesta de sarmientos cubiertos con paja, la que se vio obligada a cambiar por obediencia a Francisco, debido a su enfermedad.

Los ayunos. Siempre vivió una vida austera y comía tan poco que sorprendía hasta a sus propias hermanas. No se explicaban como podía sostener su cuerpo. Durante el tiempo de cuaresma, pasaba días sin probar bocado y los demás días los pasaba a pan y agua. Era exigente con ella misma y todo lo hacía llena de amor, regocijo y de una entrega total al amor que la consumía interiormente y su gran anhelo de vivir, servir y desear solamente a su amado Jesús.

Por su gran severidad en los ayunos, sus hermanas, preocupadas por su salud, informaron a San Francisco quien intervino con el Obispo ordenándole a comer, cuando menos diariamente, un pedazo de pan que no fuese menos de una onza y media.

La vida de Oración

Para Santa Clara la oración era la alegría, la vida; la fuente y manantial de todas las gracias, tanto para ella como para el mundo entero. La oración es el fin en la vida Religiosa y su profesión.

Ella acostumbraba pasar varias horas de la noche en oración para abrir su corazón al Señor y recoger en su silencio las palabras de amor del Señor. Muchas veces, en su tiempo de oración, se le podía encontrar cubierta de lágrimas al sentir el gran gozo de la adoración y de la presencia del Señor en la Eucaristía, o quizás movida por un gran dolor por los pecados, olvidos y por las ingratitudes propias y de los hombres.

Se postraba rostro en tierra ante el Señor y, al meditar la pasión las lágrimas brotaban de lo mas íntimo de su corazón. Muchas veces el silencio y soledad de su oración se vieron invadidos de grandes perturbaciones del demonio. Pero sus hermanas dan testimonio de que, cuando Clara salía del oratorio, su semblante irradiaba felicidad y sus palabras eran tan ardientes que movían y despertaban en ellas ese ardiente celo y encendido amor por el Señor.

Hizo fuertes sacrificios los cuarenta y dos años de su vida consagrada. Cuando le preguntaban si no se excedía, ella contestaba: Estos excesos son necesarios para la redención, "Sin el derramamiento de la Sangre de Jesús en la Cruz no habría Salvación". Ella añadía: "Hay unos que no rezan ni se sacrifican; hay muchos que sólo viven para la idolatría de los sentidos. Ha de haber compensación. Alguien debe rezar y sacrificarse por los que no lo hacen. Si no se estableciera ese equilibrio espiritual la tierra sería destrozada por el maligno". Santa Clara aportó de una manera generosa a este equilibrio.

Milagros de Santa Clara

Santa ClaraLa Eucaristía ante los sarracenos

En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara que era extraordinariamente devota al Santísimo Sacramento, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes. Ellos experimentaron en ese momento tan terrible oleada de terror que huyeron despavoridos.

En otra ocasión los enemigos atacaban a la ciudad de Asís y querían destruirla. Santa Clara y sus monjas oraron con fe ante el Santísimo Sacramento y los atacantes se retiraron sin saber por qué.

El milagro de la multiplicación de los panes

Cuando solo tenían un pan para que comieran cincuenta hermanas, Santa Clara lo bendijo y, rezando todas un Padre Nuestro, partió el pan y envió la mitad a los hermanos menores y la otra mitad se la repartió a las hermanas. Aquel pan se multiplicó, dando a basto para que todas comieran. Santa Clara dijo: "Aquel que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?"

En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió: "quiero que seas tu la que bendigas estos panes". Santa Clara le dice que sería como un irespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes.

Larga agonía

Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damiano, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar. El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó "Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita".

Cardenales y obispos iban a visitarla y a pedirle sus consejos.

San Francisco ya había muerto pero tres de los discípulos preferidos del santo, Fray Junípero, Fray Angel y Fray León, le leyeron a Clara la Pasión de Jesús mientras ella agonizaba. La santa repetía: "Desde que me dediqué a pensar y meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ya los dolores y sufrimientos no me desaniman sino que me consuelan".

El 10 de agosto del año 1253 a los 60 años de edad y 41 años de ser religiosa, y dos días después de que su regla sea aprobada por el Papa, se fue al cielo a recibir su premio. En sus manos, estaba la regla bendita, por la que ella dio su vida.

Cuando el Señor ve que el mundo está tomando rumbos equivocados o completamente opuestos al Evangelio, levanta mujeres y hombres para que contrarresten y aplaquen los grandes males con grandes bienes.

Podemos ver claramente en la Orden Franciscana, en su carisma, que cuando el mundo estaba siendo arrastrado por la opulencia, por la riqueza, las injusticias sociales etc., suscita en dos jóvenes de las mejores familias el amor valiente para abrazar el espíritu de pobreza, como para demostrar de una manera radical el verdadero camino a seguir que al mismo tiempo deja al descubierto la obra de Satanás, aplastándole la cabeza.  Ellos se convirtieron en signo de contradicción para el mundo y a la vez, fuente donde el Señor derrama su gracia para que otros reciban de ella.

El Señor en su gran sabiduría y siendo el buen Pastor que siempre cuida de su pueblo y de su salvación, nunca nos abandona y manda profetas que con sus palabras y sus vidas nos recuerdan la verdad y nos muestran el camino de regreso a El. Los santos nos revelan nuestros caminos torcidos y nos enseñan como rectificarlos.

Tras los pasos de Santa Clara en Asís

En la Basílica de Sta. Clara encontramos su cuerpo incorrupto y muchas de sus reliquias.

En el convento de San Damiano, se recorren los pasillos que ella recorrió. Se entra al cuarto donde ella pasó muchos años de su vida acostada, se observa la ventana por donde veía a sus hijas. También se conservan el oratorio, la capilla, y la ventana por donde expulsó a los sarracenos con el poder de la Eucaristía.

Hoy las religiosas Clarisas son aproximadamente 18.000 en 1.248 conventos en el mundo.


por Mª. Victoria TRIVIÑO, OSC

Simposium - Balaguer (Lleida)

I. Introducción.
II. Celebraciones litúrgicas.
III. Formas populares de devoción.
IV. Patronazgos.
V. Arte, propuesta de ejemplaridad.
VI. Conclusión.
VII. Bibliografía.

I. INTRODUCCIÓN

Clara de Asís es una maestra medieval, fundadora de la Orden que lleva su nombre. La mujer que dio forma femenina al movimiento evangélico renovador iniciado por san Francisco de Asís. Es también una santa muy popular.

Llevan su nombre tantas doncellas, que se oye pronunciar en todos los idiomas. Se le han dedicado calles, plazas, fuentes, islas, ciudades, playas, tiendas, escuelas, templos, monasterios, etc…
Acogiendo la invitación siempre grata de P. Javier Campos, ofrecemos un rápido recorrido por las manifestaciones de devoción, litúrgicas y populares, hacia una santa que suma siglos en la historia de la Iglesia. Y deseamos que sea grato conocerlas a los participantes de este Simposium.

1.1. Presentación de Santa Clara de Asís

Nació Clara Favarone el 13 de diciembre del año 1193 en una familia noble de Asís. A los 17 años huyó de la casa paterna, en la medianoche del Lunes Santo 28 de marzo de 1211, para consagrarse a Dios. Vivió en la ermita de San Damián, emulando la forma de vida evangélica de Francisco de Asís. La siguieron gran número de doncellas de todas las clases sociales, fundando una forma de vida colegial en pobreza y santa unidad, buscando la experiencia de Dios y teniendo como misión la ejemplaridad de vida.

Fue su tránsito el 11 de agosto de 1253 y fue canonizada por el Papa Alejandro IV el 26 de septiembre de 1255 en la Catedral de Anagni. El reconocimiento de santidad colocó a Clara en el coro de las Vírgenes y de las fundadoras. Es fundadora en sentido estricto, por haber creado y dado Regla (1) a una familia religiosa, la Orden de las Hermanas Pobres.

En torno a la muerte de Clara se generan varios documentos; Testamento; Bendición; Notificación de la muerte, Proceso de Canonización; Bula de Canonización; Leyenda; Leyenda versificada. El Proceso de Canonización es un documento de inapreciable valor por la inmediatez de los testimonios, dados por los vecinos de Asís que la conocieron desde la infancia, y por las hermanas que más años habían convivido con ella en el convento de San Damián. Normalmente los Procesos, después de servir a la causa, se entregaban al autor de la Leyenda oficial y se perdían.

Nadie se encargaba de conservarlos. Así se perdió el de san Francisco. Sin embargo, las clarisas
de Florencia cuidaron de rescatar y guardar el de santa Clara. La Leyenda se cree fue escrita por fray Tomás de Celano, buen latinista, biógrafo también de san Francisco. Con esto se puede afirmar, que entre las santas mujeres de la Italia central del siglo XIII, Clara es la única cuya biografía se conoce exactamente. Citaré estos documentos en cuanto ayudan a conocer el origen de las devociones desarrolladas en torno a la figura de la Santa.

Existen no pocos colectivos que la tienen por patrona. Pero sin duda lo más importante es la Orden que lleva su nombre, con todo el caudal de santidad, patrimonio artístico, literario y documentación histórica que ha generado durante ocho siglos. Caudal que desde diversos aspectos se va presentando cada año en estas jornadas escurialenses de investigación artística e histórica.

1.2. Fundamento de la devoción a los Santos

La devoción a los santos se fundamenta en el dogma de la comunión de los santos. En el Credo profesamos esta fe: “Creo en la santa Iglesia católica, la comunión de los santos”. En la liturgia maronita, antes de distribuir la comunión, se eleva el santísimo diciendo: “Lo Santo para los santos”. “Santos” es uno de los nombres que se daba a los cristianos en los primeros siglos, entendiendo por Iglesia “la asamblea de los santos”. Por tanto, “La expresión “comunión de
los santos” tiene dos significados estrechamente relacionados: “comunión en las cosas santas” y “comunión entre las personas santas” (2).

Ahora bien, después de la muerte sigue existiendo esta doble relación. “La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los
bienes espirituales” (LG 49) (3). El pueblo de Dios venera a los bienaventurados que ya gozan de Dios, imita sus virtudes y se confía a su poderosa intercesión con oraciones y formas diversas de manifestar su devoción.

El reconocimiento de la santidad de Clara de Asís significa una ejemplaridad y un poder intercesor en la Iglesia. Pero, salta a la vista que no es igual para una clarisa que para una persona inmersa en los afanes del mundo. En la Bula de canonización (4) hay unas palabras muy esclarecedoras, cuando distingue:
1) la alegría de la madre Iglesia que ha engendrado a Clara y proclama: “A nuestro siglo se le apareció en Clara un claro ejemplo de conducta”;
2) el discipulado de las hijas que la tienen por madre y con su magisterio se forman en la perfección del santo Evangelio;
3) el regocijo del “pueblo fiel y devoto por esta hermana y compañera suya” cuyo poder intercesor “alumbra a los mortales con señales magníficas”. Esta distinción marca una diferencia entre ciertas prácticas conventuales y las manifestaciones de devoción popular.

II. CELEBRACIONES LITURGICAS

Nos referimos, en primer lugar, a las celebraciones litúrgicas, Misa y Liturgia de las Horas. Incluimos las celebraciones del Tránsito y otros ritos, en cuanto preceden o siguen inmediatamente a una liturgia.

2.1. La fiesta de Santa Clara de Asís

Esta es la exhortación del Papa Alejandro IV, el que conoció y admiró profundamente a Clara, el día de la canonización: “Por lo cual os recomendamos y exhortamos con interés a todos vosotros, y por estas líneas os mandamos, que celebréis con devoción y solemnidad la fiesta de esta santa Virgen el 12 de agosto y que la hagáis celebrar por vuestros súbditos con toda reverencia, a fin de que merezcáis contar delante de Dios con su ayuda piadosa y constante” (5).

Clara murió el 11 de agosto y ese día se celebra actualmente su fiesta. Durante siglos se celebró el día 12, por celebrarse el 11 el patronazgo del mártir san Rufino.

2.1.1. Novena a Santa Clara

Como la mayoría de las fiestas de los santos se preparaba con un novenario. Existen libros con lecturas y oraciones para este ejercicio, en diversos idiomas. La costumbre pedía que en los conventos de clarisas fuese muy solemne, con sermón a cargo de un fraile menor. Con el tiempo se ha
pasado a celebrar la novena o triduos con la misa y homilía.

2.1.2. Celebración del día de la fiesta

El centro de la fiesta es la celebración de la Misa y Liturgia de las Horas. Como solemnidad para la Orden de Santa Clara, fiesta para la familia franciscana, y memoria obligatoria para toda la Iglesia.

2.1.3. Veneración de la reliquia

Se ilumina y se expone a la veneración de los fieles.

2.2. Tránsito de Santa Clara

Consiste en el memorial de la muerte de Clara. Se celebra el 10 de agosto por la tarde. Puede adaptarse al mismo día de la fiesta. A través de los años han ido fraguando tres modalidades que podríamos llamar: antigua, renovada y actual.

2.2.1. Forma antigua

Llamamos antigua a la que aparece en la primera versión castellana del Ritual de la II Orden, del 1915. En 1933 fue ajustado al Ritual Romano-Seráfico de 1931. Tras los cambios del año 1956, se aprobó en 1959 la versión adaptada de las religiosas (6).

Se celebra el Tránsito el día de la fiesta o bien la tarde anterior inmediatamente después del rezo de las I Vísperas de Santa Clara. Se reparten velas que las religiosas y los fieles han de tener encendidas. El celebrante precedido por el turiferario se dirige al altar de santa Clara, si lo hay, o al altar mayor, donde estará expuesta la reliquia. Inciensa la reliquia con dos golpes dobles haciendo inclinación antes y después. Todos en pie cantan la antífona que recoge las últimas palabras de Clara antes de morir:

“Vade secura, anima mea benedicta, quia bonum habes conductum iteneris.
Vade quiniam qui te creavit et sanctificavit, velut mater filium tenero amore
dilexit. Tu, Domine, benedictus sis qui me creasti”.

Sigue el Salmo 115 y se repite la antífona. Se arrodillan, apagan las velas y rezan cinco Padrenuestros. Después en pie se canta la antífona:

“Salve, Sponsa Dei, Virgo sacra, planta Minorum: Tu vas munditiae, tu praevia
forma Sororum. Clara, tuis precibus duc nos ad regna polorum”.
–“Pretiosa in conspectu Domini”.
–“Mors Sanctae Clarae Virginis”

El celebrante recita el Oremus, inciensa la reliquia, y concluye bendiciendo al pueblo con ella y dándola a venerar.

2.2.2. Forma renovada en 1986

El Ritual actualizado y aprobado en 1986, coloca la celebración del Tránsito al inicio de la Misa, antes de la colecta. El orden seguido es: Saludo del Celebrante, monición. Lectura de la muerte de santa Clara. Antífona y salmo 115 del ritual anterior. Concluye con una exhortación y pasa a la
Misa (7).

2.2.3. Relato y representación desde 1992

Comencé a difundir esta forma de celebrar el Tránsito desde el año 1992 en España y en once países latinos. Significa un paso más a partir de las formas anteriores. El hilo conductor es la lectura del relato de la muerte de Santa Clara, por un cronista. No es una simple lectura, puesto que se va abriendo al diálogo, al mimo, al gesto, a la danza, y a la representación. Los asistentes no son meros espectadores. Reciben candelas encendidas, cantan, rinden homenaje a Clara, la cubren de pétalos, la rodean de lámparas, etc.

Termina con unos minutos de adoración, recogiendo el legado de Clara: su fe viva en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, y se da a venerar la reliquia. O bien, se procede a la celebración de la santa misa.

2.3. Hallazgo del cuerpo de Santa Clara

Se celebra con oficio propio el 23 septiembre. Es memoria libre.

2.4. Prácticas comunitarias de las clarisas

2.4.1. Renovación comunitaria de Votos

El 18 de marzo, día en que San Francisco consagró a Sta. Clara, se hace renovación comunitaria de la profesión, cada año.

2.4.2. Aspersión después de Completas

Canto del Vidi aquam y aspersión con agua bendita.
“Clara, habiendo oído cantar después de Pascua: “Vidi aquam egredientem de templo a latere dextro”, se alegró tanto y se le grabó en la mente de tal modo, que siempre, después de comer y de Completas se hacía rociar con agua bendita, ella y las hermanas, y les decía: Hermanas e hijas mías, debéis recordar siempre y conservar en vuestra memoria aquella bendita agua que brotó del costado derecho de nuestro Señor Jesucristo colgado en la cruz” (8).

2.4.3. Lectura del Testamento de Santa Clara

Se hace los viernes después de cenar.

III. FORMAS POPULARES DE DEVOCIÓN

3.1. Visita al sepulcro

El Papa Alejandro IV, con la exhortación a visitar el sepulcro de Santa Clara, concedía indulgencias:
Y para que los pueblos cristianos acudan en tropel con más vivo deseo y en mayor número a venerar su sepulcro, y para que su fiesta se celebre con más esplendor: Nos, fiados en la misericordia de Dios todopoderoso y en la autoridad de sus bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, concedemos un
año y cuarenta días de indulgencia a cuantos arrepentidos de veras y confesados acudieren cada año a venerar su sepulcro, impetrando humildemente su intercesión, el día de la fiesta de esta virgen o dentro de su octava” (9).

Por motivos de seguridad fue sepultada Clara en la iglesia de San Jorge, que pertenecía a los Canónigos de San Rufino, dentro de las murallas de Asís. Allí se podía visitar su sepulcro, en el mismo lugar donde había estado enterrado san Francisco durante cuatro años, desde su muerte en 1226
hasta 1230, fecha que fue trasladado a la Basílica. También el enterramiento de la Hermana Clara sería provisional. El Papa Alejandro IV, después la canonización, quiso que en el lugar donde estaba
la iglesia de San Jorge se edificara una basílica a la Santa, según el modelo de la basílica superior de San Francisco, y un convento para que la comunidad de San Damián se trasladara dentro de la muralla. La construcción de la Basílica de Santa Clara duró ocho años (1257 al 1265), pero el 3 de octubre de 1260 ya fue sepultada bajo el altar mayor.

Después de seis siglos se excavó durante ocho noches, hasta hallar y exhumar el cuerpo incorrupto de la Santa el 23 de septiembre de 1850. Desde entonces se instauró la fiesta del “Hallazgo del cuerpo de santa Clara”.
Preparada la cripta neogótica el año 1872, se expuso a la veneración de los fieles en una urna de bronce y vidrio. Por fin, el año 1988 se hizo un reconocimiento de los restos y volvió a quedar expuesta en una urna de cristal más sencilla. El descenso a la cripta se hace desde la nave, y se ve a Clara desde un corredor. El interior de la cripta tiene acceso solamente desde el convento. Muy cerca están los nichos de su madre Sor Hortulana y de sus dos hermanas Sor Inés y Sor Beatriz.

En un principio la multitudinaria visita al sepulcro de Santa Clara, en los días 11 y 12 de agosto, estuvo vinculada a los milagros otorgados por su intercesión, y a las indulgencias otorgadas por el Papa Alejandro IV. Se incrementó con la fiesta del 23 de septiembre y el hecho de quedar expuesta a la devoción.

3.2. Pan bendito de Santa Clara

Se reparte después de la Misa, o del Tránsito, el día de su fiesta. Esta costumbre recuerda un hecho de la vida de Clara narrado en la Flor 33. He aquí:

“Santa Clara, discípula devotísima de la cruz de Cristo y noble planta de messer San Francisco, era de tanta santidad, que no sólo los obispos y cardenales, sino aun el papa, deseaba, con grande afecto verla y oírla, y la visitaba con frecuencia personalmente. Una vez entre otras, fue el Santo Padre al monasterio donde ella estaba para oírle hablar de las cosas celestiales y divinas, y mientras se hallaban así entretenidos en divinos razonamientos, santa Clara hizo preparar las
mesas y poner el pan en ellas, para que el Santo Padre lo bendijera. Concluido el coloquio espiritual, santa Clara, arrodillada con gran reverencia, le rogaba tuviera a bien bendecir el pan que estaba sobre la mesa.

Respondió el Santo Padre: Hermana Clara fidelísima, quiero que seas tú quien bendiga este pan y que hagas sobre él la señal de la cruz de Cristo, a quien tú te has entregado enteramente.

– Santísimo Padre, perdonad –repuso la Santa-; sería merecedora de gran reproche si, delante del Vicario de Cristo, yo pobrecilla, me atreviera a trazar esta bendición.

– Para que no pueda atribuirse a presunción –insistió el Papa- sino a mérito de obediencia, te mando por santa obediencia que hagas la señal de la cruz sobre estos panes y los bendigas en nombre de Dios. Entonces santa Clara, como verdadera hija de obediencia, bendijo muy devotamente aquellos panes con la señal de la cruz. Y al instante ¡cosa admirable! apareció en todos los panes la señal de la cruz bellísimamente trazada”.

El Santo Padre Gregorio IX tomó aquel pan y marchó dando gracias a Dios. Con los que sobraron acontecieron muchos milagros. Actualmente los fieles también llevan con alegría estos panes, amasados por las clarisas, como es nuestro caso en Balaguer.

3.3. Bendición de los niños

Se trata de una práctica que hemos hallado documentada en los escritos del siglo XVII del Convento de la Purísima, de Clarisas Descalzas10 (Salamanca). En los días de Navidad las madres llevaban a sus niños. Las religiosas los recibían dentro del coro, donde los pequeños contemplaban el Belén y
recibían la bendición de las clarisas. Es un hecho que las madres de Asís y las ciudades vecinas llevaban a sus niños para recibir la bendición de la hermana Clara. En el Proceso se recogen
testimonios de niños milagrosamente sanados, cuando ella intercedió y les signó con la señal de la cruz.

“Un niño hijo de messer Juan, procurador de las hermanas, tenía una fiebre altísima, por lo que fue llevado a la Madre santa Clara; y nada más recibir de ella la señal de la cruz, quedó curado” (11).
“Un niño de la ciudad de Espoleto llamado Mattiolo, de tres o cuatro años de edad, introdujo un guijarro en uno de sus orificios nasales, de manera que no se le podía extraer de ninguna manera, y el niño parecía estar en peligro. Llevado a Santa Clara, al trazar ella sobre el niño la señal de la cruz, enseguida salió la piedrecilla de la nariz y el niño quedó libre” (12).

“Un niño de Perusa tenía una nube en el ojo que lo cubría todo. Por lo que fue llevado a Santa Clara, que tocó el ojo del niño y luego le hizo la señal de la cruz… Hecho lo cual el niño se curó" (13).

Basten estos testimonios para apreciar la compasión de Clara hacia las madres y sus niños, y con cuanto amor los acogía y sanaba con la señal de la Cruz. Con la noticia de las Descalzas de Salamanca, se ha revivido esta práctica en ocasiones especiales y en diversos lugares.

3.4. Fiesta del Voto

Se celebra anualmente el 26 de junio en la ciudad de Asís, dando gracias por un hecho histórico, la liberación del asedio del año 1241 por la intercesión de la hermana Clara. La fiesta fue renovada por el alcalde, e historiador, Arnaldo Fortini a los inicios del siglo XX. El hecho que se recuerda es el siguiente.

“Cuando Vital de Aversa, enviado por el emperador Federico II, se presentó con un gran ejército para asediar la ciudad de Asís…, se temía mucho que fuese tomada la ciudad -según se lo habían dicho a madonna Clara-, pues Vital había asegurado no levantar el cerco hasta tomarla.

Habiendo oído estas cosas la madonna, confiando mucho en el poder de Dios, mandó llamar a todas las hermanas y pidió que le llevasen ceniza, con la que se cubrió toda la cabeza, la cual se había hecho rapar. Y luego ella misma impuso la ceniza en las cabezas de todas las hermanas, y les mandó que fuesen todas a orar para que el Señor librase la ciudad. Y así fue; porque al día siguiente por la noche, el citado Vital se marchó con todo su ejército” (14).

“Y de tal modo cumplieron (las hermanas) que al día siguiente, de mañana, huyó aquel ejército, roto y a la desbandada. Y en aquel día de oración, las hermanas hicieron penitencia, ayunando a pan y agua, y algunas no probaron bocado” (15).

La comitiva se inicia en la Plaza de San Rufino donde estaba la casa natal de Santa Clara y se dirige a la Plaza del Común. Allí esperan las autoridades locales con los maceros del Ayuntamiento, llevando cirios para ofrendar a la Dama Pobre. Desde allí prosigue la comitiva hasta la iglesia
de Santa Clara, donde rinden homenaje y depositan flores en la cripta, junto a la urna que contiene sus restos. De allí van al convento de San Damián. Como ya declina la tarde, el trayecto está iluminado a ambos lados con “fiaccole” o antorchas de sebo. Llegados a San Damián celebran la Misa en la placeta.

3.5. Los granaderos rinden honores a Santa Clara en Argentina

Patrón de Buenos Aires es San Martín de Tours; pero, por haber protegido la ciudad en dos importantes ocasiones, fue nombrada Santa Clara Patrona menor. La Infantería le rinde honores en su día. El pueblo hace ofrenda floral. A principios del XIX Buenos Aires pertenecía al Virreinato español del Río de la Plata. En los años 1806/1807 sufrió dos invasiones inglesas. La defensa armada era escasa y los criollos ayudaron con palos, aceite y agua hirviendo.

Las clarisas, recordando la liberación del asedio de Vital de Aversa, empeñaron su intercesión con la Madre Santa Clara. Más aun, abrieron el claustro como hospital de sangre, cuidaron a los heridos, y excavaron una fosa común al pie de la imagen de santa Clara, en el centro del claustro, para enterrar a los caídos de ambos bandos. La invasión fue rechazada, atribuyendo la victoria a la intercesión de Santa Clara por la oración de las clarisas.

Desde 1807 cada año, el día 12 de agosto, se hace memoria de este hecho dando gracias a su Patrona. La compañía de granaderos, en uniforme de gala y a toque de corneta, rinden honores a Santa Clara en el claustro del convento. Ofrecen coronas de flores, y la Banda interpreta marchas militares.
3.6. Clara, faro de navegantes Desde antiguo los navegantes se acogieron a la protección de Santa Clara.

Se conservan dos tradiciones de los siglos XIII y XV que en diversos mares y puertos acreditan el feliz patronazgo de la Dama Pobre. La más antigua comenzó en Ciudadela de Menorca cuando aun no había faro. El año 1256 se edificó el convento de clarisas, con su iglesia y su torre. Una hermana
subía cada tarde al último piso de la torre, a encender una lámparilla de aceite ante una imagen de la Virgen del Toro, patrona de la isla. Al anocher, pescadores y navegantes se orientaban con aquella luz. Cuando el mal estado de la mar no permitía ver la “luz de Santa Clara”, pedían su protección.

Obtenida la gracia subían a dar gracias al convento con toda la familia, presentando la vela de la barca ante Santa Clara. Así fue como se extendió el patronazgo de Santa Clara sobre los hombres
del mar. Marinos, comerciantes y pescadores buscaban la “luz de Santa Clara” y ¿quién sabe si no la invocaron también los piratas que merodeaban por las aguas del Mare Nostrum? En Ciudadela queda el dicho: “Ya puedes llevar la vela a Santa Clara”, cuando uno recibe un favor grande. El dicho se ha popularizado extendiéndose a toda suerte de peligros, en tierra y mar, y la ofrenda de la vela del
barco ha pasado a una vela de cera.

El segundo relato viene del siglo XV. El almirante Cristóbal Colón, en un viaje de retorno desde el Nuevo Mundo sufrió una tempestad muy peligrosa y se encomendó a Santa Clara. Hizo un voto: Si volvían con vida echarían a suertes, el marino al que tocase, velaría a la Santa una noche
dándole gracias en nombre de la tripulación. El mar se calmó. Cuando tocaron tierra se dispusieron a cumplir el voto. La suerte recayó sobre el Almirante Colón y él mismo veló a la Santa en
nombre de la tripulación en la iglesia del convento de Santa Clara de Moguer (Cádiz). No contento con esto, cambió el nombre a la carabela Santa María, que en adelante se llamó “la Santa Clara”.

3.7. Ofrenda de huevos

Está muy extendida la costumbre de ofrecer huevos a Santa Clara pidiendo el buen tiempo. Se entregan a las clarisas, comprometiendo así nuestra oración. El huevo simboliza la fecundidad, por lo que el sentido inicial de la ofrenda era pedir la fecundidad en el matrimonio. Y con este favor, del que tantas veces depende la felicidad y fidelidad en el matrimonio, se pide el buen tiempo para el día de la boda.

Es bien conocida y acreditada la poderosa protección de la Santa sobre los matrimonios estériles que desean tener hijos. Yo misma podría dar testimonio de varios casos que he conocido en España, México y África. La devoción tiene su origen en un hecho histórico. Messer Hugolino de Pedro Girardone, caballero de Asís dijo…, que habiendo dejado a su mujer, llamada madonna Guiduzia, y habiéndola devuelto a casa de su padre y de su madre, estuvo separado de ella por espacio de veintidós años o más, sin que nadie hubiese podido inducirle a ir a buscarla, o recibirla. A pesar de haber sido exhortado a ello muchas veces, incluso por personas religiosas.

Finalmente se le dijo de parte de la mencionada santa madonna Clara, que ella había entendido en visión que messer Hugolino iba a recibir pronto a su esposa Guiduzia y engendraría un hijo de ella, del que se alegraría mucho y recibiría consuelo. Por lo que el testigo al oír esto se enojó bastante.

A los pocos días se sintió forzado por un deseo tan grande, que fue a buscar a su mujer, a la que había dejado tanto tiempo atrás. Y luego, como había sido revelado en visión a madonna Clara, engendró de Guiduzia un hijo, el cual aun vive, y del que se goza mucho y recibe un gran consuelo” (16).

Por tradición oral de quien lo vio en su día, tuve noticia de una anécdota curiosa sucedida en Zamora. Pudo suceder alrededor de los años 45 - 50 del siglo XX, calculando desde la edad de la ya venerable Sor María, que me lo explicó.

Era Viernes Santo. La procesión del Santo Entierro estaba preparada pero llovía copiosamente. Los cofrades no querían suspenderla y reunieron bajo la lluvia. Entonces enviaron por delante dos monaguillos llevando el cesto de huevos. Y dijo Sor María que la lluvia cesó, salió el sol, y pudo salir también la procesión “detrás del cesto de huevos”… Los cofrades quedaron contentos y llevaron su ofrenda a las clarisas. RNE transmitió la noticia. Un uso, vinculado a la gracia de la fecundidad, era pedir al convento un cordón con el que la madre rodeaba su cintura en el momento del parto. No conozco ahora ningún caso, aunque en el pasado fue muy habitual. Tuvo esa devoción la madre de san Francisco de Borja.

IV. PATRONAZGOS

Invocan el patronazgo de Santa Clara desde tiempo inmemorial los vidrieros, jueces y modistas en lencería. En Francia es patrona de los invidentes. En Chile es invocada como “Santa Clara de los pobres”. Su altar, en el convento de San Francisco, está siempre abarrotado de cirios, cartas y
exvotos.

4.1. Patrona de la Televisión

El año 1958 fue declarada por Pio XII, patrona de la TV. Se le dio este patronazgo recordando el rapto en que vio sin estar presente. Fue en la Navidad de 1252. “Contaba aún la referida madonna Clara cómo, en la última noche de la Natividad del Señor al no poder levantarse del lecho para ir a la capilla, por causa de la grave enfermedad, las hermanas todas se fueron a maitines, como
de costumbre, dejándola sola. Entonces la madonna suspirando, dijo:

“Señor aquí me han dejado sola y contigo”.

Entonces de repente, empezó a oir el órgano y responsorios y todo el Oficio de los frailes en la iglesia de san Francisco, como si hubiese estado allí presente” (17).

“No estaba tan próximo el lugar como para que pudiera alcanzar todo esto por humano recurso; la resonancia de aquella solemnidad había sido amplificada hasta ella por el divino poder… Pero lo que a este prodigio de audición es que la santa mereció también ver el pesebre del Señor. En España concurren artistas como Salzillo, Scipione Pulzoni, Diego de Urbina, en el siglo XVI; Juan Valdés, Martínez Montañes, Pedro Roldán, Claudio Coello, Pedro de Mena en el XVII, etc.

Tiene diversos atributos:

Báculo.- Se inspira en el cayado de los pastores. Es atributo de obispos y fundadores. Acaba en cruz de doble travesaño, el del Papa es triple.

Azucena.- Se vincula a la pureza y virginidad cristiana. Es atributo de la Santa Virgen en la iconografía de la Anunciación. Se extiende a las santas vírgenes.

Palma.- Aunque muy vinculada al martirio, es atributo de la santidad, en general.

Corona y aureola.- Son atributos de santidad. En la iconografía más antigua, Clara ciñe corona de oro. Recuerda la promesa de San Francisco: “Seréis coronadas con la Virgen María”. Algunas veces, la aureola lleva siete soles significando la gracia septiforme del Espíritu Santo.

Libro.- Simboliza el conocimiento de la persona que lo lleva. En manos de Clara unas veces es el Evangelio que ella vivió de forma profética, y otras la Regla, como fundadora.

Ostensorio.- La custodia significa la fe de Clara en la presencia real de Jesucristo en sacramento, manifiesta en la defensa del convento en el asalto sarraceno de 1240.

5.2. Libros

La Dama Pobre ha entrado en la historia, literatura y poesía. Las biografías divulgativas han ido jalonando los siglos. En el último cuarto de siglo ha salido de la sombra de San Francisco y cada vez es más valorada como maestra de espiritualidad.

España fue el primer país que tuvo reunidas y traducidas las fuentes documentales de santa Clara. Preparadas por Ignacio Omaecheverría, las publicó la Bac el año 1970.

5.3. Teatro

Se han hecho representaciones de aficionados:
Un amor diferent, de Sor María Massana, osc. Mataró 1982;
Una mujer llamada Clara, Buenos Aires 1994.
Y giras de profesionales con motivo de los centenarios celebrados en los últimos años:
Clara, por la Compañía “Carasses Teatre” de Elda (Alicante). Año 1993. 5.4. Musical

Uno de los espectáculos más bellos creado sobre Clara es el musical Chiara di Dio, de “Compagnia teatrale di Carlo Tedeschi” (2004). (también en DVD). Con el despliegue de belleza de esta obra en la danza clásica, coreografías, música y cantos, se experimenta cómo el artista creyente conduce
al deseo de Dios, “La belleza del testimonio cristiano expresa la belleza del cristianismo y, por ende, la hace visible” (21).

5.5. Cine, Videos, dvd

Hay bastantes películas, entre las más logradas mencionamos: Historia de una cristiana, de Serafino Rafayani, ofmcap. (1993); y sobre todo Chiara i Francesco, de Fabrizio Costa (2007). Entre los documentales, Chiara d´Assisi (1993).

5.6. Cantos

Existían en gregoriano. Se han multiplicado los cantos en las últimas décadas. Para la liturgia, de Mn. Doménec Cols, Rosa Mª. Riera y Assumpta Ludela, osc. Otros más populares de grupos como Kairoi (CD), autores modernos Luis Alfredo, y compositoras clarisas como Isabel Robledo, osccap
y Mª Belén, osc, en Argentina (Cassettes). Y otras grabaciones, incluso una International. Todas estas obras constituyen otras tantas catequesis con los medios actuales.

VI. CONCLUSIÓN

He aquí las tres vertientes de la devoción a Santa Clara. La litúrgica, la popular y la artística. Culto, devoción y divulgación de su vida y ejemplo.

“El encuentro con Cristo y sus discípulos, en particular con María su Madre y con los santos, sus testigos, tiene que poder transformarse siempre, en todas las circunstancias, en un acontecimiento de belleza, un momento de gozo, el descubrimiento de una nueva dimensión de la existencia, una exhortación a ponerse en camino hacia la patria celeste y gozar de la visión de la verdad toda entera, de la belleza y del amor de Dios; la belleza es esplendor de la verdad y florecimiento del amor” (22).

La Liturgia y el arte sacro, tienen poder para conducir a ese momento, en que no se sabe si se está en el cielo o en la tierra. Las formas populares ungen el sentimiento por la experiencia de confianza que entrañan. El arte en sus diversas formas, mueve el deseo para aspirar a lo más noble al impacto de la Belleza divina vivido por Clara.
“Clara, preclara en méritos clarísimos, brilla en el cielo esclarecida con claridad de insigne gloria, y en la tierra con esplendor de sublimes milagros” (BC 2)
Santa Clara de Asís nos ilumine con la claridad celeste que hace sabios y santos.

VII. BIBLIOGRAFÍA

Arte
CASTRO BRUNETTO, C. J., “Variantes iconográficas de Santa Clara en el barroco
ibérico” En: Las clarisas en España. Actas del Congreso Internacional, Salamanca
1993, I, Vol. II, pp. 637-647.

“Convento de Santa Clara de Montilla”, Catálogo. Obras y enseres de arte. Montilla
1993.

GARCÍA SANZ,A. – TRIVIÑO, Mª.V., Iconografía de Santa Clara en el Monasterio
de las Descalzas Reales. Madrid 1993.

GONZÁLEZ, M. A., Santa Clara en el arte de Galicia y León. En: Las clarisas en
España. Actas Congreso Internacional, Salamanca 1993. I, Vol. II, pp. 649-666.

HERRANZ MIQUELÁÑEZ, J., Iconografía de Santa Clara en España. Monasterios
y conventos. Ávila 2004.

MASSANA I MOLA, M., Un amor diferent: Francesc i Clara d´Assis. Mataró
1982. (Obra teatral para niños).

Vida de la Seráfica Madre Santa Clara, que escribía sor Mariana Sallent, monja
profesa del religiosísimo convento de la ciudad de Borja. 2ª edición en Valencia.
Año 1703. (En verso).

TERRON REYNOLDS, Mª. T. “La iconografía de Santa Clara en las artes plásticas
extremeñas”. En: Las clarisas en España. Actas Congreso Internacional,
Salamanca 1993. I, Vol. II, pp. 667-677.

TORRES BALLESTEROS, N., “Iconografía de Santa Clara en la España Medieval”.
En: Las clarisas en España. Actas Congreso Internacional, Salamanca
1993. I, Vol. II, pp. 597-635.

TRIVIÑO, Mª.V., “El rostro de Clara”. Selecciones de Franciscanismo 95, Valencia
2003, pp. 299-307.

VARIOS, Pedralbes. Els tresors del Monestir. Barcelona 2005.
Fuentes y estudios

“Santa Clara de Assis”. Fontes Franciscanas II. Escritos. Biografías. Documentos.
Por J.A. Correia Pereira. Braga 1996.

Santa Clara de Asís, Escritos y Fuentes documentales, México 1994; Bs.As 2001,
ed. de Mª. V. Triviño.

SAN FRANCISCO DE ASÍS. Escritos. Biografías. Documentos de la época. Por
J.A. Guerra. Madrid 2003.

TRIVIÑO, Mª. V., Santa Clara de Asís. Escritos y Fuentes biográficas. México
1994;. La Vía de la Belleza, Temas espirituales de Santa Clara. Madrid 2003;
Clara de Asís ante el Espejo. Historia y Espiritualidad, Madrid 1991; Braga
1994; Pan y Hermosura, Clara de Asís. Madrid 1992, 1993, Bs.As 2002;

ZAVALLONI, R. La personalità di Chiara d´Assisi. Assisi 1993

NOTAS:

1. Aprobada por Inocencio IV el año 1252. Bulada el 9 de agosto de 1253.
2. Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid 1992, n 948.
3. Catecismo de la Iglesia Católica. Madrid 1992, n 954.
4. “Bula de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos y Fuentes Biográficas, ed.
de Mª. V. Triviño, México 1994, nn 3, 19, 2.
5. “Bula de Canonización”, en Santa Clara, Escritos…n 21.
6. Ritual de la Segunda Orden Franciscana. Barcelona 1959, pp 237-240.
7. Ritual Romà-Seràfic de les monges de l´Orde de Santa Clara. Barcelona 1987. Tránsito,
pp 45-49. Otra versión parecida, en SEGARRA, J.M., ofmcap. Pregar amb Santa Clara.
Barcelona 1992, p 53-56.
8. “Proceso de Canonización de Santa Clara”, en Santa Clara de Asís, Escritos…, XIV, 8.
9. “Bula de Canonización”, en Santa Clara de Asís. Escritos…n. 21.
10. Tomamos esta noticia de un cuaderno anónimo del siglo XVII, Vida de nuestra Venerable
Madre Soror Manuela de la Santísima Trinidad. Religiosa en el convento de la Purísima
Concepción de Franciscas descalzas desta Ciudad de Salamanca. Ms. 35 pp. de
21x14,5 cm.
11. “Proceso de Canonización”., en Santa Clara de Asís, Escritos… III, 19.
12. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos… II, 18.
13. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos… IV, 11.
14. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos…, III, 19.
15. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos…, IX, 3. Cf. “Leyenda
de Santa Clara”, o.c., n 23.
16. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos… XVI, 1.4.
17. “Proceso de Canonización”, en Santa Clara de Asís, Escritos… III, 30.
18. “Leyenda de Santa Clara”, en Santa Clara de Asís, Escritos… n 29.
19. Vía Pulchritudinis, Pontificio Consejo de Cultura. Asamblea. Plenaria 2006, BAC,
Madrid 2008, Introd. p. 20.
20. Vía Pulchritudinis, III, 3b, p. 70.
21. Vía Pulchritudinis… III, 3b, p. 70.
22. Vía Pulchritudinis… III, 3b, p. 72.

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