Artículos por "Cristo"
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En la obligación de todo bautizado y de los franciscanos seglares de anunciar el Evangelio, nacen los grupos "El Evangelio del día" vía Whatsapp, desde el pasado 7 de noviembre de 2015 por la noche.

La recepción ha recibido este servicio ha sido inmediata, donde hermanos de 10 países de habla hispana comenzaron a solicitar su inmediata integración a dichos grupos, siéndoles enviado el Evangelio diario en formatos de audio, texto y video, de tal manera que la Palabra de Dios los alimente y de ahi se convierta en vida, con autorizadas reflexiones de sacerdotes católicos de diferentes partes del mundo y México.

Hermanos de habla hispana radicados en Francia, Irlanda y los Estados Unidos fueron de los primeros en acoger con alegría y de manera inmediata el servicio. Así mismo, de Centro y Sudamérica, de países tales como Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador solicitaron su registro además de integrarse a otros servicios de redes sociales que presta la Orden Franciscana Seglar en México para todos los hermanos de habla hispana.

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La respuesta ha sido tal, que los mismos hermanos envían a sus contactos telefónicos que cuentan con Whatsapp, el pequeño cartel que anuncia el servicio así como el número telefónico
+52 1 461 129 2106 para ser integrados a los grupos respectivos de Whatsapp y así recibir el servicio, además de compartir en sus muros de Facebook y en los muros de sus amigos el mismo promocional, así como en grupos de Facebook.

Las condiciones fundamentales son:
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Si tú no te has integrado a este servicio, te invitamos a que lo hagas y disfrutes de este servicio y otros más que se han venido creando y generando por parte de esta Orden, aprobada por la Iglesia Católica y que está al servicio de la misma en todo el mundo.

Y si ya te registraste, INVITA a 10 o más de tus contactos telefónicos y envíales a ellos nuestra imagen de invitación o COMPÁRTELES EL ENLACE al servicio para que también ellos se inscriban y reciban el servicio del Evangelio del día en audio en su propio móvil vía Whatsapp.

Paz y bien.

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Título original
The Passion Of The Christ

Año
2004

Duración
126 min.

País
Estados Unidos

Director
Mel Gibson

Guión
Mel Gibson & Benedict Fitzgerald

Música
John Debney

Fotografía
Caleb Deschanel

Reparto
James Caviezel (AKA Jim Caviezel), Monica Bellucci, Maïa Morgenstern, Francesco Cabras, Rosalinda Celentano, Claudia Gerini, Sergio Rubini, Hristo Jivkov

Productora
Newmarket Film Group / Icon Productions

Género
Drama | Religión. Biblia. Gore

Web Oficial
http://www.thepassionofthechrist.com

Sinopsis
Año 30 de nuestra era. En la provincia romana de Judea, un misterioso carpintero llamado Jesús de Nazareth comienza a anunciar la llegada del "reino de Dios" y se rodea de un grupo de humildes pescadores: los Apóstoles. Durante siglos, el pueblo judío había esperado la llegada del Mesías - personaje providencial que liberaría su sagrada patria e instauraría un nuevo orden basado en la justicia-. Las enseñanzas de Jesús atraen a una gran multitud de seguidores que lo reconocen como el Mesías. Alarmado por la situación, el Sanedrín, con la ayuda de Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles, arresta a Jesús. Acusado de traición a Roma, Cristo es entregado a Poncio Pilato, quien, para evitar un motín, lo condena a a morir en la cruz como un vulgar criminal.

Premios
2004: 3 nominaciones al Oscar: Mejor fotografía, maquillaje, bso
2004: National Board of Review: Premio a la libertad de expresión
2004: Nominada a Critics' Choice Awards: Mejor película popular

Críticas
¿Antisemita? Puede que sí... aunque el aspecto queda difuso en cuanto que el pueblo judío, vociferante cuando condenan a Cristo, nunca aparece definitorio ni explícito frente a las autoridades judías ávidas de la sangre del nazareno. ¿Violenta? Sin duda alguna; Estamos ante una película excesivamente sanguinolenta e innecesariamente gore, pero... que tire la primera piedra el que entró en la sala sin estar advertido. Dicho esto, nadie puede discutir que "The Passion of the Christ" es cine estéticamente formidable, y que tiene escenas (como la de la gota que cae del cielo) que difuminan, al menos para algunos, toda crítica extracinematográfica, toda polémica estéril y falsamente trascendental entre los millones de personas que fuimos a ver una película sobre la muerte de un hombre, torturado y crucificado en vida... habiéndonos leído el libro. Poco más que añadir: "quejaos y lanzad vuestros lamentos al cielo. Renegad todo lo queráis... que a Gibson vuestras críticas le suenan a márketing promocional, y cuantas más voces incendiarias levantéis más dólares tendrá para hacer una secuela. Puedes no estar de acuerdo con su forma de reflejar sus ideas, pero si su intenso compromiso le hace sacar todo el buen cine que tiene dentro, que es mucho, por mí como si el ultracatólico de Mel hace los dos testamentos."
Pablo Kurt

"Si alguna vez hubo un film con el título correcto, ese film es "La pasión de Cristo" (The Passion of the Christ) de Mel Gibson. Aunque la palabra pasión ha llegado a mezclarse con romance, su origen en el latín hacía referencia al sufrimiento y al dolor. La película dura 126 minutos, y calculo que al menos 100 de esos minutos, quizá más, se refieren específica y gráficamente con detalles a la tortura y muerte de Jesús. Esta es la película más violenta que jamás he visto. (...) Lo que Gibson me ha enseñado, por primera vez en mi vida, es una idea visceral de en qué consiste la pasión. (...) No es un sermón o una homilía, sino una visualización de un evento central de la religión cristiana. Tómalo o déjalo. (...) He sido conmovido por la profundidad de los sentimientos, por la habilidad de los actores y de los técnicos (...) es una película sobre una idea. (...) Puntuación: **** (sobre 4)"
Roger Ebert: Chicago Sun-Times

"Un serio, logrado y terrible film que irradia un compromiso total"
Richard Corliss: Time

"Profundamente conmovedora y fanáticamente obtusa en iguales dosis."
Peter Travers: Rolling Stone

"Hay algo esclarecedor -incluso descarnada poesía- en The Passion"
Claudia Puig: USA Today

"The Passion of the Christ nunca ofrece un sentido claro a todo lo que estaba significando ese derramamiento de sangre, un aspecto inconcluyente que supone el fallo artístico más serio de Mr. Gibson"
A. O. Scott: The New York Times

"Ningún niño debe ver esta película. Incluso los adultos están en peligro. 'La Pasión de Cristo' de Mel Gibson es la más virulenta película antisemita realizada desde los films de propaganda nazi de la II Guerra Mundial. (...) La violencia es grotesca, salvaje y a menudo ensalzada con cámara lenta."
Jami Bernard: Daily News

"The Passion of the Christ debería dejar a la audiencia en un estado de exaltación. Pero en lugar de eso simplemente deja a la audiencia exhausta."
Mick LaSalle: San Francisco Chronicle

"En lugar de verme conmovido por el sufrimiento de Cristo, o sobrecogido por su sacrificio, siento el abuso de un director que intenta castigar a su audiencia, por quién sabe qué pecados."
David Ansen: Newsweek


Título original
King of Kings

Año
1961

Duración
154 min.

País
Estados Unidos

Director
Nicholas Ray

Guión
Philip Yordan

Música
Miklós Rózsa

Fotografía
Franz Planer, Milton Krasner, Manuel Berenguer

Reparto
Jeffrey Hunter, Hurd Hatfield, Siobhan McKenna, Robert Ryan, Frank Thring, Rip Torn, Harry Guardino, Viveca Lindfors, Rita Gam, Carmen Sevilla, Brigid Bazlen, Guy Rolfe, Royal Dano, Edric Connor, Maurice Marsac, Gregoire Aslan, George Coulouris, Luis Prendes, Conrado San Martín, Gérard Tichy, Antonio Mayans, José Nieto, Rubén Rojo, Fernando Sancho, Michael Wager, Félix de Pomés, Adriano Rimoldi, Barry Keegan, Rafael Luis Calvo, Tino Barrero, Paco Morán, Orson Welles

Productora
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / Samuel Bronston Productions

Género
Aventuras. Drama | Religión. Biblia. Cine épico

Sinopsis
Cuando las legiones de Roma conquistan Palestina, en un establo de un pueblo llamado Belén nace un niño que es adorado por pastores y por tres magos de Oriente que acuden a él guiados por una estrella. Ante el rumor de que ha nacido el Mesías, el rey Herodes ordena asesinar a todos los recién nacidos.

Premios
1961: Globos de oro: Nominada Mejor banda sonora original


TITULO ORIGINAL:
The Gospel of John

AÑO:
2005

DIRECTOR:
Philip Saville

PRODUCTORA:
Buena Vista Home Entertainment / Disney
REPARTO:
Henry Ian Cusick, Christopher Plummer, Scott Handy, Daniel Kash, Richard Lintern
GENERO:
Biblia. Religión. Drama

SINOPSIS:
El Evangelio de San Juan, seguido practicamente de manera textual basada en la traducción de la Sociedad Biblica Americana.



Título original
El mártir del Calvario

Año
1952

Duración
113 min.

País
México

Director
Miguel Morayta

Guión
Miguel Morayta (Historia: Gonzalo Elvira Sánchez de Aparicio)

Música
Gustavo César Carrión

Fotografía
Jorge Stahl Jr.

Reparto
Enrique Rambal, Manolo Fábregas, Consuelo Frank, Alicia Palacios, Miguel Ángel Ferriz, Carmen Molina, José María Linares-Rivas, Felipe de Alba, Luis Beristáin, Miguel Arenas, Lupe Llaca, Alberto Mariscal, Alfonso Mejía, José Baviera, Fernando Casanova, José Mora Méndez, Tito Novaro, Manuel Dondé, Armando Sáenz, Beatriz Ramos, Enrique García Álvarez, Antonio Bravo, Eugenia Galindo, Julio Ahuet, José Nava

Productora
Oro Films

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
Jesús rodeado de sus discípulos hace andar a un paralítico, pronuncia el sermón de la montaña, multiplica los peces, devuelve la vista a un niño, redime a la pecadora Magdalena, resucita a Lázaro y arroja del templo a los mercaderes. Luego Judas lo vende y él celebra con los apóstoles la última cena. Después es apresado y coronado de espinas. Judas arrepentido se ahorca. Jesús es crucificado. Muerto, resucitado y sube al cielo al tercer dia.




Título original
Il Vangelo secondo Matteo

Año
1964

Duración
131 min.

País
 Italia

Director
Pier Paolo Pasolini

Guión
Pier Paolo Pasolini

Música
Luis Enríquez Bacalov (AKA Luis Enrique Bacalov), J.S. Bach, W.A. Mozart, Billie Hollyday

Fotografía
Tonino Delli Colli

Reparto
Enrique Irazoqui, Margherite Caruso, Susanna Pasolini

Productora
Coproducción Italia-Francia; Arco Film Roma / Lux Compagnie Cinématographique de France

Género
Drama | Religión. Biblia

Sinopsis
En clave neorrealista pero sin apartarse del texto bíblico, el polémico Pasolini realiza un cercano retrato de Jesús de Nazaret. (FILMAFFINITY)

Premios
1964: Festival de Venecia: Premio Especial del Jurado
1966: 3 nominaciones al Oscar: bso (Adaptada), vestuario B&N, direcc. artíst. B&N
1966: Círculo de críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera

Críticas
"Obra sencilla y vorazmente sincera, rodada con una simplicidad extrema"
Luis Martínez: Diario El País

"Personalísima visión de la vida de Jesucristo que se aparta de las habituales recreaciones que se han realizado del fundador del Cristianismo"
Fernando Morales: Diario El País




Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 9: Jesús ante sus amigos

¿Qué hombre o mujer no ha hecho en su vida la experiencia de la amistad? La amistad es una experiencia humana hermosa, enriquecedora, humanizante y digna de los mayores elogios. Si Cristo fue verdadero hombre, ¿acaso se quiso privar en su vida de esta noble experiencia?

La amistad es un valor entre los humanos y uno de los dones más altos de Dios. El mismo Dios se presenta como amigo de los hombres: un pacto de amistad sella con Abraham,74 con Moisés,75 con los profetas.76 Al enviar a Cristo se mostró como amigo de los hombres.77 Por los Evangelios sabemos que Jesús dio a esta amistad de Dios un rostro de carne viniendo a ser amigo de los hombres. Pero tuvo, evidentemente, amigos especiales e hizo la experiencia gratificante de la amistad, por ser verdadero hombre.

1. ¿Qué es la amistad?

El mundo en que vivimos está menesteroso de amistad. Hemos avanzado tanto en tantas cosas, vivimos tan deprisa y tan ocupados, que, al fin, nos olvidamos de lo más importante. El ruido y la velocidad se están comiendo el diálogo entre los humanos y cada vez tenemos más conocidos y menos amigos.

El filósofo griego Sócrates aseguraba que prefería un amigo a todos los tesoros del rey Darío. Para el poeta latino Horacio, un amigo era la mitad de su alma. San Agustín no vacilaba en afirmar que lo único que nos puede consolar en esta sociedad humana tan llena de trabajos y errores es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos. El ensayista español Ortega y Gasset escribía que una amistad delicadamente cincelada, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo. Y el propio Cristo, ¿no usó, como supremo piropo y expresión de su cariño a sus apóstoles, el que eran sus amigos porque todo lo que ha oído a su Padre se lo dio a conocer?.78

Pero la amistad, al mismo tiempo que importante y maravillosa, es algo difícil, raro y delicado. Difícil, porque no es una moneda que se encuentra por la calle y hay que buscarla tan apasionadamente como un tesoro. Rara porque no abunda: se pueden tener muchos compañeros, abundantes camaradas, pero nunca pueden ser muchos los amigos. Y delicada porque precisa de determinados ambientes para nacer, especiales cuidados para ser cultivada, minuciosas atenciones para que crezca y nunca se degrade.

¿Qué es la amistad? ¿Simple simpatía, compañerismo, camaradería? La amistad es una de las más altas facetas del amor. Aristóteles definía la amistad como querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo. Laín Entralgo la definía así: "La comunicación llena de amor entre dos personas, en la cual, para el bien mutuo de éstas, se realiza y perfecciona la naturaleza humana".

Por tanto, en la amistad el uno y el otro dan lo que tienen, lo que hacen y, sobre todo, lo que son. Esto supone la renuncia a dos egoísmos y la suma de dos generosidades. Supone, además, un doble respeto a la libertad del otro. La amistad verdadera consiste en dejar que el amigo sea lo que él es y quiere ser, ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser.

Seis pilares sostienen la verdadera amistad, según Martín Descalzo:79

El respeto a lo que el amigo es y como el amigo es.
La franqueza, que está a media distancia entre la simple confianza y el absurdo descaro. Franqueza como confidencia o intimidad espiritual compartida.
La generosidad como don de sí, no como compra del amigo con regalos.
Aceptación de fallos.
Imaginación, para superar el aburrimiento y hacer fecunda la amistad.
La apertura.

¿Qué se experimenta cuando se pierde un amigo? Dejo que hable san Agustín, cuando murió su amigo íntimo: "Suspiraba, lloraba, me conturbaba y no hallaba descanso ni consejo. Llevaba yo el alma rota y ensangrentada, como rebelándose de ir dentro de mí, y no hallaba dónde ponerla. Ni en los bosques amenos, ni en los juegos y los cantos, ni en los lugares aromático, ni en los banquetes espléndidos, ni en los deleites del lecho y del hogar, ni siquiera en los libros y en los versos descansaba yo. Todo me causaba horror, hasta la misma luz; y todo cuanto no era lo que él era, aparte el gemir y el llorar, porque sólo en esto encontraba algún descanso, me parecía insoportable y odioso".

Termino este apartado con una cita bíblica: "Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable" (Si 6, 14-17).

2. Jesús experimentó la amistad

Es verdad que Jesús ama a todos por igual, sin condicionamientos sociales, económicos o nacionales.80 Incluso ama a sus enemigos.81 Y los ama hasta la muerte.82

Y su amor por todos los hombres no es un amor de sentimiento pasajero ni de expresiones exteriores tiernas y afectadas. Su amor es de caridad, que encierra estas características ricas y valiosas:

Se dirige hacia los demás con un corazón abierto, sin aislarse o evadir el trato; va al encuentro de todos los que ama (cf Mt 11, 28).
Cura, consuela, perdona, da de comer, procura hacer descansar a sus íntimos.
Se compadece de quien está necesitado (cf Mt 9, 36).
No discute con sus amigos; los corrige, pero no choca con disputas hirientes (cf Mt 20, 20-28).
Se alegra con ellos en sus momentos felices (cf Lc 10, 21).
Rechaza sus intenciones desviadas (cf Mt 16, 23).
No desea nada de los hombres; no busca dar para recibir. Y cuando una vez busca consuelo en la agonía, no lo encuentra (cf Mt 26, 40).
Se siente incomprendido por ellos, pero era parte de su cruz, pues aún no había venido el Espíritu Santo que les hiciera comprender todo (cf Jn 12, 24).
Los ama sobrenaturalmente, no por sus cualidades humanas (cf Jn 13, 14).
Pero también mantiene una distancia entre sus amigos y Él, pues su mundo está mucho más allá del de ellos (cf Jn 2, 25).

¿Ha habido hombre alguno en la tierra que haya amado a los hombres como Jesús?

Es verdad esto que acabamos de decir: Jesús ama a todos los hombres, y los considera como amigos. Pero también es verdad que tuvo amigos especiales. Abramos el Evangelio.

Tiene una especial relación con Juan, el discípulo amado.83 En esta amistad descubrimos que Jesús compartió con alguien, en modo especial, sus experiencias interiores y reservadas. Amistad íntima. Manifestación de esta amistad íntima es el Evangelio que Juan escribió. En él se oye palpitar el Corazón de Jesús; ahí descubrimos la profundidad de Dios. Por eso, a Juan se le representa como a un águila, porque voló alto, hasta el cenit de Dios.

También tuvo especial relación con tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan.. En esta amistad descubrimos que busca la compañía para compartir momentos especiales, sean felices, como en la transfiguración,84 o tristes, como en Getsemaní.85 Amistad compartida.

¿Quién no recuerda la especial relación con los tres hermanos de Betania, Lázaro, Marta y María? 86 En ellos descubrimos la amistad de Jesús que corresponde con la misma medida que se le ofrece. Amistad agradecida. Betania era uno de esos rincones donde Jesús descansaba y donde abría su corazón de amigo. Allí, Cristo tenía siempre la puerta abierta, tenía la llave de entrada; se sentía a gusto entre gente querida y que le estimaba.

Cristo tuvo amigos, claro que sí. No hubiera sido totalmente hombre si le hubiera faltado esta faceta humanísima. Tuvo amigos en todas las clases sociales y en todas las profesiones. Desde personas de gran prestigio social, como Nicodemo o José de Arimatea, hasta mendigos, como Bartimeo. En la mayor parte de las ciudades y aldeas encontraba gentes que le querían y que se sentían correspondidas por el Maestro; amigos que no siempre el Evangelio menciona por sus nombres, pero cuya existencia se deja entrever.

¿De qué serviría la prosperidad, diría el orador latino Cicerón, si uno no la comparte con los amigos? ¿Cómo se soportaría una adversidad y una prueba sin alguien que estuviera a nuestro lado y que sufra y comparta con nosotros ese contratiempo? ¿A quién hablar de los anhelos del corazón, si no es al amigo que sintoniza en todo con nosotros? Cito a san Ambrosio: "Ciertamente consuela mucho en esta vida tener un amigo a quien abrir el corazón, desvelar la propia intimidad y manifestar las penas del alma; alivia mucho tener un amigo fiel que se alegre contigo en la prosperidad, comparta tu dolor en la adversidad y te sostenga en los momentos difíciles" (San Ambrosio, Sobre los oficios de los ministros, 3, 134).

Jesús, pues, tuvo tiempo para la amistad y el descanso. Como hombre que era se cansaría de sus fatigas y correrías apostólicas. Le llegarían al alma los desprecios, las indiferencias, las calumnias de quienes no le amaban. Al mismo tiempo, Él necesitaba expandir su corazón, sus secretos, sus ilusiones. "Dejaba escapar toda la suavidad de su corazón; abría su alma por entero y de ella se esparcía como vapor invisible el más delicado perfume, el perfume de un alma hermosa, de un corazón generoso y noble" (San Bernardo, Comentario al Cantar de los Cantares, 31, 7).

3. Requisitos para ser amigos de Cristo

Habría que preguntarnos qué requisitos se necesitan para entrar en el círculo de amigos de Jesús.

Jesucristo nos contesta en el Evangelio: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando" (Jn 15, 14). Y lo que nos ha mandado Jesús es amarnos unos a otros, como Él nos ha amado.87 Él nos ha mandado rezar y vigilar.88 Él nos ha mandado ser mansos y humildes de corazón.89 Él nos ha mandado ser santos como su Padre celestial es santo.90 Él nos ha mandado cargar con su yugo.91 Y así podríamos seguir con todo el Evangelio. Ahí tenemos lo que Jesús nos ha mandado. Si lo cumplimos, seremos sus amigos.

Por tanto, para ser amigos de Jesús no es suficiente un amor de sentimientos, de emociones. Hay que amar a Jesús con un amor de entrega, de sacrificio, de fidelidad. Con un amor hecho obras. Obras son amores y no buenas razones.

Jesús no quiere amigos de conveniencia, que sólo están con Él hasta el partir el pan, pero que le dejan solo y huyen cuando se aproxima la sombra de la cruz.92 Jesús no quiere amigos que se aprovechen de Él para conseguir los mejores puestos en el cielo.93

Jesús quiere amigos humildes, pacíficos, de alma pura y libre de ataduras sensuales. Sólo a éstos acercará Jesús a su divino corazón.

A todos hay que amar por Jesús. Y a Jesús hay que amarlo por sí mismo. Sólo a Jesucristo se le debe amor total, porque está probado que Él es el único amigo totalmente bueno, totalmente leal.

CONCLUSIÓN

Sin Jesús, ¿qué podrá darnos el mundo? Vida sin amistad con Jesús es infierno horroroso. Vida en amorosa amistad con Jesucristo es un paraíso lleno de delicias. "Si Jesús está contigo, no podrá dañarte ni derrotarte ningún enemigo espiritual. Quien halla a Jesús, a su amistad y enseñanzas, halla el más rico tesoro. El mejor de todos los bienes. Pero quien pierde a Jesús y a su amistad, sufre la más terrible e inmensa pérdida. Pierde más que si perdiera el universo entero. La persona que vive en buena amistad con Jesús es riquísima. Pero la que no vive en amistad con Jesús es paupérrima y miserable. El saber vivir en buena amistad con Jesús es una verdadera ciencia y un gran arte. Si eres humilde y pacífico, Jesús estará contigo. Si eres piadoso y paciente, Jesús vivirá contigo... Fácilmente puedes hacer que Jesús se retire, y ahuyentarlo, y perder su gracia y amistad, si te dedicas a dar gusto a tu sensualidad y a darle importancia exageradamente a lo que es material y terreno"(Kempis, Imitación de Cristo, II, 8).



74. Génesis 18, 17; Is 41, 8
Ex 33, 11
Am 3, 7
Tit 3, 4
Jn 15, 15regresar
José Luis Martín Descalzo, Razones para el amor, Ed. Biblioteca Básica del Creyente, p. 61-62
Cf. Mt 28, 19regresar
Cf. Mt 23, 37regresar
Cf. Jn 13, 1regresar
Cf. Jn 13, 25-26regresar
Cf. Mt 17, 1-13regresar
Cf. Mt 26, 37regresar
Cf. Lc 10, 38-42regresar
Cf. Jn 13, 34regresar
Cf. Lc 21, 36regresar
Cf. Mt 11, 29regresar
Cf. Mt 5, 48regresar
Cf. Mt 11, 29regresar
Cf. Mc 14, 50regresar
93. Cf. Mt 20, 20-28

La resurrección de Lázaro. Nicolás Froment.

Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 8: Jesús ante el pecado y los pecadores

Hemos visto aspectos exteriores de la personalidad de Jesús. Ahora es el momento de meternos en lo más profundo de su corazón. Si para alguien ha venido Jesucristo ha sido para los pecadores, para todos nosotros que sentimos los arañazos de nuestra naturaleza humana, herida por el pecado original. Canta la liturgia de la Vigilia Pascual: "¡Feliz la culpa, que nos mereció tan noble y tan gran Redentor!". Jesucristo, sí, odió el pecado, pero buscó y amó con gran misericordia al pecador, porque vino a salvar lo que estaba perdido. Nadie debe sentirse excluido de su Corazón misericordioso.

Jesucristo vino a salvar a los pecadores. Esa fue la misión encomendada por el Padre desde el momento de la Encarnación. El eje central de su vida fue la lucha contra el mal radical, el pecado, que es lo único que nos aleja de Dios y nos impide la comunión con Él. Nadie mejor que Jesús ha comprendido la maldad del pecado en cuanto ofensa a la grandeza y al amor de Dios.

1. Jesús y los pecadores

¿Cuál es la postura de Jesús ante el mal moral, ante el pecado y ante los pecadores?

Jesús-pecado: he aquí dos palabras opuestas, contradictorias. Más opuestas que lo blanco y lo negro, que la paz y la violencia, que la vida y la muerte. El pecado es el reverso de la idea de Dios. Dios es la fuerza; el pecado es, no otra fuerza, sino la debilidad. Dios es la unidad, el pecado es la dispersión. Dios es la alianza, el pecado es la ruptura. Dios es la profundidad, el pecado la frivolidad. Dios lo eterno, el pecado la venta a lo provisional y fugitivo.

Y, sin embargo, el pecado es algo fundamental en la vida de Jesús. Probablemente no se hubiera hecho hombre de no ser por el pecado, pues la lucha contra el mal, que obstaculiza la llegada del Reino, constituyó una tarera centra en su vida terrena. Jesús no tuvo pecado alguno. Y, sin embargo, nadie como él entendió la gravedad del pecado, porque al ser Hijo del Padre podía medir lo que es una ofensa a su amor.

Por eso, conozcamos cuál fue la postura de Jesús ante el pecado y los pecadores, saber qué entendió por pecado, cuáles valoraba como más graves y peligrosos, cómo trataba de hacer salir de él a cuantos pecadores encontraba en su camino.

Comencemos por decir que en el mundo bíblico el pecado no fue nunca la violación de un tabú, como era típico de las tribus primitivas. La predicación de los profetas conducirá a los judíos hacia una visión del pecado como algo que vicia radicalmente la personalidad humana, ya que implica una desobediencia, una insubordinación en la que intervienen inteligencia y voluntad del hombre, contra el mismo Dios personal y no contra un simple fatum abstracto.

Las mismas palabras hebreas y griegas con las que la Biblica designa el pecado acentúan este carácter voluntario y personal. En hebreo es la palabra hatá que significa "no alcanzar una meta, no conseguir lo que se busca, no llegar a cierta medida, pisar en falso", y, en sentido moral, "ofender, faltar a una norma ética, infringir detrminados derechos, desviarse del camino recto". La versión de los setenta suele traducir ese hatá hebreo por amartía, amartano que también significan "fallar el blanco o ser privado de algo".

Esta idea de ruptura es acentuada por los profetas que ven siempre el pecado como la negativa a obedecer una orden o seguir una llamada. En Amós es la ingratitud; en Isaías, el orgullo; en Jeremías, la falsedad oculta en el corazón; en Ezequiel, la rebelión declarada. En todos los casos la ruptura de un vínculo, la violación de una alianza, la traición de una amistad. Cada vez que uno peca repite la experiencia de Adán, ocultándose de Dios.

Por todo esto se explica que Dios tome tan dramáticamente el pecado, no como una simple ley violada, sino como una amistad traicionada, un amor falseado. Por eso en la redacción del decálogo se pone en boca de Yavé esta terrible denominación de los transgresores: aquellos que me odian, mientras que llama a los que cumplen los mandamientos los que me aman (cf Ex 20, 5-6).

¿Qué significaba el pecado en tiempos de Jesús?

Para la comunidad de monjes de Qumram, que escapaban al desierto, el mundo estaba podrido; por eso se pasaban todo el día con bautismos, abluciones y oraciones de purificación. Los fariseos se creían los separados, los puros...el resto es pecador.

Para Jesús no es que todo sea pecado y sólo pecado. Sus metas son positivas y luminosas, pero sabe muy bien que al hombre no le basta el querer para salvarse. Sabe que ha venido para salvar al hombre del pecado. Pero invita a la conversión: sin ella no se podrá entrar en el reino de Dios (cf Mt 3, 2; Mc 1, 15). Este es un Reino que sólo puede construirse después de haber destruido los edificios del mal y de haber retirado sus escombros. Casi se diría que Jesús exagera su interés por los pecadores, cuando afirma con atrevida paradoja que ha venido a llamar, no a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 12), cuando se presenta como médico que sólo se preocupa por las almas enfermas (cf Mc 2, 17). Su interés será tal que será acusado de andar con publicanos y pecadores (cf Mt 9, 12) y de mezclarse con mujeres que han llevado vida escandalosa (cf Lc 7, 36-42). Él mismo resumirá el sentido de su vida en la Última Cena declarando que su sangre será derramada en remisión de los pecados (cf Mt 26, 27) y, tras su muerte, pedirá a sus apóstoles que continúen su obra predicando la penitencia para la remisión de los pecados a todas las gentes (cf Lc 24, 44-48).

Para Jesús, ¿qué significaba, pues, el pecado?

No era sólo la trasgresión literal de una ley, como era para los escribas y fariseos, que se quedaban en lo secundario y olvidaban lo principal (cf Mt 23, 23-24). Para Jesús el pecado nace del interior del hombre (cf Mt 15, 10-20); por eso, es necesaria la circuncisión del corazón de la que habló Jeremías (4, 4). Para Jesús el pecado es una esclavitud con la que el hombre cae en poder de Satán (cf Lc 22, 3); sabe que el mismo Satanás busca a sus elegidos para cribarlos como el trigo (cf Lc 22, 31). Para Jesús, bajo el pecado hay siempre una falsa valoración de las cosas, pues el corazón humano se deja arrastrar de lo inmediato y de las satisfacciones sensibles.72 Así, pues, el pecado para Jesús es un desamor a Dios, un desprecio a los demás; es decir, es una ofensa a Dios y al prójimo.

¿Cuáles son los más grandes pecados para Jesús?

El primero de éstos es la hipocresía religiosa, especialmente cuando formas o apariencias religiosas se usan para cubrir otros tipo de intereses humanos (cf Mt 23), pero pisotean la justicia, la misericordia y la lealtad.

Otro pecado muy grave es el desprecio a su mensaje o a su invitación (cf. Lc 14, 15-24). Quienes oyeron su mensaje y no lo cumplen serán juzgados más severamente (cf Mt 10, 15; 21, 31).

El escándalo a los pequeños es de especial importancia (cf Mt 18, 6-7; Lc 17, 1-3).

El pecado de soberbia (cf. Lc 18, 9-14).

El pecado de ingratitud (cf. Lc 17, 11-19).

El pecado de apego a las cosas materiales (cf. Mt 19, 16-26)

Todos los pecados que se oponen al amor al prójimo son graves para Jesús: "Id, malditos, al fuego eterno, porque tuve hambre y no me disteis de comer..." (Mt 25, 41-46).

No sólo los pecados de acción son graves; también los de omisión. Bastará recordar la parábola de los talentos en la que uno de los siervos es condenado a las tinieblas exteriores sólo por no haber hecho fructificar su denario (cf Mt 25, 30).

No es que Jesús no condenara los pecados de idolatría, blasfemia o adulterio; pero como los doctores de la ley lo repetían a todas horas, Jesús quiso poner énfasis en otros pecados que no se tomaban en serio. Incluso pedía la pureza del corazón, de pensamiento y de deseo (cf. Mt 5, 27-29).

¿Y el pecado imperdonable? Se trata de la blasfemia contra el Espíritu Santo (cf Mt 12, 30-32). Maximiliano García Cordero dice que ese pecado contra el E.S. "No es un pecado concreto, como trasgresión de un precepto divino determinado, sino una actitud permanente de desafío a la gracia divina"; ese cerrarse a Dios, ese rechazo de su obra y su mensaje hace imposible el arrepentimiento y, con ello, el perdón de Dios.

2. Jesús y los pecadores

¿Cómo trata Jesús a los pecadores? Jesús distingue perfectamente pecado y pecador. Con el pecado, Jesús es exigente e intransigente. Con el pecador, tierno y misericordioso. En todo pecador ve a un hijo de Dios que se ha descarriado. Sus palabras se ablandan; su tono de voz se suaviza; corre él a perdonar antes de que el pecador dé signos evidentes de arrepentimiento.

¿Qué hizo Jesús con los pecadores? Dedicación especial (cf Lc 4, 18-19; 7, 22-23; Mt 15, 24; 9, 35-36; Mc 2, 17), sean ricos (publicanos) o pobres. Se dedica a ellos con gestos muy significativos: come con ellos. Comer con alguien era signo de comunión mutua. Él come con ellos para acercarlos al banquete de Dios. Jesús ama primero al pecador y después le invita a la conversión.

Jesús aclara su postura con tres razones:

Todos los hombres pecan: luego a todos se debe acoger (cf Jn 8, 7).
Él es la encarnación de la misericordia de Dios. Y Dios es el Dios de todos (cf Mt 5, 45).
Los pecadores necesitan ser acogidos para salvarlos (cf Lc 19, 10).

Pero la actitud de Jesús ante los pecadores esconde mucho más:

Todos han de reconocerse pecadores para que Él pueda acercarse y traerles la salvación (cf Mt 9, 13).

No tiene resentimiento contra los poderosos, discriminándoles, sino interés por los necesitados; así se ha de entender la tendencia a preocuparse más por los necesitados.

Jesús se acerca al pecador, pero no admite la falta cometida. Reconoce que los pecados no deben aceptarse (cf Jn 8, 11); por eso invita siempre al pecador a la conversión.

Jesús, pues, no prefiere a unos hombres sobre otros: Él ha venido a buscar lo que estaba perdido. Su objetivo es el hombre para salvarlo, sea quien sea (cf Lc 7, 50).

El culmen de la postura de Jesús ante los pecadores es su muerte (cf Mt 26, 28; Lc 23, 34). Este punto se profundizará más adelante.

Aunque Jesús buscó siempre con amor a los pecadores, y aunque muchos se abrieron a sus rayos salvadores...no siempre triunfará el amor de Jesús. Fracasó con muchos, porque se cerraron a su amor, a su perdón. Tenemos el caso de Judas, de los fariseos. Fracasaría con su ciudad querida de Jerusalén: "Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella y dijo: ¡Si al menos en este día comprendieras lo que lleva a la paz!..." (Lc 19, 41-44).

Cuando leemos algunas palabras duras de Jesús, como, por ejemplo, "Si tu mano o tu pie es para ti una piedra de tropiezo, córtatelo o arrójalo lejos de ti..." (Mt 18, 8), nos hacen reflexionar sobre algo muy serio: la posibilidad del fracaso total, definitivo e irreversible, llamado infierno. Si Jesús es duro, y predica la conversión, es porque quiere evitarnos este terrible fracaso. El infierno es la verdadera amenaza del hombre, que destruye alma y cuerpo (cf Mt 10, 28). Jesús, es verdad, no es un Dios de infierno en ristre, ni un neurótico del averno, pero no deja de mirar con terror esa horrorosa posibilidad con la que el hombre se enfrenta. Cree en el infierno y nos engañaría si no nos advirtiera ese espantoso riesgo. Por eso, claramente dice que quien no haga suya la vida que Él trae y no cumpla los mandamientos y muera sin arrepentirse les espera el más total y radical de los fracasos. Un fracaso, cuyo centro es la lejanía eterna de Dios por haberlo rechazado; un cataclismo ontológico para quien, habiendo sido amado por Dios hasta el punto de llamarlo hijo suyo en Cristo, rechaza obstinadamente a ese amor y con ellos su plena realización.

Dejemos claro una cosa. Jesús no es el condenador, sino el libertador. Él vino a traer la luz y no sólo a anatematizar la oscuridad. Por eso no le gusta que los hombres vivan obsesionados por si se salvarán o por cuántos se salvarán. Pero sí quiere que vivan dedicados a salvarse, que es el único negocio importante, urgente y personal; si perdemos este negocio, hemos perdido todo. Además nos invita siempre a la esperanza, nos pone todos los medios para esa total realización humana soñada y querida por Dios, que es la salvación eterna. Si se trata de ganar un pleito, o un juicio o conseguir un empleo o hacer un negocio temporal... se mueve cielo y tierra, se hacen mil diligencias y se trabaja hasta altas horas de la noche. Y para alcanzar la vida eterna y salvar el alma, ¿qué hacemos? Hay quienes viven como si la muerte, el juicio, el infierno y el cielo fueran fábulas o cuentos, y no verdades eternas reveladas por Dios y que debemos creer.

La palabra que resume la actitud de Jesús ante los pecadores es misericordia. Para el mundo grecolatino, antes de la venida de Cristo, la misericordia era un defecto y una enfermedad del alma. El filósofo Séneca, por ejemplo, dice que la misericordia es un vicio propio de viejas y mujerzuelas. Esta enfermedad, concluye Séneca, no recae sobre el hombre sabio.73 Tuvo que venir Cristo del cielo para gritarnos que la misericordia es el más sublime gesto de caridad...Es más, que la misericordia tiene un nombre: Jesucristo. Dios al encarnarse se hizo misericordia y perdón.

3. Nosotros ante el pecado y los pecadores

Sería bueno que repasemos un poco lo que es el pecado y cuáles son los pecados, para que cada día lo desterremos de nuestra vida, pues el pecado ha sido, es y será la mayor desgracia que nos puede acontecer en la vida.

El pecado existe. Es una realidad que brota del corazón del hombre, por instigación de Satanás que se sirve de sus engaños y de nuestras pasiones desordenadas. No es un error humano, una distracción o una fragilidad. Es, más bien, la negación de toda dependencia, la obstinación en quedarme en mí mismo, decidir por mí mismo. Es la decisión de procurarme por mí mismo la propia felicidad, de realizarme sin interferencias, y consecuentemente el rechazo de instaurar con Dios y con los demás una relación de amor. El pecado es egoísmo exagerado. Es preferirse a sí mismo, anteponerse a sí mismo a Dios y a los demás. Es trastocar el orden puesto por Dios y poner otros ídolos, otros intereses, a uno mismo en el puesto de Dios.

Todos hemos pecado, menos Jesús y su Madre Santísima.

¿Cuáles son los pecados?

Está el pecado original que cometieron nuestros primeros padres, Adán y Eva. Adán, como jefe de toda la humanidad, transmite a cada uno de los hombres este pecado, en cuanto padre de la humanidad, y como tal, lo contraemos todos sus descendientes.

Está el pecado actual o personal: es aquel cometido voluntariamente por quien ha llegado al uso de razón. Tal pecado se puede cometer de cuatro maneras: con el pensamiento, con las palabras, con las obras, con las omisiones. Y todo esto puede ser contra Dios, contra el prójimo o contra nosotros mismos. Este pecado personal puede ser, a su vez: mortal o venial.

El pecado mortal es una desobediencia a la ley de Dios en materia grave, cometida con plena advertencia de la mente y deliberado consentimiento de la voluntad. ¿Qué materia sería grave? Negar o dudar de la existencia de Dios; negar una verdad de fe definida por la Iglesia; blasfemar de Dios, la Virgen, los Santos; no participar de la misa sin algún motivo grave; tratar en modo gravemente ofensivo a los propios padres o superiores; matar a una persona o herirla gravemente; procurar directamente el aborto; cometer actos impuros consciente y deliberadamente; impedir la concepción con métodos artificiales; robar objetos de mucho valor; calumniar; cultivar y consentir pensamientos y deseos impuros; cumplir graves omisiones en el cumplimiento del propio deber; recibir un sacramento en pecado mortal; emborracharse o drograrse en forma grave; callar en confesión, por vergüenza, un pecado grave; causar escándalo al prójimo con acciones o actitudes graves .

¿Cuáles son los efectos que produce en el alma el pecado mortal? Mata la vida de gracia en el alma, es decir, rompe la relación vital con Dios; separa a Dios del alma; nos hace perder todos los méritos de cosas buenas que estemos haciendo; hace al alma digna del infierno; se nos cierran las puertas del cielo.

¿Cómo se perdona este pecado mortal? Con una buena confesión; o con un acto de contrición perfecta, unido al propósito de una confesión.

El pecado venial es una desobediencia a la ley divina en materia leve; o también en materia grave, pero sin pleno conocimiento y consentimiento. ¿Qué efectos produce el pecado venial? Entibia el amor de Dios, me enfría la relación con Él; priva al alma de muchas gracias que hubiera recibido de Dios si no hubiese pecado; nos dispone al pecado grave; hace al alma digna de penas temporales que hay que expiar o en esta vida o en el purgatorio. El pecado venial se borra con el arrepentimieno, con buenas obras (oraciones, misas, comunión, limosnas, obras de misericordia).

Los pecados capitales son siete, y se llaman capitales porque son cabecillas de otros pecados. Son éstos: Soberbia: es una exagerada estima de sí mismo y de las propias cosas y cualidades, acompañada de desprecio hacia los otros. Avaricia: es un deseo desmesurado de dinero y de haberes. Lujuria: es un desordenado apetito y uso del placer sexual. Ira: es un impulso desordenado a reaccionar contra alguno o contra algo que fue ocasión de sufrimiento o contrariedad. Pereza: Es una falta de voluntad en el cumplimiento del propio deber y un desordenado uso del descanso. Envidia: es un sentimiento de tristeza o dolor del bien del prójimo, considerado como mal propio. Gula: es la búsqueda excesiva del placer que se encuentra en el uso de los alimentos y bebidas.

Están, también, los pecados que claman al cielo: homicidio voluntario, pecado impuro contra naturaleza (homosexualidad), opresión de los pobres, no dar la paga justa a los obreros.

Finalmente, está el pecado contra el E.S.: desesperar de la salvación, presumir de salvarse sin mérito, luchar contra la verdad conocida, envidia de la gracia ajena, obstinación en los pecados, impenitencia final a la hora de la muerte.

CONCLUSIÓN

De todo lo que hemos visto concluimos lo siguiente:

Debemos odiar el pecado, desterrarlo de nuestra vida, luchar contra todo tipo de mal que tengamos en nuestro corazón.

Debemos renunciar al pecado, denunciarlo desde todos los púlpitos, con energía y respeto, y anunciar la Buena Nueva de la gracia.

Pero debemos rezar por los pecadores, comprenderlos, no juzgarlos, tratar de ayudarlos para que vuelvan a Dios y a las fuentas de la misericordia de Dios. Nunca condenarlos.

No nos alejemos de la casa de Dios Padre. En la casa de Dios Padre encontramos la luz, el calor, la seguridad, alegría y el amor...Fuera de la casa de Dios Padre encontramos oscuridad, frialdad, inseguridad, indiferencia de los demás, tristeza. Y si no, preguntémosle a ese hijo pródigo del evangelio (cf. Lc 15, 11ss). Y cuando tengamos la desgracia de alejarnos, aún hay posibilidad de volver, arrepentirse y abrazar a Dios, que desde siempre ha dejado la puerta de su corazón abierta a todos.


72. Baste recordar aquí la parábola del hijo pródigo (Lc 15) o la de los invitados descorteses (Lc 14, 15-24).
73. Cfr. Séneca, De Clementia, 2, 4-5


Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 7: ¿Por qué Jesús hacía milagros?

El mensaje de Jesús y su estilo personal nos ha dejado un profundo interrogante: ¿Quién es Jesús? Nadie ha hablado como Él; ha hecho añicos la piedad farisea; ha presentado de Dios una concepción que, empalmando con lo más puro del pensamiento hebreo, lo ha desbordado al mismo tiempo por completo. Su palabra es sublime, única, trascendente. Pero, ¿qué garantías da? ¿Qué ha hecho Jesús que le autorice a hablar así? Si abrimos los Evangelios veremos que las palabras de Jesús van unidas íntimamente a unas obras excepcionales que las acreditan y las hacen eficaces. Son los milagros. Sus milagros son signos inequívocos de la llegada del Reino que Él predica.

Los milagros son la garantía y la confirmación de su palabra y predicación, pues predicación y obras van íntimamente unidas. Además, los milagros son signos inequívocos de la llegada del Reino y manifestan el dominio que Él tiene sobre todos los seres de la creación: sobre los espíritus, los hombres y los seres irracionales. Antes de realizar el milagro Cristo pide fe y humildad. Con los milagros, Jesús busca la conversión y la vuelta a Dios.

1. Características de los milagros de Jesús

No se puede separar el mensaje de Jesús con los signos o milagros, pues éstos confirman el mensaje.

Jesús realiza siempre sus milagros en el contexto del Reino, buscando la conversión. Por eso reprende a las ciudades de Cafarnaún, Corazaín y Betsaida, porque, habiendo visto los milagros que han visto, no se han arrepentido (cf Mt 11, 20-24).

Jesús realiza los milagros como signos de que ha llegado el Reino. Fuera de este contexto no obra milagro alguno. Cuando le piden un número de circo, como en el caso de Herodes o en su propio pueblo, se niega en redondo (cf Mc 6, 5; Lc 23, 9).

Jesús obra los milagros en nombre propio. No los hace en nombre de Yavé, como los profetas en el Antiguo Testamento. Sus palabras son: "Yo te lo digo, yo te lo ordeno".

Jesús los hace con total sencillez y movido por el amor. Nada de formas mágicas, ni intervención quirúrgica; nada de procesos hipnóticos o sugestión. Realiza los milagros conmovido en su corazón y siempre en un contexto religioso. La máxima discreción circunda su actividad taumatúrgica. Nunca se busca a sí mismo, nunca obra un milagro para deslumbrar. A los curados recomienda silencio. Cuando el pueblo le exalta, Jesús se marcha (cf Jn 6, 15; Mc 5, 39; Jn 11,6). Nunca obró prodigios punitivos para deslumbrar o explotar el miedo del pueblo supersticioso, como vemos en los apócrifos.

Los milagros de Cristo tienen también una dimensión apologética, es decir, los realiza como signos de que el Padre le ha enviado. Nicodemo así lo reconoce (cf Jn 3, 2). O el ciego de nacimiento (Jn 9, 33). Sus obras prueban, por tanto, su origen divino (cf Jn 5, 36).

2 Sentido de los milagros de Jesús

Jesús con sus milagros, curaciones, exorcismos pretende destruir efectivamente el dominio de Satanás, que subyuga al hombre por medio del pecado, la enfermedad y la muerte; y así, establecer el reino de Dios en la tierra y en cada corazón. Jesús con sus milagros manifiesta su omnipotencia y su divinidad, hechas amor por el hombre.

Tratando de resumir el sentido teológico de los milagros diremos lo siguiente:

Son signos de contenido religioso y están conectados con la presencia del Reino.

Son signos de contenido soteriológico y manifiestan que Dios salva y es capaz de salvar en el tiempo. Jesús trae la salvación completa (cuerpo y alma), una salvación sobre todo espiritual, una salvación eterna.

Son signos de sentido cristológico: Jesús es el milagro primero de donde se derivan los otros.

Son signos de contenido trinitario: el origen y la raíz de los milagros es la unión de Cristo con su Padre, en el Espíritu Santo.

Son signos de contenido escatológico, pues hacen presente una realidad que aún está escondida: el triunfo de Dios y la transformación de la naturaleza en obediencia a la voluntad de Dios.

3. Los milagros de Jesús y la historia

Hay quien admite sin problemas la historicidad del mensaje de Cristo, pero no la de sus milagros. Contestemos.

Los relatos de los milagros en los evangelios no son un apéndice del que se pudiera prescindir. En concreto, en el evangelio de Marcos, si prescindimos del relato de la pasión, los milagros de Cristo suponen el 47% de su Evangelio. Como dice Trilling: "Los relatos de milagros ocupan tan extenso lugar en los Evangelios que sería imposible que todos ellos hubieran sido inventados posteriormente y atribuidos a Jesús".71

Además, los milagros aparecen estrechamente unidos al mensaje de Jesús. Ambos, predicación y milagros, aparecen como signos de la llegada del Reino: tienen la misma intención y responden a la misma lógica.

Otro dato importante es que muchos milagros de Jesús tuvieron un carácter público. No se trata de rumores, sino de milagros hechos delante de todo Israel, como la multiplicación de los panes (cf Jn 6) o la resurrección de Lázaro, que fue comprobada por los judíos de Jerusalén (cf Jn 12, 18).

Es más, los Evangelios fueron escritos cuando todavía vivían los contemporáneos de Jesús, que podrían haber negado sus milagros, o haber dicho que eran falsos. De hecho, nadie, ni siquiera los enemigos de Jesús, negaron que Jesús realizara prodigios. Los fariseos no los pueden negar y usan el recurso de atribuirlos al poder del diablo (cf Mt 12, 26-27). Es curioso que una tradición judía que aparece en el Talmud babilónico hable también de los milagros de Cristo atribuyéndolos a la magia.

La historicidad de los milagros de Cristo queda garantizada no sólo por el hecho de que aparecen en todas las fuentes que componen los Evangelios, sino porque, si se les compara con los relatos helénicos de milagros, aparece una evidente diferencia con ellos, aunque estén relatados con la misma estructura (exposición de la enfermedad, petición de curación, curación y acción de gracias). Los de Cristo son sobrios, no hay magia ni artilugios raros; siempre en contexto de oración.

El hecho de que un mismo milagro sea narrado con algunas diferencias entre los evangelistas avala la historicidad, pues siempre coinciden en lo fundamental. Las diferencias provienen del estilo mismo de los evangelistas, su finalidad concreta para su auditorio concreto. Por ejemplo:

Mateo narra lo esencial de los milagros y deja los detalles, lo anecdótico: su interés se concentra en Jesucristo. Describe los milagros para enseñar la doctrina de Jesús, para orientar en su seguimiento. Los milagros son un medio excelente para mostrar el cumplimiento de las promesas hechas en el A.T. y para enseñar cuál es la postura cristiana, cómo se debe creer y esperar. La llegada de Jesús y sus acciones proclaman que Jesús es el Mesías prometido y que se le debe seguir.

Marcos describe los milagros añadiendo datos pintorescos que parecen tener una importancia secundaria: dice el nombre del curado (10, 46) y sus reacciones espontáneas. Los milagros son signos de la gran novedad y de la autoridad de Jesús. Después de realizar los milagros, aparece el comentario: la admiración de los que han visto el hecho, su temor, su alabanza, su adoración (1, 27; 2, 12; 4, 41; 5, 14.20.42; 7, 37). La palabra y la acción poderosa de Jesús van juntas, para destruir el poder del maligno y hacer presente el Reino de Dios. El silencio cristiano, el ocultamiento del misterio de Jesucristo en Marcos tiene una finalidad concreta: no desvirtuar el mesianismo religioso de Jesús y convertirlo en político.

Lucas interpreta, conforme a su teología, los milagros como la presencia misericordiosa de Dios en Jesucristo. Por ello son motivo para alabar y glorificar (18, 43; 23, 47). Los milagros son muy importantes para mostrar que la salvación ya se está realizando en el tiempo de Jesús, que es el tiempo de la gracia. La fuerza de la curación está en el mismo Jesús.

Juan narra un número pequeño de milagros (siete). Y cada milagro tiene una significación profunda: la curación del paralítico le da ocasión para exponer que Jesús obra como el Padre (5, 17); la multiplicación de los panes para decir que Jesús es verdadero pan (6, 35); la curación del ciego, para darle a conocer como la luz del mundo (9, 57); la resurrección de Lázaro, para mostrarle como la Resurrección y la Vida (11, 25). Los milagros que realiza Jesús muestran su ser. Por eso los que no los aceptan son culpables (10, 37; 15, 24). Estos milagros no son importantes por ser hechos maravillosos, sino por lo que significan: dan testimonio de que el Padre le ha enviado (5, 36), son la manifestación de la común acción entre Jesús y su Padre (10, 30; 14, 11).

No cabe decir que los milagros de Cristo son ambiguos y que sólo la fe los puede discernir: no son ambiguas las obras de Dios, sino el corazón del hombre. Cristo lo dice claramente: "Si no me creéis por lo que os digo, creedme al menos por las obras" (Jn 10, 38).

CONCLUSIÓN

Los cristianos más sencillos tienen una gran capacidad para comprender la presencia de Dios en su historia. Recurren a Él frecuentemente y experimentan su ayuda. Esta es una verdadera experiencia cristiana. Ahora bien, cuando se den casos de desequilibrios psicológicos y de engaños milagreros, será la misma Iglesia, como Madre y Maestra, la que irá orientando amorosamente a sus hijos, para que no caigan en excesos. Como también explicará, cuando sea necesario, a quienes se dejen llevar de racionalismo exacerbado y nieguen todo hecho sobrenatural, comprobado y ratificado, para que sepan abrirse con fe a la acción de Dios que obra, no en contra de las leyes físicas, sino más allá de las leyes físicas.



71. W. Trilling, Jesús y los problemas de su historicidad, Barcelona 1975, 121.

Cena en Emmaus. Jacopo Bassano.

Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 6: Jesús y los apóstoles

Para cumplir su misión, Jesús no se bastaba a sí mismo. Quiso rodearse de un grupo de amigos. Los necesitaba, ¿por qué no? No vive en una lejana nube de admiración distante. Está con ellos. Vive con ellos. Les habla, les forma, les educa. Come con ellos. Un Buda y un Mahoma están humanamente mucho más lejos de sus seguidores que Jesús de sus apóstoles. En lo humano, entre Jesús y los suyos hay una hermosa corriente de compañerismo y fraternidad. En lo divino, sí, hay una barrera que marca el misterio de la divinidad. A estos íntimos, les hace partícipes de sus secretos, de su amistad, de su misión.

Jesús en su paso por la tierra quiso formar una comunidad de íntimos, con la que comenzó su Reino, su Iglesia. Los eligió porque Él quiso, y los llamó de distintos pueblos, condiciones sociales y modos de pensar. Ellos, para seguir a Jesús, dejaron todo, y se lanzaron a este mundo, confiados en este Jefe y Maestro, que les ha invitado, viviendo bajo el aire y el sol, y durmiendo donde les sorprendía la noche.

1. Características de estos doce

Los elige uno por uno, así como son, con cualidades y defectos. Cada uno es distinto. Distintos en pueblo, condición social e ideología: unos eran ricos, otros pobres; revolucionarios algunos, colaboracionistas aprovechados otros; solteros, unos, y casados, otros; unos más íntegros moralmente; otros, no tanto. A todos ellos, Jesús llama libremente, no porque hubieran hecho algo especial, sino porque Él quiso, sin mérito alguno. Constituyen un grupo elegido.

Los forma en grupo. Jesús les forma de manera especial, les abre su corazón, les explica a solas su mensaje profundo. Les revela quién es su Padre celestial. Jesús actúa con ellos de manera muy diferente a la de un maestro que transmite una enseñanza teórica. Se hace compañero de tarea y misión. No es un Sócrates que enseña desde su elevado puesto, sino un amigo íntimo que comparte y vive con ellos la misma suerte y destino, come con ellos en la misma mesa y duerme a su lado. Les forma en la vida cotidiana.

Los lanza a la misión de dos en dos, nunca en solitario. La misión hay que hacerla juntos. Los lanza a la predicación, a anunciar ese Reino que Jesús vino a establecer aquí en la tierra y que tendrá su cumplimiento allá en el cielo. En esa tarea les promete su asistencia, pero no les ahorrará dificultades y las espinas del camino. Lucharán, sufrirán, serán perseguidos.36 No les esconde la cruz. Al contrario, les invita a llevarla todos los días.

Con ellos crea un nuevo estilo de vida, cuya ley suprema es la libertad y el amor. Los quiere libres. Por eso, les invita a seguirle, no les obliga. Esta libertad engendra alegría. Los quiere alegres, porque está con ellos el Esposo en plena fiesta y banquete.37 Esta libertad no es la libertad para hacer lo que les venga en gana. Es, más bien, la libertad de los hijos de Dios, que quiere a Él sólo servir.

La Causa del Evangelio, de la Buena Nueva, les exige dejar todo, para seguir radicalmente a Jesús. Tendrán que romper todos los lazos familiares, no porque ya no quieran a su familia, sino porque lo exige la dedicación total, absorbente a la Causa del Reino. Deben optar por Cristo y dedicarse a Él las veinticuatro horas del día, desprendiéndose de todo lo demás.

2. ¿Qué misión les encomendó?

Estar con Él: misión a vivir con Él, a hacer la experiencia íntima de Él, a tenerlo como amigo íntimo del alma, hasta llegar a pensar como Él, sentir como Él, amar como Él. Es lo que llamamos la identificación real con Jesús.

Predicar el evangelio a todo el mundo: para que todos los hombres lleguen a conocer a Jesucristo y su mensaje de salvación. Por eso, se lanzaron por todas partes y gracias a ellos se esparció la semilla del Evangelio.

Ser luz del mundo: Luz que ilumina todos los rincones de la sociedad. Luz que calienta los corazones fríos.

Ser sal de la tierra: sal que da sabor a la vida. Sal que preserva de la corrupción.

Echar demonios: echar demonios del cuerpo y demonios del alma.

Curar enfermos: curar cuerpos y curar almas.

Enseñar a guardar todo lo que Él les ha mandado: fidelidad al mensaje.

Bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: para hacer a todos hijos de Dios.

3. ¿Quiénes son los doce?

Simón Pedro es quien tiene la más recia personalidad del grupo y es un hombre de una sola pieza. Llamado por Jesús, mirado por Jesús, escogido por Jesús. Más allá del pescador de Galilea veía Jesús a toda su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Así como conoce su pasado, también sabe cuál es su porvenir: "Tú serás llamado Cefas". Confiesa la divinidad de Jesús.38 Un líder indiscutible, ardiente, orgulloso, terriblemente seguro de sí mismo, enemigo de las medias tintas, duro en sus palabras, emocionante en su fidelidad al Maestro, dramático en su traición, generoso en su arrepentimiento. Testigo de la resurrección de la hija de Jairo,39 de la transfiguración en el Tabor,40 de la agonía de Cristo en Getsemaní.41 Quiso andar sobre las olas, pero dudó de Jesús.42 Jesús le hizo jefe del grupo, pero a renglón seguido, le corrige sus miras humanas y terrenales.43 A pesar de su caída, Jesús le recupera y le confiere el primado después de la pesca milagrosa: "Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos".44 Jesús predijo su martirio45 y Pedro dará la vida por Él, con gusto y valentía.

Andrés, su hermano: un tanto tímido, profundamente religioso. Más constante que su hermano Pedro. Austero. También llamado, escogido por Cristo. Será Andrés quien presentará a Jesús unos griegos que querían verle.46 Será él quien preguntará a Jesús sobre el fin del mundo.47

Santiago el Mayor, de genio vivo, ambicioso. Fue el primero en morir por Jesús, martirizado por Herodes Agripa.48 No olvidemos que ya Cristo había predicho su martirio como respuesta a su ambición.49 Comido por el celo de Dios, decidido a imponer las cosas a sangre y fuego.50 Uno de los tres preferidos del Maestro.

Juan, el hermano de Santiago: joven, fresco, virgen, culto, discípulo amado. Enamorado de la luz y de la verdad. Valiente hasta la cruz. Jesús le reprocha su espíritu vengativo.51 Presente también, como Pedro y su hermano Santiago, en la resurrección de la hija de Jairo, en el Tabor y en la agonía de Jesús. Ayuda a Pedro a preparar la Pascua.52 En la Última Cena tuvo la gracia de recostarse en el seno de Jesús y escuchar los latidos de su sacratísimo corazón.53 Cristo le confía a su Madre.54 Llega el primero al sepulcro vacío de Cristo, vacío; vio y creyó.55 Reconoce a Cristo cuando se aparece junto al lago de Tiberíades, con esa mirada de águila que tenía56. Es encarcelado, juzgado y puesto en libertad, como nos dicen los hechos de los apóstoles.57

Felipe de Betsaida: hombre sencillo, comunicativo. Llamado por Jesús.58 Jesús le preguntó dónde comprar panes para dar de comer a esa multitud.59 Y él, realista y con los pies en la tierra, le dice que no bastaría el sueldo de un año para que cada uno recibiera un pedazo60 En la Última Cena dijo a Jesús una de las oraciones más bellas que ha recogido el Evangelio: "Muéstranos al Padre y eso nos basta".61

Bartolomé o Natanael: Es uno de los de mayor vida interior del grupo, pero es también cauteloso y desconfiado. Alguien que, antes de aceptar las razones del que le habla, las mira y las remira sin precipitaciones. Tal vez ha tenido ya alguna gran desilusión en su vida cuando Felipe le habla de que ha descubierto al Mesías. Jesús le elogia.62

Tomás pasará a la historia como símbolo de la desconfianza. Un poco contradictorio. Apasionado, unas veces, como cuando dijo: "Vayamos también nosotros a morir con él" (Jn 11,16). Sincero y destemplado, otras veces, como cuando dijo: "Si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?"(Jn 14,5). Independiente, arisco y solitario, pues no estaba con los demás cuando Jesús se apareció resucitado (cf. Jn 20, 24-29).

Mateo es un personaje extraño en el grupo. Un publicano, colaboracionista con los romanos. Pero, tan pronto como conoció a Jesús, dejó todo y lo siguió, ofreciéndole un gran banquete en su casa.63

De Santiago el menor nada nos dicen los Evangelios, a pesar de que era, probablemente, primo carnal de Jesús, hijo de la otra María, hermana de la madre de Jesús. De su vida y su carácter lo único que podemos saber surge de la carta que conocemos como suya. Es un hombre que detesta la envidia, la murmuración y la mentira; y ama la misericordia y la comprensión. Hombre duro en su palabra, trata a latigazos a los ricos, pero levanta en todas sus páginas la bandera de la tolerancia entre los hombres y sus ideas. Fue el primer obispo de Jerusalén.64

Menos aún sabemos de Judas Tadeo, el hermano menor de este segundo Santiago, primo también de Jesús. También escribió una breve carta, donde amonesta a los cristianos para que no caigan en la trampa de la doctrina gnóstica.65 Recomienda fidelidad a cuanto enseñaron los apóstoles de Jesús e integridad en la vivencia de la fe.

De Simón el cananeo o celote, nada dicen los evangelios. Se indignó, como los otros nueve, contra los dos hermanos, Juan y Santiago, que pedían los primeros puestos en el Reino.66

Y Judas, el traidor. No fue el destino, ni mucho menos Cristo, quien hizo traidor a Judas. Fue él quien eligió la traición. Y lo hizo poco a poco. Jesús lo eligió "en" esperanza, sabiendo que de él podría salir un santo, como de todos los demás. Jesús ya predijo la traición de Judas, después de la multiplicación de los panes, casi como un aviso amoroso o un salvavidas para que cambiara de plan.67 Su actitud, después de la unción en Betania, fue muy dura y ya encerraba en germen la traición a Jesús.68 El mismo Jesús anunció su próxima traición.69 Traiciona a Cristo con el signo más sagrado de amistad, con un beso.70 Aun así, Jesús le sigue llamando "amigo" (cf. Mt 26, 50). Judas se desespera y se ahorca (cf. Mt 27, 3-8). Matías es elegido apóstol como sustituto de Judas (cf. Hechos 1, 15-26).

CONCLUSIÓN

Estos fueron sus íntimos, sus apóstoles, sus primeros cimientos. Con ellos fundó su Reino y su Iglesia. Los eligió no por ser buenos o malos, sino porque Él quiso. El amor fue el motivo de la elección. Los elige por amor. Y los elige para que llevaran su amor por todas partes.

¿Qué les dio a cambio? Su amistad, su predilección, su amor, su compañía, su consuelo, aquí abajo. Y, después, la vida eterna.

Hoy, Jesucristo sigue llamando a otros hombres y mujeres para que le echen una mano en la hermosa y enorme empresa de la Redención. Hay tanto por hacer. Hay tanto trigo que cosechar. Faltan obreros generosos, disponibles. Jesús pide manos que lleven su semilla; pide bocas que anuncien su mensaje; pide pies que lleven por doquier su Buena Nueva.



36. cf. Mt 10, 22
37. cf. Mt 9, 15
38. Cf Mt 16, 21-23
Cf Mc 5, 37
Cf Mc 9, 2-10
Cf Mc 14, 33-42
Cf Mt 14, 28-31
Cf Mt 16, 21-23
Cf Jn 21, 1-17
Cf Jn 21, 18-23
Cf Jn 12, 20-23
Cf Mc 13, 3-4
Cf Hechos 12
Cf Mc 10, 35-41
Cf Lc 9, 54-56
Cf Lc 9, 54-56
Cf Lc 22, 8-13
Cf Jn 13, 21-26
Cf Jn 19, 25-27
Cf Jn 20, 3-10
Cf Jn 21, 1-14
Cf 4, 1-23
Cf Jn 1, 43
Cf Jn 6, 5
Cf Jn 6, 7
Jn 14, 8
Cf Jn 1, 45-51
Cf Mt 9, 10-13
Cf Ga 2, 9-12; Hechos 12, 17
65. Estos gnósticos establecían una separación total entre lo material y lo espiritual, sosteniendo que el verdadero ser pneumático o espiritual no podía verse tocado ni afectado por nada de lo que hiciese la carne. Es una visión muy pesimista y errada, proveniente de la concepción platónica. El cristianismo, por el contrario, dice que la carne no es mala, porque está permeada también de espíritu; es más, debe ser el reflejo del espíritu. De ahí el cuidado, respeto y veneración que debemos tener a nuestro cuerpo. Ni exaltarlo o mimarlo, ni tampoco despreciarlo. Es un instrumento de comunicación del espíritu. Si la carne o el cuerpo fueran malos, ¿por qué el Hijo de Dios se hizo hombre, se hizo carne?regresar
66. Cf Mt 20, 20-24
67. Cf Jn 6, 70-71regresar
68. Cf Jn 12, 4-6regresar
69. Cf Jn 13, 2, 18-30regresar
70. Cf Mt 26, 48-50regresar


Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 5: Las diversas herejías cristológicas

Las diversas herejías cristológicas a lo largo de los siglos

Es curioso constatar que a lo largo de los siglos no se ha sabido entender a Jesús. Esto es lógico, porque es un misterio: un Dios con dos naturalezas, una divina y otra humana. Casi todas las herejías han mirado a Jesús desde un ángulo de vista y han despreciado o minusvalorado, consciente o inconscientemente, el otro. Pero todas las herejías han aportado mayor luz a este Misterio y la Iglesia ha podido profundizar en este Único tesoro que da razón de nuestra fe: Jesucristo. Así pues podemos decir con san Pablo: "Para los que aman a Dios, todo coopera al bien"; también las herejías, porque, gracias a ellas o a causa de ellas, ha salido resplandeciente, luminosa y espléndida la figura de Jesucristo nuestro Señor.

Jesús ha sido, es y será un misterio, porque es al mismo tiempo Dios y hombre verdadero. En Él conviven dos naturalezas distintas, la humana y la divina, en una sola Persona divina. Por eso, las diversas herejías cristológicas se han dado por no saber conjugar estas dos realidades: es al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Unos, por querer valorar la divinidad, menoscaban la humanidad. Otros, por el contrario, por querer valorar la humanidad, menoscaban la divinidad o, simplemente, la niegan. El dogma católica, en el concilio de Calcedonia, lo expresa así: "Nuestro Señor Jesucristo es verdaderamente Dios e Hijo unigénito de Dios, y verdaderamente hombre nacido de María, dotado de alma racional y de cuerpo; consubstancial al Padre según la divinidad y consubstancial a nosotros según la humanidad, en todo menos en el pecado; ambas naturalezas, perfectas y sin confusión, conforman una única persona divina"

Estas son las principales herejías o errores doctrinales sobre la persona de Jesús, Hijo de Dios:

1. Docetismo: herejía difundida en el siglo I, por Marción, Valentín y Basílides (estos últimos, gnósticos) que reduce la carne de Cristo a una apariencia: "Parece que come, parece que camina, parece que está cansado...". Tanto san Juan en sus cartas (1 Jn 4, 2) como san Ignacio de Antioquía luchan contra este error. Jesús es verdadero hombre que come, bebe, se cansa, camina, llora, se admira. Jesús caminó por las calzadas polvorientas de Israel. Jesús miró con sus propios ojos a niños inocentes, a hombres enfermos, a fariseos complicados. Jesús amó con corazón también humano.

2. Ebionismo: herejía difundida en el siglo II en ambientes judeocristianos que niega que Cristo haya sido engendrado por el Padre y reconoce en Cristo al hombre investido por el E.S. en el Bautismo. Esta herejía fue condenada por san Ireneo de Lyon diciendo que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Verdadero Dios porque sólo Dios puede dar eficazmente la salvación y restablecer la unión con los hombres. Verdadero hombre porque corresponde al hombre reparar su falta. Por ser Dios reparó la ofensa infinita que el hombre perpetró contra Dios. Por ser Hombre el hombre quedó redimido y su cuenta saldada.

3. Adopcionismo: herejía difundida en el siglo II por Teodoro el viejo y Pablo de Samosata que dice que Cristo es un simple hombre, adoptado por Dios como portador de una gracia divina excepcional. Niega, por tanto, la Trinidad y la divinidad de Cristo y la encarnación del Verbo. Volvemos a lo mismo: Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre. Se necesita fe para creer esto, pues Cristo, no lo olvidemos, es un misterio. Sólo los humildes y sencillos se abren totalmente a este misterio.

4. Gnosis cristiana:33
herejía difundida en el siglo II por Marción, Valentín, Epifanio y Simón el mago, según la cual Jesús no es Dios sino un "eón" en medio de los demás que ha venido para dar el conocimiento al hombre engañado por sus sentidos. Cristo desciende sobre Jesús en el momento del bautismo. Es una herejía, pues crea en Jesús un dualismo de personas y desvirtúa su misión divina y redentora. Fue combatida esta herejía por san Hipólito y san Ireneo. En Jesús hay una sola persona, la divina, con dos naturalezas, la humana y la divina. De nuevo, el misterio, ante el cual nuestras rodillas deben doblegarse. Si tuviera dos personas, tendría también dos personalidades; habría dos centros de comando. La salud psíquica y psicológica correría riesgo. Esta única persona divina de Cristo hace uso de las dos naturalezas, sin mezcla y confusión, como de dos manos. Las dos naturalezas son instrumentos que la Persona divina de Jesús utiliza para realizar su misión salvadora.

5. Arrianismo: herejía difundida en el siglo III por Arrio, que niega la divinidad de Cristo. Cristo, dice, es hijo adoptivo de Dios, no consusbstancial al Padre. Y el E.S. es la primera criatura del Hijo, por tanto, inferior a Él. Esta herejía fue condenada en el concilio de Nicea (325): "Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre". San Jerónimo pronunció una frase célebre: "El mundo se despertó un día y gimió de verse arriano". Muchísimos sacerdotes y fieles habían sido martirizados, los obispos católicos arrojados al destierro y sustituidos por arrianos. Todo esto por culpa del emperador Constancio II, arriano, que se había adueñado de todo el Imperio. Fue quien dijo: "Se acabaron los niceanos (es decir, los católicos);34
hemos triunfado los cristianos (es decir, los arrianos); si solamente pudiéramos agarrar y ahorcar a ese bandido obispo de Alejandría". Se refería a un gran defensor de la fe católica, Cirilo de Alejandría.

6. Apolinarismo: herejía difundida en el siglo IV por Apolinar, que niega el alma humana de Cristo, creyendo que esa alma humana sería como la nuestra, pecaminosa. Así creía salvar la divinidad de Cristo. La Iglesia en el sínodo de Alejandría (362) afirmó el alma de Cristo diciendo: "El Verbo se encarnó para salvar alma y cuerpo; por ello tuvo que tomar un cuerpo". Y el sínodo de Roma del 377 condenó la herejía de Apolinar. El alma humana de Cristo no es pecaminosa, porque no tuvo pecado original, y, por los mismos, tampoco las consecuencias de ese pecado original, con el que nacemos todos los mortales. Sólo el pecado es quien deja la marca pecaminosa en el alma. Jesús no tuvo pecado, por tanto, la conclusión es bien clara.

7. Nestorianismo: herejía difundida en el siglo V por Nestorio, obispo de Constantinopla, que sostenía dos personas en Cristo: una divina y otra humana. El concilio de Calcedonia del 451 dice que en Cristo hay dos naturalezas separadas , unidas en una sola persona, la del Verbo. ¿Qué pensaríamos de un hombre que tenga dos personas o dos personalidades incorporadas en su ser? ¿Quién mandaría de las dos? ¡Qué lucha dentro de ese mismo ser!

8. Monofisismo: herejía difundida en el siglo V por Eutiques, archimandrita de Constantinopla, que sostenía una sola naturaleza en Cristo, la divina. Dio respuesta el concilio de Calcedonia del 451: en Cristo hay dos naturalezas: una, divina, y otra, humana. Si fuera verdadera esta herejía, ¿cómo se explicarían tantas actitudes de Cristo en el Evangelio: Jesús se cansaba, comía y bebía, caminaba, tenía unas manos, lloraba, se llenaba de santa cólera? Si no hubiera tenido naturaleza humana, no hubiera podido realizar estas actividades que son humanas.

9. Monotelismo: herejía difundida en el siglo VII por Sergio, patriarca de Constantinopla, que sostenía una sola voluntad en Cristo, la divina. La Iglesia dio respuesta en el III concilio de Constantinopla (680-681): "En Cristo hay dos voluntades sin división, sin cambio, sin separación ni confusión". Las dos voluntades no se oponen en Cristo, porque la voluntad humana sigue sin resistir ni oponerse, sometiéndose libre y amorosamente a la voluntad divina omnipotente.

10. La herejía de este siglo XX: hoy día pulula por ahí una herejía muy grave. Por querer acercar tanto a Cristo a los hombres y por pedir que solucione nuestros problemas económicos y materiales, se ha despojado de Cristo toda su dimensión divina y espiritual. Para esta herejía, Jesús no vino para salvarnos del pecado, no murió en la cruz para redimirnos y abrirnos las puertas del cielo; sino que vino como guerrillero, inconformista y violento que quiere poner orden y justicia, echando mano de la violencia y la guerra, y destruyendo a todos los ricos y capitalistas, para así dar de comer a los pobres. ¿En qué Evangelio se dice esto? Sólo habiendo bebido en fuentes marxistas se ha podido llegar a estas aberraciones. El Papa Juan Pablo II nos ha dado luz sobre este gran peligro en su documento sobre las luces y sombras de la teología de la liberación.35
Este error distorsiona la misión de Cristo, pues Cristo vino a liberarnos del pecado que se esconde en el corazón de cada hombre. Eliminado el pecado, podrán cambiarse más fácilmente las estructuras de pecado. Quienes defienden esta posición dicen a Cristo: "Lo urgente hoy es el estómago, la cultura, la distribución de la propiedad. Cuando hayamos concluido todo eso -y sólo lo lograremos a través de la revolución- puedes tú venir al mundo para hablarnos de tu Padre Celestial. De momento, de tu Reino lo que nos interesa es lo que nos ayuda a un planteamiento revolucionario. Y no te extrañe si nosotros te "utilizamos", si adaptamos tu predicación a nuestras ideologías: lo mismo viene haciéndose desde hace dos mil años".

CONCLUSIÓN

Las herejías no nos deben escandalizar ni desalentarnos. Al contrario, nos invitan a afianzar y a afirmar mejor nuestra fe, para seguir dando razones de ella a quienes nos pidan. La Providencia de Dios sabe llevar nuestra historia por los vericuetos que a Él le parezcan más apropiados para manifestar su Sabiduría y su Misericordia con todos nosotros. Al mismo tiempo, nos hacen vigilar, porque nadie está seguro de no caer. "Qui se existimat stare, videat ne cadat", nos dice san Pablo en 1 Corintios 10, 12, es decir, el que se cree estar firme, cuide para no caer.




33. Cuando se habla de "gnosis" se hace alusión a ese conocimiento esotérico (gnosis viene del verbo griego "conocer"), adquirido no por aprendizaje u observación empírica, sino por revelación divina, como emanación de Dios. Esta gnosis ha dado mucha guerra a la Iglesia desde entonces y muchas sectas de hoy siguen este camino. De la gnosis al panteísmo hay sólo un paso.
34. Refiriéndose al concilio de Nicea, donde se aclaró que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.
35. Ha habido dos documentos muy importantes al respecto: el primero llamado "Algunos aspectos de la teología de la liberación" del 6 de agosto de 1984; y el otro, "Libertatis conscientia" del 22 de marzo de 1986, sobre la libertad cristiana y liberación. Ambos, emanados de la Congregación para la Doctrina de la fe, con la aprobación del Papa Juan Pablo II.


Jesucristo
Autor: P. Antonio Rivero, L.C.

Capítulo 4: Los principales nombres de Jesús

Leyendo los Santos Evangelios nos sorprende la variedad de nombres que se le dan a Cristo, ya sea por parte de los evangelistas o porque el mismo Cristo se los aplica a sí mismo: Camino, Verdad, Vida, Pastor, Rey, Luz, Pan, Maestro, Compañero de camino, Resurrección, Vida, Salvador, Mesías, Cordero de Dios, etc.. Esto nos demuestra la riqueza inmensa que encierra el corazón de Cristo. Acerquémonos, pues, al Evangelio para descubrir la hondura y profundidad de su Amor.

A lo largo de los Evangelios podemos descubrir diversos títulos de Jesús. Todos nos demuestran que ha sido el hombre más grande de la historia. Muchos hombres han sido admirados, pero no siempre amados. Jesucristo es el único hombre que ha sido amado más allá de su tumba. A los dos mil años de su muerte, legiones de hombres y mujeres, dejando su familia paterna y su familia futura, sus riquezas y su Patria, despojándose de todo, han vivido sólo para Él. Jesucristo ha sido amado con heroísmo. Millares y millares de mártires dieron por Él su sangre. Millares y millares de santos centraron en Él su vida. Jesús ha sido también el hombre más combatido de la humanidad. ¿Qué tendrá este hombre que murió hace dos mil años y hoy molesta a tantos vivos? ¿Qué tendrá este hombre que sigue enterrando a sus mismos enemigos y Él sigue vivo? ¿Quién es Jesús?

Fray Luis de León ha escrito lo siguiente: "Vienen a ser casi innumerables los nombres que la Escritura divina da a Cristo, porque le llama León y Cordero, y Puerta y Camino, y Pastor y Sacerdote, y Sacrificio y Esposo, y Vid y Pimpollo, y Rey de Dios y Cara suya, y Piedra y Lucero, y Oriente y Padre, y Príncipe de Paz y Salud, y Vida y Verdad, y así otros nombres sin cuento".20

¿Quién es, pues, Cristo?

Aún resuena en nuestros oídos la pregunta que el mismo Cristo formuló hace dos mil años: "¿Quién decís que soy Yo?" (Mateo 16, 16-17).

A esta pregunta respondió su mismo Padre celestial, respondió la gente que le vio y le escuchó y respondió el mismo Jesús.

1. ¿Qué dijo de Jesús su Padre celestial?

"Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto" (Mc 1,10): se lo dijo el día del bautismo en el Jordán, antes de comenzar la predicación del Reino de Dios. ¿Qué habrá experimentado el corazón de Jesús al escuchar de su mismo Padre celestial estas hermosas palabras, llenas de cariño y de amor? ¡Qué ánimo y aliento no habrá sentido Jesús al oírlas! Sentirse el Hijo amado, el predilecto era un motivo de tanta alegría y gozo interior para Jesús. Jesús es el predilecto porque hace siempre y con amor la Voluntad de su Padre.

"Este es mi Hijo amado, mi predilecto, escuchadlo" (Mt 17, 5); lo dijo el día de la transfiguración en el monte, antes de su pasión y muerte. Aquí añade un desafío para todos nosotros: escuchar a su Hijo. Escucharlo porque Él es la Palabra del Padre, el que trae el mensaje de parte del Padre. Escuchar implica apertura interior, cerrar los oídos a los demás ruidos. Escuchar para que esa Palabra se meta en lo profundo de nuestro corazón, nos alimente, nos interpele, nos convierta, nos arda, nos queme y llegue a ser un volcán que salga después en erupción y alcance su lava a todos los que están a nuestro lado.

Este Hijo es distinto a los hijos de los hombres. Corría el siglo III cuando el obispo de Antioquía de Pisidia, san Acacio, fue llevado a la presencia del cónsul Marciano. Le preguntó éste:


Así, pues, según dices, ¿tiene Dios un hijo?
Sí que lo tiene.
Y, ¿quién es ese hijo de Dios?
El Verbo de verdad y gracia...
Pues dime su nombre.
Su nombre es Jesucristo.
Y, ¿qué diosa lo concibió?
Dios no engendró a su Hijo uniéndose al modo humano con una mujer..., sino que el Hijo de Dios y el Verbo de la verdad salió del corazón de Dios.


2. ¿Qué dijeron los demás de Jesucristo?

Jesús

San Mateo nos dice así, de parte del ángel: "Le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1,21). Son palabras del ángel a José. Este nombre expresa la misión del Hijo de Dios al encarnarse. Revela el motivo de la encarnación. Jesús en lengua hebrea se dice Yehoshuah y quiere decir Yahvéh salva, Dios salva; quiere decir, pues, Salud-dador.

Este el nombre que resume todos los demás que enunció Fray Luis de León. Es el nombre más suave. Así lo dirá san Bernardo: .

¡Jesús! No existe bajo el cielo otro nombre, dado a los hombres, en el cual hayamos de salvarnos (Act 4,12).

Manuel de Iribarne cuenta la muerte trágica de Francisco Pizarro diciendo: "Pizarro quedó solo en medio de sus enemigos, que arremetieron contra él sin compasión. Atacado por todas partes, el viejo soldado se mantuvo en pie defendiéndose durante algún tiempo, hasta que su nervudo brazo se rindió a la fatiga, incapaz de sostener la espada. Martín Bilbao le asestó entonces una furiosa cuchillada en el cuello, que dio con él de bruces sobre las losas. Un surtidor de sangre caliente brotó de su garganta. Al caer, el conquistador del Perú pidió confesión a voces. Dícese que antes de lanzar su postres aliento, como español y como cristiano, trazó una cruz con su propia sangre en el suelo -única firma que usó en vida- y luego la besó devotamente. Un tenue y suspirado ¡Jesús! Se escapó de sus labios".21

Un nombre, pues, que trae consuelo y confianza incluso en el mismo trance de la muerte trágica.

Jesús, Cordero de Dios

Así lo nombró Juan Bautista a orillas del Jordán (cf Jn 1, 29). ¿Qué quiso significar Juan? Tal vez estaba indicándolo como el verdadero Cordero Pascual (cf Ex 12,6), o tenía en mente el cordero del sacrificio cotidiano en el templo (cf Ex 29,38); o tal vez al Siervo de Yahvéh, de Isaías, llevado al matadero como corderito mudo (cf Is 53, 6,7); podía también querer resaltar su cualidad de inocencia o su disposición al sufrimiento.

Es Cordero que quita el pecado del mundo, no sólo que lo lleva. Y san Juan dice que quita y no que quitará, para indicar y significar la virtud natural de Cristo de quitar los pecados.

Jesús, Profeta

"Este es el profeta Jesús, de Nazaret en Galilea" (Mt 21, 9-11). Jesús fue el Profeta esperado. ¿Qué es una profecía? Es un conocimiento impreso en la mente del profeta mediante una revelación divina; es una señal de la divina presciencia.

¿Qué clase de profeta: taumaturgo (que obra milagros), reformador, mesiánico?

Jesús no rechaza el intento popular de colocar su obra y su personalidad dentro del marco de profetismo, pero la supera porque no sólo anuncia la venida del Reino, sino que la realiza en Él mismo. Es profeta, también, porque es rechazado y perseguido; así supera la imagen del profeta mesiánico nacionalista, apocalíptico y espectacular.

Como Profeta Jesús tuvo conocimiento del corazón del hombre. Conocía lo que había en el corazón de Natanael (cf Jn 1, 43). Conocía los pecados de la samaritana (cf Jn 4, 17-18). Conocía las murmuraciones internas de los escribas cuando sana al paralítico (cf Lc 9, 46). Conocía los juicios del fariseo cuando la pecadora lava sus pies con lágrimas (cf Lc 7, 36-50). Conocía la traición de Judas (cf Jn 13, 27). ¡Él conocía lo que hay en el corazón del hombre!

Pero Jesús fue más que un Profeta. Y con sus profecías demostró que era enviado de Dios y además demostró que era Dios.Todo cuanto Él decía lo sabía como Dios y también como Hombre.

Jesús, Mesías

Elegido y ungido por Dios y enviado con una misión. Jesús no sólo no usa el término de Mesías, sino que positivamente tiene una actitud de ocultamiento y reserva en este sentido. Impone silencio a los demonios para que no lo descubran como Mesías (Cf Mc 1, 33; 3, 12; Lc 4, 41).

Pero ocurre también que a Jesús le preguntan si es Él el Mesías y responde diciendo: "Sí, pero...; sí, pero no del modo como vosotros pensáis".. Su mesianismo va a escandalizar, va a defraudar a muchos, va a ser signo de contradicción, una piedra de escándalo para los judíos.

Cristo había sido reacio a confesar públicamente su identidad mesiánica. Tenía el peligro de que le entendieran en sentido político-nacional, cuando su misión era otra muy distinta. Y cuando lo confesó públicamente en la Pasión, ante el sumo sacerdote, fue tratado de blasfemo.

Jesús, Hijo de David

Jesús no se lo aplica nunca espontáneamente, aunque tampoco lo niega cuando se lo atribuyen (Mt 21, 9-15). La muchedumbre lo considera como hijo de David (Mt 12, 23-27; Mc 10, 47-48; Lc 18, 38-39); pero Jesús no reivindica dicho título, como si tuviese miedo a la exaltación política que ello traería consigo. Era en tiempos de Jesús uno de los títulos de más acusado trasfondo político.

Jesús, el Hijo del hombre

Tiene estos sentidos:

Primero: Hijo del hombre en clara referencia al texto de Daniel (7, 9-14). Con ellos viene a indicar que su mesianismo es divino. En efecto, el hijo del hombre es preexistente, proviene del cielo y aparece junto al anciano sobre la nube, lugar de las manifestaciones de Dios.

Segundo: Jesús, al usar el título de hijo del hombre, lo hace en conexión con la función del siervo de Yavé, en cuanto que su mesianismo de origen divino y trascendente se realiza con la misión de redimir a la humanidad (Mateo 20, 28), perdonar los pecados, juzgar, consolar a los pecadores. Jesucristo emplea este título ochenta y dos veces.

Tercero: Hijo del hombre por ser verdadero hombre. Es el hijo de hombre más extraordinario de todos. Hijo de hombre porque sufrirá todo tipo de humillaciones, porque no tendrá donde reclinar la cabeza. Une la función del Hijo del Hombre con la del siervo de Yavé humillado, servidor y sufrido.

Jesús, Maestro

Es curioso ver que de un total de cincuenta y ocho veces en que aparece la palabra "maestro" en el Nuevo Testamento, cuarenta y ocho se encuentran en los evangelios, y cuarenta y uno referido a Jesús. En muchas ocasiones se dice en el evangelio que Jesús "enseña" a los discípulos y a la gente. La actividad pública de Jesús se caracteriza por su enseñanza, por lo que parece justificado hablar respecta a Él designándolo como "Maestro".

Jesús enseña en los lugares públicos de carácter religioso, dirigiéndose a la gente que allí se reúne: en la sinagoga los días de sábado y en el área del templo.22
Ocasionalmente los evangelios mencionan la actividad de enseñanza al aire libre,23
a la orilla del mar24
o en las plazas de la aldea.25


La instrucción de Jesús se dirige a la gente sin distinción alguna o a los discípulos por separado.26
La forma de enseñanza de Jesús corresponde a la de la tradición bíblica, sapiencial y de las escuelas judías: sentencias proverbiales, semejanzas, parábolas, etc.

Este título de Jesús Maestro será objeto de todo un capítulo más adelante.27

Jesús, Señor

Superior a todos, de condición divina. El título "Señor" se refiere más directamente a las relaciones de Cristo con nosotros. La función magisterial de Jesús, según el primer evangelista, tiende a coincidir con la de "Señor" de los discípulos, hasta el punto de que ninguno de ellos puede arrogarse el título de "maestro".28
En concomitancia con esta acentuación del papel autorizado de Jesús en el evangelio de Mateo, los discípulos se dirigen a Jesús dándole el título de "Señor", mientras que son los demás, los de fuera, los que llaman a Jesús "maestro". También el evangelio de Lucas revela esta tendencia a reservar el uso del título "maestro" para los que son extraños al grupo de los discípulos, mientras que estos últimos llaman a Jesús "Señor.29

Jesus, Hijo de Dios

Jesús al presentar al Padre, indirectamente se está revelando a sí mismo como el Hijo en un sentido único y trascendente. No es que busque su gloria al revelarse como el Hijo; es que al revelar la gloria del Padre, inevitablemente revela la suya propia.

Es en el evangelio de san Juan donde Jesús se presenta como el Hijo en un sentido único y trascendente. La relación única entre ambos la presenta mediante un conocimiento mutuo único (Jn 1, 18: 10, 15; 17, 25), un amor recíproco también exclusivo (Jn 5, 20; 14, 31; 17, 24.26), mediante la unidad de ambos en la acción (Jn 5, 17.19.20.30), que hace que los dos sean una misma cosa (Jn 14, 10; 17, 21-22). De este modo, quien honra al Padre honra al Hijo (Jn 5, 22-27), y quien ve al Hijo ve igualmente al Padre.

Este es el secreto de la vida íntima de Jesús: su filiación divina. Hay en él, junto a su condición divina, una atracción continua del Padre, un deseo de estar a solas con Él; deseo que a veces sólo puede cumplir quedándose toda la noche de oración tras una jornada agotadora de actividad. Parece como si la esencia misma de la personalidad de Jesús fuese su relación con el Padre. Era algo obsesivo en Él. Incluso le llamaba "abbá", papá, expresando así la conciencia de su filiación divina.

Jesús nos ha introducido por adopción en la relación única filial que él mantiene con el Padre. Ser cristiano es ser hijo en el Hijo.

Jesús, Mesías, el Hijo de Dios vivo30

Jesús no se autodesigna nunca como el "mesías". Son los otros, los discípulos o la gente quienes lo llaman mesias, christós, o con fórmulas equivalentes como "hijo de David".

No sólo Jesús no se presenta nunca como "mesías", sino que se muestra reticente y en algunos casos contrario frente a semejante reconocimiento por parte de los demás. Incluso cuando Pedro le confesó como Mesías, les impuso a todos los apóstoles severamente que no hablasen de él a nadie (cf. Mc 8, 30). Se trata del famoso secreto mesiánico. ¿Por qué? Porque había tendencia de entender el término "mesias" desde el punto de vista demasiado político y social. Y Jesús quería evitar a toda costa ese significado. No es un mesías político ni social, sino un mesías espiritual, un ungido de Dios, que nos salvó del pecado a través de su pasión y muerte en la cruz. No vino a instaurar un mesianismo nacionalista judío. Incluso la fuerte acentuación religiosa de su proyecto, que incluye una nueva imagen de Dios-Padre que acoge a los pobres, a los pequeños y desamparados, a los pecadores y a los extranjeros, choca abiertamente con la visión de un mesianismo político. Además, la propuesta de una síntesis ética que se caracteriza por el amor gratuito y universal que abraza incluso a los enemigos no se presta a la realización de un programa mesiánico de tipo revolucionario y socializante.

De hecho, Jesús con sus opciones y sus tomas de posición defraudó las esperanzas mesiánico-nacionalistas.

Jesús, Salvador

Jesucristo vino a salvar al hombre, no tanto a las circunstancias molestas. Por eso, aún con la venida de Cristo Salvador, perdura el mal en el mundo, sobre todo el mal físico (cf. Mt 19, 12-13; Mc 1, 14-15).Vino a salvar a todo el hombre: sea en el alma, sea el cuerpo. Y vino a salvar a todos los hombres (cf. Mt 28, 19-20). Esa salvación supuso un cambio interior del hombre. La salvación de Cristo nos hace hombres nuevos.

¿Cómo nos salvó? Encarnándose, muriendo por nosotros, satisfaciendo y reparando nuestro pecado.

Nosotros recibimos la salvación reconociéndonos pecadores, abriéndonos a esa salvación en los sacramentos. Estamos llamados a ser co-salvadores con Cristo, mediante nuestro sacrificio, nuestro apostolado directo.

3. ¿Qué dijo Jesús de Sí mismo?

Yo soy (Jn 8,24; Jn 8,28); 8, 58; Jn 13,19): significa existencia, identidad, autenticidad, veracidad, unidad, coherencia. Detrás de esa definición se esconde esta gran verdad: Jesús es la Existencia que da la existencia y consistencia a todo lo demás. Quien se une a Jesús, quien lo sigue, quien trata de imitarlo será una persona que viva en la verdad, autenticidad, identidad consigo mismo. Y evitará la duplicidad, la doblez de vida, las fisuras, los resquebrajamientos, la esquizofrenia.

Yo soy el Camino (Jn 14,6): camino para ir al Padre, camino para entender al Padre, camino para entender la verdad profunda del hombre, camino para la realización humana, camino para la solución a todos los problemas socioeconómicos y culturales. Quien se aparta de este Camino se perderá, tropezará, se desviará y no llegará nunca al puerto de la salvación y de la felicidad eterna. Quien sigue este Camino, que a veces es arduo y empinado, llegará, aunque llegue cansado, sin fuerzas y arrastrándose. Él es el Camino y el gozo al fin del camino, pues nos está esperando al final con los brazos abiertos.

Yo soy la Verdad (Jn 14,6): Ha venido a traer la Verdad de Dios, la Verdad del mundo, la Verdad del hombre, la Verdad de las cosas materiales, la Verdad del sufrimiento, la Verdad de la muerte, la Verdad del más allá. Quien se aparta de esta Verdad, caerá en el error, en la mentira, en la incoherencia, en la inautenticidad. Quien sigue a esta Verdad, la ama, la vive, la defiende, podrá sentirse libre, pues "la verdad os hará libres".

Yo soy la Vida (Jn 11, 25 y 14,6): Ha venido a traer la vida divina, de la que Él disfrutaba al lado del Padre. Y esa vida divina nos viene a través de los sacramentos y de la oración. Quien no se acerca a Jesús experimentará tarde o temprano los síntomas de la muerte. Quien sigue a Jesús, que es Vida, no morirá jamás, sino que vivirá eternamente. Es promesa de Jesús. Y Él cumple, porque es la Verdad.

Yo soy la Resurrección (Jn 11,25): Así como Él resucitó, así también nosotros, si creemos en Él, si lo seguimos, si lo amamos, resucitaremos. Y resucitaremos con nuestros mismos cuerpos. Y estos cuerpos se unirán a nuestras almas inmortales, para nunca más morir. Y unidos cuerpo y alma se formará, una vez más, nuestra persona, ya gloriosa y transfigurada, cuyo único objetivo será alabar, amar y servir a Dios en esos cielos nuevos.

Yo soy la Luz del mundo (Jn 8,12): Antes de su venida, una espesa oscuridad se cernía sobre el mundo y Él vino a traer la Luz del cielo, donde todo es transparencia, luminosidad, claridad. Quien sigue a Jesús no tropezará ni caerá, porque Él ilumina nuestro sendero. Quien sigue a Jesús no tendrá frío, porque su luz es calor para el alma.

Yo soy el Buen Pastor (Jn 10, 11): Hay tres tipos de pastores: el bueno, el malo y el mercenario. El pastor mercenario es asalariado, no busca el bien de las ovejas, sino que se sirve de las ovejas para su propio provecho; no ama a las ovejas, ama el oro que le pagan por cuidarlas. El pastor malo es el ladrón que salta la valla para robar. Y el Buen Pastor es el que da la vida por sus ovejas; es Cristo. Y será Buen Pastor quien se configura con el único Pastor y está dispuesto a dar la vida por las ovejas. ¿Qué hacer ante estos tres tipos de pastores? Debemos reconocer al Buen Pastor para amarlo, respetarlo, obedecerle; al mercenario hay que tolerarlo31
; al ladrón, evitarlo, porque si no lo evitamos, nos roba el alma32
.

Yo soy la Puerta de la ovejas (Jn 10,7 y 9): puerta por la que se entra y se sale y por la que entran tanto las ovejas como los pastores, aunque no todos los pastores, sino sólo los verdaderos. Significa que Él es la Puerta de la Vida y el Camino de la Redención. Es el único mediador entre Dios y los hombres. Es la Puerta para entrar en la Casa del Padre. Es la Puerta para entrar en el Banquete celestial. Es la Puerta para entrar en la Vida eterna y feliz. Otras puertas conducen tal vez al vacío, a la violencia, a la nada, a la muerte. Quien es pastor lo único que debe hacer es hacer que sus ovejas pasen por esta Puerta que es Jesús. Quien es oveja lo único que debe hacer es hacer caso al Buen Pastor y a los pastores que le representan y entrar por esa Puerta, desoyendo la voz de los ladrones que saltan la tapia, porque quieren matar y robar. Y entrando, tendrán vida y vida en abundancia.

Yo soy el Pan de la vida (Jn 6, 35 y 48): ¡Qué atrevimiento! Darse Él como Comida, en cuerpo y sangre, alma y divinidad. ¡Nadie habló como Él! Pan porque es el elemente más sencillo, lo que nunca falta en la mesa de los pobres. Pan porque se puede partir, compartir y repartir. Pan que pide ansia interior de esa comida espiritual y corazón limpio. Pan que nutre al débil, que consuela al triste. Pan que se hace uno con nosotros; o, mejor, nosotros nos hacemos uno con ese Pan y podemos entrar en intimidad y unión tal, que nadie podrá separarnos. Eso es la Comunión, la común unión con Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

Yo soy la Vid verdadera (Jn 15, 1): La Vid es la que da savia y alimento y fruto a los sarmientos. Los sarmientos somos nosotros. Sólo quien está unido a esa Vid tendrá vida y no se secará. Quien no está unido a esa Vid, se seca, se corta, se arroja fuera y se quema. ¿Para qué sirve, si no? ¿Queremos dar frutos en la vida personal, en la vida familiar, en la vida social? Unámonos a esta Vid. E injertemos a esta Vid a esos sarmientos que tal vez se desgajaron o se dejaron desgajar, consciente o inconscientemente.

Yo soy Rey (Jn 18, 37): No un rey temporal, político, social que subyuga, esclaviza a sus súbditos. Más bien, es un Rey pobre pobre materialmente, pero rico espiritualmente; es un Rey entregado a la Causa encomendada por el Padre; es un Rey humilde, pero consciente de su Realeza. Es un Rey que sirve, sale de palacio para caminar por nuestros caminos polvorientos y ver las necesidades de cada uno de sus súbditos y así poner soluciones. Nuestro Rey sufre nuestras miserias y dolores y los comparte. Es un Rey especial, porque tiene como trono, la cruz; como cetro, la verdad; como ley, el amor y el perdón; como vestidura, la humildad y la pureza; como corona, una de espinas labrada con todos los pecados nuestros. Su Reinado son las naciones, las familias, cada corazón, donde Él quiere reinar, si le dejamos. No quiere que nadie quede fuera de su Imperio de amor y de paz. Este Rey pide súbditos fieles y felices de enarbolar su bandera, de servirle, de transmitir su ley y su mensaje. Estos súbditos fieles no cambian este Rey Jesús ni por el rey de copas, que sería el rey-placer, ni por el rey de oros, el rey-dinero, ni por el rey de bastos o de espada, el rey-violencia. Dicen "Viva Cristo Rey" con los labios y con la vida. No quiere ni súbditos infieles ni cobardes o mediocres, que viven éstos últimos en el ejército de Cristo, pero no luchan, no trabajan, no se esfuerzan, por seguir la ley del mínimo esfuerzo, de la queja continua, del sabotaje y de la mentira.

4. Otros títulos

Siervo de Yavé: que está íntimamente unido a Dios y que sufrirá por nosotros.
Sumo sacerdote: que es el puente más directo para unirnos a Dios.
Mediador: intermediario ante Dios de nuestras necesidades.
Juez: que juzgará en el último día.
Santo de Dios: hijo de Dios.

CONCLUSIÓN
Todos estos títulos nos demuestran la riqueza escondida en Jesús, el Hijo de Dios. Es la riqueza que Dios Padre quiso compartir con la humanidad. Cada uno de nosotros va haciendo a lo largo de la vida diversas experiencias de Jesucristo. Lo importante es estar abierto a este Pozo insondable y acercarnos cada día a sorber aunque sólo sea una gota de su agua saciativa y refrescante.

Ojalá terminemos nuestra vida con el nombre de Jesús en nuestros labios y en nuestro corazón. Con solo escuchar este nombre el alma se pacifica, el corazón se enardece y se ensancha. ¿Cómo no predicarlo por todos los rincones del mundo? En Él está la salvación.



En su obra, "Los nombres de Cristo", I.
Manuel de Iribarne, Los grandes hombres ante la muerte, Ed. Montaner y Simón, Barcelona 1935, p. 127
Cf. Mc 1, 21; 6, 2; 14, 49; Jn 6, 59; 7, 14; 18, 20
Cf. Mt 5, 2; Mc 6, 34
Cf. Mc 2, 13; 4, 1
Cf Lc 13, 26regresar
Cf. Mc 2, 13; 8, 31; 9, 31
Capítulo 20
Cf. Mt 23, 8.10
Cf. Lc 8, 24
Cf. Mt 16, 16; Mt 26, 63; Mt 22, 42; Mc 15, 32; Lc 23, 35
Verdad es que algunos predican el Evangelio no con recta intención sino por torpe lucro, pero al menos el nombre de Jesucristo es anunciado (cf Fil 1, 15-18); aunque su corazón esté partido y aunque en el fondo sean estériles, el nombre de Jesús es predicado. De éstos se nos dice que hagamos lo que dicen pero no lo que hacen (cf Mt 23, 3). Dios sabe escribir derecho aun con líneas torcidas.
Serían todos los que fueron pastores, pero se dejaron atrapar por la herejía, tergiversan a Cristo, no lo reconocen como Único Salvador, lo falsifican, lo deforman, lo aguan. Entran al aprisco para robar y atrapar a esas ovejas y llevárselas a su redil.

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