Artículos por "Catequesis"
"Santa Muerte" 11-S 1986 3-D 3D Accion ACI Mundo ACI Prensa ACI Prensa Vaticano ACI Vida Familia Adolescencia Africa Agencia Zenit Agenzia Fides AICA Ajedrez Aleteia Alfareros America colonial Amistad Animacion Animales Aniversarios Antigua Grecia Antigua Roma Antiguo Egipto Antiguo Testamento Año 1925 Año 1928 Año 1930 Año 1931 Año 1932 Año 1933 Año 1934 Año 1935 Año 1936 Año 1937 Año 1938 Año 1940 Año 1941 Año 1942 Año 1943 Año 1944 Año 1945 Año 1946 Año 1947 Año 1948 Año 1949 Año 1950 Año 1951 Año 1952 Año 1953 Año 1954 Año 1955 Año 1956 Año 1957 Año 1958 Año 1959 Año 1960 Año 1961 Año 1962 Año 1963 Año 1964 Año 1965 Año 1966 Año 1967 Año 1968 Año 1969 Año 1971 Año 1972 Año 1973 Año 1974 Año 1976 Año 1977 Año 1978 Año 1979 Año 1980 Año 1981 Año 1982 Año 1983 Año 1984 Año 1985 Año 1986 Año 1987 Año 1988 Año 1989 Año 1990 Año 1991 Año 1992 Año 1993 Año 1994 Año 1995 Año 1996 Año 1997 Año 1998 Año 1999 Año 2000 Año 2001 Año 2002 Año 2003 Año 2004 Año 2005 Año 2006 Año 2007 Año 2008 Año 2009 Año 2010 Año 2011 Año 2012 Año 2013 Año 2014 Año 2015 Año 2016 Año de la Misericordia Año1933 Año1993 Años 1910-1919 Años 20 Años 30 Años 40 Años 50 Años 60 Años 70 Años 80 Apk Aplicaciones Android APP en Play Store Arquidiócesis de Morelia Artes Marciales Articulos Athenas Venica Atletismo Audio Aventura espacial Aventuras Aventuras marinas Aviones Baloncesto Banda Cuisillos Basado en hecho reales Basado en hechos reales Bazar de la Fe Beato Anacleto González Flores OFS Belico Beto Cervantes Bioética Biografico Bolsa y Negocios Bomberos Boxeo Brujeria Brújula Franciscana Bulas Canonizaciones Cantos y Alabanzas Capítulo lectivo Capitulo Nacional Capitulos Capitulos Regionales Cardenales Carta a los Corintios Carta Apostólica Catastrofes Catequesis Catequesis del Papa Cecilia Celinés Díaz Centro de Estudios Catolicos Centro Televisivo Vaticano Ciencia ficcion Ciencia ficción Cine épico Cine familiar Cine Mexicano Cine mudo Cine religioso CIOFS Circo Clarisas Coches/Automoviles Cocina Colaboradores Colegios y Universidad Colombia Colonialismo Columna Comedia Comedia dramatica Comedia juvenil Comedia Romántica Comic Comisaría de Tierra Santa en Salvatierra Conferencia del Episcopado Mexicano Congresos Conquista de America Constituciones de la OFS Coro Cantaré Coronilla a la Divina Misericordia Cortometraje Crimen Cristianos Perseguidos Cristo Cristo te llama Cuentos Cyberpunk Defensa de la familia Demonología Deporte Descargable Desde la Fe Dinosaurios Diocesis de Apatzingán Diocesis de Celaya Diocesis de Mexico Diocesis de Papantla Diocesis de San Andres Tuxtla Diocesis de San Felipe Diócesis de Toluca Diócesis de Veracruz Directorio Discapacidad Disney Divina Misericordia Documental Dr. Carlos Álvarez Cozzi Drama Drama carcelario Drama de epoca Drama romantico Drama social Ecos Seráficos Edad Media Eduardo Verastegui Ejercito El Cancionero Catolico El Hermano Asno El Papa El Papa en México El santo del día El video del Papa Elecciones Elena Lorenzo Rego Enfermedad Enseñanza Epoca invernal Esclavitud Escritos de San Francisco de Asís Escritos de Santa Clara Espiritualidad Esquela Eutanasia Evangelio Evangelio del dia Evangelio del dia en audio Evangelio del dia en texto Evangelios Apócrifos Evangelización en México y América Eventos Extraterrestres Facebook Familia Familia Franciscana Fantastico Fátima TV featured Ficticio Fieles Difuntos Fin del mundo Florecillas de San Francisco Formación Permanente Forum Libertas Franciscanismo Franciscano de la Mancha Franciscanos Fray Gabriel Fray Ignacio Larrañaga Fray Jose Pérez OFM Fray Richard Fray Rodi Cantero TOR Frayñero Fuentes Biograficas Fundación Callejeros de la Misericordia Futbol Futbol americano Gatos Gore Gran Depresion Guadalupe Radio TV Guerra Civil de El Salvador Guerra Civil Española Guerra Cristera Guerra de Bosnia Guerra de Independencia Americana Guerra de la Independencia Española Guerra de Secesión Guerra Fria Hebreos Hermana Glenda Hermanas Diocesanas Historia de la Iglesia en México Historia de la OFS Historia del Franciscanismo Historias cruzadas Historico Holocausto Homosexualidad Homosexualismo Ideologia de Género II Guerra Mundial Imagenes Infancia Infantil Infocatolica InfoRIES Informativo de Radio Vaticano Inglés Inmigracion Inquisición Insectos Intriga Jesed Jesucristo Jesus Rodríguez Jon Carlo Jornada Vocacional Juegos olimpicos JUFRA Junta Ejecutiva Nacional Juntos por Mexico Kerigma Sacra La Biblia La Homilía del día La Santa Misa Libros Liturgia Liturgia de las Horas Lobby Abortista Lobby Gay Lopez Obrador Lourdes TV Luis Enrique Ascoy Luz del Nuevo Amanecer Magia Manga Manual para Laicos Franciscanos Marco Antonio Solís Marionetas Marvel Comics Mayra Alejandra Barajas Medicina Mediometraje Melodrama Mensajes Mickey Mouse Miniserie de TV Minutpos para Dios Misioneras Clarisas Mitologia Mitología Mons. Cristóbal Ascencio García Monstruos Montez de Durango Musica Musical Naturaleza Navidad Nazismo New Age Noticias Noticias Globales Novela Novena a la Divina Misericordia Novenas Nuestra Señora del Pueblito Nuevo Testamento Obispo de Apatzingan Obispos OFM OFM Capuchinos OFM Conventuales OFM de Jalisco OFM Michoacán OFS de Mexico OFS en Mexico Oraciones Ordenaciones Ortodoxos Padre Damián Padre Fortea Padre Hugo Valdemar Romero Ascencion Padre Ivo Flores Padre Joni Padre Pedro Brassesco Pajaros Palabra de Dios Palabra del Obispo Panegírico Papas Parroquia Latino Partituras Patinaje sobre hielo Paz y Bien para los hermanos de hoy Pedofilia Pelicula de culto Pelicula de episodios Peliculas Peliculas religiosas Perros/Lobos Pinterest Pobreza Policiaco Politica Posguerra Española Precuela Predicaciones Prehistoria Preseminarios Primeros Cristianos Profesiones Promocion Vocacional Protestantes Provida Provincia Eclesiastica de Morelia Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán Proyecto de Amor Punto de Vista Purisima Concepcion Queretaro Racismo Radio Radiovaticano Reflexión del Domingo Reflexiones Region Santa Maria del Pueblito Regla Regla Comentada Religion Religión Religion en Libertad Remake Retiros Espirituales Revolucion Francesa Revolucion Mexicana Ricardo Montaner Ritual de la OFS Road Movie Robots Roedores Romance Rugby Sacerdotes Sacramentos Sagrado Corazón de Jesús Salmos San Antonio de Padua San Leonardo de Puerto Mauricio San Pablo Sanacion Interior Santa Clara Santa Margarita María Alacoque Santo del día en audio Santo Domingo de Guzman Santo Rosario Santoral Franciscano Santos y Beatos de la OFS Satira Seccion Infantil Sectas Secuela Secuestros Semillas para la Vida Seminario Franciscano Serie de TV SIAME SIDA Siervas Siervos de Dios Siglo IV Siglo X Siglo XI Siglo XII Siglo XIII Siglo XIV Siglo XIX Siglo XV Siglo XVI Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Simios Sistema de Informacion de Vaticano Sistema de Informacion del Vaticano Sor Lorena OSC Sound by Four Spin-off Steampunk Submarinos Superhéroes Supervivencia Surrealismo Taizé Tarimoro Teatro Telefilm Television Catolica Televisión Católica Templo de San Francisco - Celaya Terrorismo Thiago Brado Thriller Thriller futurista Toma de Cordón Toma de Escapulario Toros Trabajo/Empleo Trenes Trenes/Metros Valle de la Misericordia Valores Vejez Venezuela Veracruz Viacrucis Viajes en el tiempo Vida Primera de San Francisco - Celano Vida Rural Vida Rural Norteamericana Vidas de Beatos Vidas de Santos Videos Vikingos Virgen de Guadalupe Virgen Maria Virgen María Vocaciones Franciscanas Volcanes Watoto Child Care Ministries Western Whatsapp Yuli y Josh



Eugenio Amézquita Velasco

La devoción a la Virgen María es la manifestación del cariño de millones y millones de personas. Con esta aplicación podemos acercarnos aún más a nuestra Madre.

Apariciones de María aprobadas por la iglesia no hay tantas: aquí tienes la historia de cada una. Sin embargo, advocaciones son cientos: por países y ciudades, recogemos aquí todas. Costumbres marianas, con su origen y la forma de vivirlas, el mes de mayo día a día, poesías, oraciones, homilías para sus fiestas y un apartado dedicado a los niños, son algunos de los contenidos que encontrarás en esta app sobre la Virgen María.



Más de 50 audios te acompañarán.

Una aplicación para vivir todo el año más cerca de María, para disfrutar de nuestra Madre.

Descarga la aplicación en su versión Android: http://bit.ly/imaria

Descarga la aplicación en su versión IOShttp://bit.ly/iMariaios


Eugenio Amézquita Velasco

Este App de la Biblia gratis para niños trae la Biblia a la vida para la familia completa con videos, imágenes y excelentes juegos interactivos. Presentando catorce EPISODIOS GRATIS completo de la serie nominada al Emmy, Superlibro.

El App de la Biblia de Superlibro incluye:

CONTENIDO DINÁMICO DE LA BIBLIA

• Videos y contenido interactivo incorporado a la Biblia para que los niños puedan interactuar fácilmente con cada capítulo de la Biblia para niños.
• Respuestas bíblicas a cientos de preguntas que son comunes para niños.
• Este App de la Biblia para niños también incluye perfiles de personas, lugares y objetos encontrados en la Biblia.


IMÁGENES CAUTIVANTES

• Un episodio completo gratuito de Superlibro, la serie de animación bíblica para niños, nominada al Emmy.
• Imágenes de personajes bíblicos, lugares y objetos que incluyen biografías detalladas
• Video clips dinámicos de Superlibro, serie animada para niños nominada a los premios Emmy.
• Los miembros del Club de DVD de SUPERLIBRO pueden ver los 26 episodios de la primera temporada de la serie de SUPERLIBRO.

PARTICIPACIÓN INTERACTIVA

• Resuelve nuestro Reto Bíblico Diario, una colección de juegos que se basan en un versículo bíblico diferente cada día.
• Encuentra respuestas bíblicas en la sección de Respuestas Bíblicas a temas que son importantes para niños como preguntas sobre la vida, el cielo, Jesús y la Biblia.
• Escoge la respuesta correcta en este juego bíblico, preguntas importantes para niños con respuestas bíblicas en forma divertida
• Decodifica versículos bíblicos antes de que se acabe el tiempo en este emocionante juego de descodificación de Versículos Bíblicos.
• Intenta encontrar todas las palabras ocultas en este crucigrama.
• Disfruta de este mensaje de evangelio para niños.

PERSONALIZACIÓN

• Toma notas y agrégalas a los versículos bíblicos.
• Marca tus versículos bíblicos favoritos
• Resalta pasajes con el color de tu elección.
• Agrega tus propias fotos dentro del App de la Biblia para que hagas una conexión personal con un versículo. Por ejemplo, si quieres recordar orar por un amigo, puedes agregar una foto de tu amigo a un versículo, lo que podría recordarte orar por ellos, o quizás tienes una foto de un atardecer hermoso y puedes agregarlo a Génesis 1:3 que habla de cuando Dios hizo la luz.
• Puedes acceder a una colección completa de tus notas, versículos favoritos y fotos personales desde “Mis cosas” en el App de la Biblia de Superlibro.
• Puedes elegir diferentes fuentes y tamaños de letra, cambiar tu pantalla con un fondo divertido con letras blancas y cambiar el fondo de la pantalla de inicio a diferentes imágenes como la del cielo o el templo en Jerusalén.

OTRAS FUNCIONES DEL APP DE LA BIBLIA DE SUPERLIBRO

• La función de búsqueda te permitirá buscar en la Biblia o buscar funciones y contenido interactivo dentro de la Biblia para niños
• También puedes enviar por correo electrónico tus versículos favoritos, fotos personales con versículos bíblicos relacionados y tus notas a amigos.
¡Descarga el App de la Biblia de Superlibro para niños y comienza una aventura increíble!

Descarga la versión Android de Superlibro: http://bit.ly/Superlibro

Descarga la versión IOS de Superlibro: http://bit.ly/SuperlibroIOS


Eugenio Amézquita Velasco

Una aplicación para orar, leer la Biblia y tener acceso a documentos católicos en español y otros diversos idiomas. Compártelo!

Localizada en español.

Oraciones en español y Biblia son precargadas.
El contenido de todos los idiomas son descargables dentro de esta aplicación.



Datos

• †: Oraciones
• A-Ω: La Biblias: Nacar-Colunga; Jerusalem
• Trad, Novus Ordo: Calendario litúrgico tradicional o Novus Ordo
• V: Veritas o "Verdad" contiene muchos trabajos espirituales.
- Un ⬇︎ indica que el trabajo debe ser descargado. Pulse la celda para descargar el trabajo; Long-press la celda si desea eliminar el trabajo. Usted puede descargar TODAS las obras de Veritas presionando mucho en la tabla de Veritas de raíz
- Descargar todas las obras de Veritas para una lengua larga-presionando la celda de tabla la tabla raíz de Veritas
• Marcadores: crear marcadores para oraciones, Biblia, y Veritas trabaja

Datos en varios idiomas

Deutsch, Inglés, Español, Français, Latina, Türkçe, etc.
Pulse el botón arriba a la izquierda para Biblias, oraciones y obras de Veritas en otros idiomas.

Navegación

• Indexado mesas: mesas de la mayoría tienen un índice de la derecha que desplaza la mesa para que los datos.
• Izquierda o derecha golpe texto: ir a la página siguiente o anterior.

Audio

• ▶ : Audio está disponible para una oración cuando el título es preceder por ▶ .
• Descargar, reproducir o eliminar audio: A largo pulse la celda de tabla.
• Pausa o reanudar Audio: Pulse el menú de opciones o pulse (a largo) una celda de tabla.

Buscar

• 🔍 : Toque el icono para buscar texto para el documento actual.
- Toque en icono en Veritas para TODOS las obras; también en las tablas para todos de las biblias y oraciones.
• A largo pulse el encabezado de tabla: Busca sólo esa sección para oraciones o trabajos individuales.
• A largo pulse la celda de tabla de Veritas: que el trabajo de búsqueda.

Menú de opciones

• Versiones…: abrir el actual texto de la Biblia con una versión diferente de la Biblia.
• Idiomas…: abrir la oración o el artículo Summa teológica con un idioma diferente.
• Modo noche: cambiar a un fondo oscuro para condiciones de poca luz; o cambio de modo día.
• Compartir: compartir el texto actual.
• Ajustes: cambiar preferencias de color y preferencias de calendario.
• Ayuda: volver a esta página de ayuda.

Puede descargar la App desde el siguiente enlace, para la versión Android:
http://bit.ly/ipietaapk

Puede descargar la App desde el siguiente enlace, para la versión IOS:
http://bit.ly/ipietaios


Eugenio Amézquita Velasco

Para quien busca la Verdad, esta la encuentra sólo en Cristo y a Cristo lo encontramos en muchos lugares y momentos. Uno de los espacios donde puede ser encontrado es a través de su Palabra, plasmada en la Sagrada Escritura y específicamente en el Nuevo Testamento. Cristo cita en diversos momentos durante sus tres años de misión en la tierra, el Antiguo Testamento, para hacer ver al pueblo de Israel y a quienes lo escuchaban, que Él es el Mesías.

La Iglesia, a través de su Doctrina plasmada en el catecismo de la Iglesia Católica, la Iglesia fundad históricamente por Jesucristo, explica de manera amplia sobre la Palabra de Dios, sobre la Sagrada Escritura.

En la Primera Parte del Catecismo, donde se nos habla de La Profesión de Fe, en su primera sección "Creo-Creemos", capítulo segundo "Dios al Encuentro del Hombre" se nos explica sobre "La Sagrada Escritura, el artículo III de este capitulo.

Textualmente se nos habla de "Cristo, palabra única de la Sagrada Escritura"

Textualmente se nos precisa que "en la condescendencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: «La palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres»".

"A través de todas las palabras de la sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se da a conocer en plenitud (cf. Hb 1,1-3):

«Recordad que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo (San Agustín, Enarratio in Psalmum, 103,4,1)".

"Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21)".

"En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). «En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21)".

Dentro del apartado denominado la "Inspiración y verdad de la Sagrada Escritura" se nos precisa que "Dios es el autor de la Sagrada Escritura. «Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo»."

"«La santa madre Iglesia, según la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia« (DV 11)."

"Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados. «En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (DV 11)".

"Los libros inspirados enseñan la verdad. «Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra» (DV 11)".

"Sin embargo, la fe cristiana no es una «religión del Libro». El cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, «no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo» (San Bernardo de Claraval, Homilia super missus est, 4,11: PL 183, 86B). Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas (cf. Lc 24, 45)".

En el apartado III, sobre "El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura", se nos recuerda que "en la sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras (cf. DV 12,1)".

"Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los «géneros literarios» usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. «Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios» (DV 12,2)".

"Pero, dado que la sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta interpretación , no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra muerta: «La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita» (DV 12,3)".

"El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3):

1. Prestar una gran atención «al contenido y a la unidad de toda la Escritura». En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios , del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (cf. Lc 24,25-27. 44-46)".

"«Por el corazón (cf. Sal 22,15) de Cristo se comprende la sagrada Escritura, la cual hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías» (Santo Tomás de Aquino, Expositio in Psalmos, 21,11)".

"2. Leer la Escritura en «la Tradición viva de toda la Iglesia». Según un adagio de los Padres, Sacra Scriptura pincipalius est in corde Ecclesiae quam in materialibus instrumentis scripta («La sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos»). En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura (...secundum spiritualem sensum quem Spiritus donat Ecclesiae [Orígenes, Homiliae in Leviticum, 5,5])".

"3. Estar atento «a la analogía de la fe» (cf. Rm 12, 6). Por «analogía de la fe» entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación".

Sobre El sentido de la Escritura, según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia".

"El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super unum litteralem sensum (Santo Tomás de Aquino., S.Th., 1, q.1, a. 10, ad 1). Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal".

"El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos".

"El sentido alegórico. Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; así, el paso del mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (cf. 1 Cor 10, 2)".

"El sentido moral. Los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos «para nuestra instrucción» (1 Cor 10, 11; cf. Hb 3-4,11)".

"El sentido anagógico. Podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: «anagoge») hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste (cf. Ap 21,1- 22,5)".

"Un dístico medieval resume la significación de los cuatro sentidos:

"Littera gesta docet, quid credas allegoria,
Moralis quid agas, quo tendas anagogia"
(La letra enseña los hechos,
la alegoría lo que has de creer,
el sentido moral lo que has de hacer,
y la anagogía a dónde has de tender).

(Agustín de Dacia, Rotulus pugillaris, I: ed. A. Walz: Angelicum 6 (1929), 256)"

"«A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la sagrada Escritura, de modo que mediante un cuidadoso estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios» (DV 12,3):

Ego vero Evangelio non crederem, nisi me catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas (No creería en el Evangelio, si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica)

(San Agustín, Contra epistulam Manichaei quam vocant fundamenti, 5,6)."

Sobre El canon de las Escrituras, la Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos (cf. DV 8,3). Esta lista integral es llamada «canon» de las Escrituras. Comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos (45 si se cuentan Jr y Lm como uno solo), y 27 para el Nuevo (cf. Decretum Damasi: DS 179; Concilio de Florencia, año 1442: ibíd.,1334-1336; Concilio de Trento: ibíd., 1501-1504):

Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás Miqueas, Nahúm , Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías para el Antiguo Testamento;

los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de los Apóstoles, las cartas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, la primera y la segunda a los Tesalonicenses, la primera y la segunda a Timoteo, a Tito, a Filemón, la carta a los Hebreos, la carta de Santiago, la primera y la segunda de Pedro, las tres cartas de Juan, la carta de Judas y el Apocalipsis para el Nuevo Testamento."

El Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento es una parte de la sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son divinamente inspirados y conservan un valor permanente (cf. DV 14), porque la Antigua Alianza no ha sido revocada.

"En efecto, «el fin principal de la economía del Antiguo Testamento era preparar la venida de Cristo, redentor universal». «Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros», los libros del Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios: «Contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca de la vida del hombre, encierran admirables tesoros de oración, y en ellos se esconden el misterio de nuestra salvación» (DV 15)".

"Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios. La Iglesia ha rechazado siempre vigorosamente la idea de prescindir del Antiguo Testamento so pretexto de que el Nuevo lo habría hecho caduco (marcionismo)".

El Nuevo Testamento. «La palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento» (DV 17). Estos escritos nos ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo (cf. DV 20).

"Los Evangelios son el corazón de todas las Escrituras «por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador» (DV 18)".

"En la formación de los evangelios se pueden distinguir tres etapas:

1. La vida y la enseñanza de Jesús. La Iglesia mantiene firmemente que los cuatro evangelios, «cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día en que fue levantado al cielo».

2. La tradición oral. «Los apóstoles ciertamente después de la ascensión del Señor predicaron a sus oyentes lo que Él había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, instruidos y guiados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad».

3. Los evangelios escritos. «Los autores sagrados escribieron los cuatro evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la situación de las Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús» (DV 19)".

"El Evangelio cuadriforme ocupa en la Iglesia un lugar único; de ello dan testimonio la veneración de que lo rodea la liturgia y el atractivo incomparable que ha ejercido en todo tiempo sobre los santos:

«No hay ninguna doctrina que sea mejor, más preciosa y más espléndida que el texto del Evangelio. Ved y retened lo que nuestro Señor y Maestro, Cristo, ha enseñado mediante sus palabras y realizado mediante sus obras» (Santa Cesárea Joven,  Epistula ad Richildam et Radegundem: SC 345, 480)."

"«Es sobre todo el Evangelio lo que me ocupa durante mis oraciones; en él encuentro todo lo que es necesario a mi pobre alma. En él descubro siempre nuevas luces, sentidos escondidos y misteriosos (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscritos autobiográficos, París 1922, p. 268)."

La unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento. La Iglesia, ya en los tiempos apostólicos (cf. 1 Cor 10,6.11; Hb 10,1; 1 Pe 3,21), y después constantemente en su tradición, esclareció la unidad del plan divino en los dos Testamentos gracias a la tipología. Esta reconoce, en las obras de Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que Dios realizó en la plenitud de los tiempos en la persona de su Hijo encarnado.

"Los cristianos, por tanto, leen el Antiguo Testamento a la luz de Cristo muerto y resucitado. Esta lectura tipológica manifiesta el contenido inagotable del Antiguo Testamento. Ella no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación que nuestro Señor mismo reafirmó (cf. Mc 12,29-31). Por otra parte, el Nuevo Testamento exige ser leído también a la luz del Antiguo. La catequesis cristiana primitiva recurrirá constantemente a él (cf. 1 Co 5,6-8; 10,1-11). Según un viejo adagio, el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo: Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet (San Agustín, Quaestiones in Heptateuchum 2,73; cf. DV 16)".

"La tipología significa un dinamismo que se orienta al cumplimiento del plan divino cuando «Dios sea todo en todo» (1 Co 15, 28). Así la vocación de los patriarcas y el éxodo de Egipto, por ejemplo, no pierden su valor propio en el plan de Dios por el hecho de que son al mismo tiempo etapas intermedias".

La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. «Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor para la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (DV 21). «Los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura» (DV 22)".

"«La sagrada Escritura debe ser como el alma de la sagrada teología. El ministerio de la palabra, que incluye la predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana y, en puesto privilegiado, la homilía, recibe de la palabra de la Escritura alimento saludable y por ella da frutos de santidad» (DV 24)".

"La Iglesia «recomienda de modo especial e insistentemente a todos los fieles [...] la lectura asidua de las divinas Escrituras para que adquieran "la ciencia suprema de Jesucristo» (Flp 3,8), «pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» (DV 25; cf. San Jerónimo, Commentarii in Isaiam, Prólogo: CCL 73, 1 [PL 24, 17])".

Resumen

«Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo» (Hugo de San Víctor, De arca Noe 2,8: PL 176, 642C; cf. Ibíd., 2,9: PL 176, 642-643).

«Las sagradas Escritura contienen la Palabra de Dios y, porque están inspiradas, son realmente Palabra de Dios» (DV 24).

Dios es el autor de la sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica (cf. DV 11).

La interpretación de las Escrituras inspiradas debe estar sobre todo atenta a lo que Dios quiere revelar por medio de los autores sagrados para nuestra salvación. «Lo que viene del Espíritu sólo es plenamente percibido por la acción del Espíritu» (Cf Orígenes, Homiliae in Exodum, 4,5).

La Iglesia recibe y venera como inspirados los cuarenta y seis libros del Antiguo Testamento y los veintisiete del Nuevo.

Los cuatro Evangelios ocupan un lugar central, pues su centro es Cristo Jesús.

La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del plan de Dios y de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios.

«La Iglesia siempre ha venerado la sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo» (DV 21): aquélla y éste alimentan y rigen toda la vida cristiana. «Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero» (Sal 119,105; cf. Is 50,4).


Eugenio Amézquita Velasco

Muchos nos preguntamos, como bautizados, como cristianos pertenecientes a diferentes denominaciones por quién no y por quién sí debemos de votar; muchos decidimos votar en medio del coraje, la decepción y la amargura y del castigo en contra de quienes nos han dañado como gobernantes. Si bien es entendible la actitud, no debe ser el parámetro. Actuar en base a las vísceras y a los sentimientos implicaría un suicidio político para el votante y para todo un país.
¿Cómo saber si aquel partido político y aquel individuo es el que conviene?

La respuesta se basa en el analizar, meditar y razonar el actuar político y personal del individuo y del partido que busca ser votado; por la congruencia de vida del mismo sujeto que habla de paz, cuando en su actuar ha sido violento; o cuando habla de democracia cuando en sus decisiones las fundamenta en la imposición y el tradicional "dedazo".

Algunos criterios: por quién no votar

Un buen cristiano seguiría los siguientes criterios para no votar por determinado candidato o partido:

Primero, un buen cristiano no puede votar por un partido o por un candidato que esté en contra del respeto absoluto que se debe a la vida humana desde la concepción hasta su desenlace natural, como serían los que propician el aborto, la eutanasia o la manipulación de embriones.

Segundo, un buen cristiano no puede votar por un partido o por un candidato que no respete la dignidad humana, como serían los que defienden la prostitución, el homosexualismo o el lesbianismo, los anticonceptivos físicos o químicos, la pornografía especialmente la infantil, la clonación humana, el uso o tráfico de drogas, la venta indiscriminada de alcohol, el machismo, la discriminación étnica y racial.

Tercero, un buen cristiano no puede votar por un partido o por un candidato que no respete el derecho primario de todo hombre o mujer a practicar, en privado o en público, individualmente o en grupo,  sus creencias religiosas; o que obstaculice de cualquier manera la enseñanza de la religión, prohíba las manifestaciones públicas de fo o se oponga a la instalación de los lugares para el culto que pida la comunidad.

Cuarto, un buen cristiano no puede votar por un partido o por un candidato que se oponga a niegue el derecho inalienable de los padres de familia a escoger el tipo de educación que, de acuerdo a sus convicciones, quieran para sus hijos.

Quinto, un buen cristiano no puede votar por un partido o por un candidato que no le garantice, con certeza moral, que utilizará honestamente los dineros y bienes públicos; que va a cumplir lo que promete, que buscará el bien común y no el provecho propio y de sus colaboradores.

Sexto, un buen cristiano no puede votar por un partido que no se comprometa a promover la dignidad de la familia fundada sobre el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto; a combatir la violencia, la drogadicción, la injusticia institucionalizada, la corrupción política y que no haga propuestas creíbles en favor de los más necesitados.

Por quién sí debe votar un cristiano

Para un buen cristiano, la lista de características para definir su voto se concentra  en tres aspectos simples y que son planteados de la siguiente manera:

Primero, un buen cristiano debe votar, preferentemente, por un candidato que respalde con su ejemplo, las virtudes humanas y cristianas como son el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la vida ordenada, la fidelidad conyugal y el amor a su familia.

Segundo, un buen cristiano debe votar, preferentemente, por un candidato que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres y que en todo defienda la dignidad de la persona humana.

Tercero, un buen cristiano debe votar por un candidato que tenga cualidades de gobierno y que garantice la vigencia del estado de derecho mediante la aplicación de la ley, sin excepción de personas o de cargos.

Hace muchos años en México, en los pueblos pequeños, para la gente no había mucha dificultad en determinar por quién votar. La gente preguntaba "¿De quién es hijito el que va de candidato?" y cuando se escuchaba el nombre del padre o la madre, si venía de familia buena, la respuesta era inmediata: "¡Ah... hijito de don fulano! Ese es el que va a ganar", respondía el pueblo. Ante el crecimiento demográfico del país, es importante investigar los antecedentes del candidato. Así podremos saber de quién es hijito y la clase de hijito que es.


TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning - The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.


TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning - The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.


TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning - The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.


TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning - The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.


TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning - The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.


 VIDEO: El Sacramento de la Eucaristía



D. José Pedro Manglano, autor de libros sobre la Misa, la Confesión y el Matrimonio, ha grabado para Madrid 11 TV una serie de los 7 sacramentos.

Son 8 vídeos de entre 8-12 minutos que condensan la doctrina de la Iglesia Católica, expuestas de forma amena y en defensa de la fe.
Edición y realizacion: Alicia del Rio e Inés Gutiérrez Dorronsoro


 VIDEO: El Sacramento de la Confesión



D. José Pedro Manglano, autor de libros sobre la Misa, la Confesión y el Matrimonio, ha grabado para Madrid 11 TV una serie de los 7 sacramentos.

Son 8 vídeos de entre 8-12 minutos que condensan la doctrina de la Iglesia Católica, expuestas de forma amena y en defensa de la fe.
Edición y realizacion: Alicia del Rio e Inés Gutiérrez Dorronsoro


 VIDEO: El Sacramento del Bautismo


D. José Pedro Manglano, autor de libros sobre la Misa, la Confesión y el Matrimonio, ha grabado para Madrid 11 TV una serie de los 7 sacramentos.

Son 8 vídeos de entre 8-12 minutos que condensan la doctrina de la Iglesia Católica, expuestas de forma amena y en defensa de la fe.
Edición y realizacion: Alicia del Rio e Inés Gutiérrez Dorronsoro


Introducción a los Sacramentos



D. José Pedro Manglano, autor de libros sobre la Misa, la Confesión y el Matrimonio, ha grabado para Madrid 11 TV una serie de los 7 sacramentos.

Son 8 vídeos de entre 8-12 minutos que condensan la doctrina de la Iglesia Católica, expuestas de forma amena y en defensa de la fe.
Edición y realizacion: Alicia del Rio e Inés Gutiérrez Dorronsoro


El Sacramento de la Redención, que la Madre Iglesia confiesa con firme fe y recibe con alegría, celebra y adora con veneración, en la santísima Eucaristía, anuncia la muerte de Jesucristo y proclama su resurrección, hasta que Él vuelva en gloria, como Señor y Dominador invencible, Sacerdote eterno y Rey del universo, y entregue al Padre omnipotente, de majestad infinita, el reino de la verdad y la vida.

La doctrina de la Iglesia sobre la santísima Eucaristía ha sido expuesta con sumo cuidado y la máxima autoridad, a lo largo de los siglos, en los escritos de los Concilios y de los Sumos Pontífices, puesto que en la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, que es Cristo, nuestra Pascua, fuente y cumbre de toda la vida cristiana,[5] y cuya fuerza alienta a la Iglesia desde los inicios. Recientemente, en la Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia», el Sumo Pontífice Juan Pablo II ha expuesto de nuevo algunos principios sobre esta materia, de gran importancia eclesial para nuestra época.

Para que también en los tiempos actuales, tan gran misterio sea debidamente protegido por la Iglesia, especialmente en la celebración de la sagrada Liturgia, el Sumo Pontífice mandó a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que, en colaboración con la Congregación para la Doctrina de la Fe, preparara esta Instrucción, en la que se trataran algunas cuestiones referentes a la disciplina del sacramento de la Eucaristía. Por consiguiente, lo que en esta Instrucción se expone, debe ser leído en continuidad con la mencionada Carta Encíclica «Ecclesia de Eucharistia».

Sin embargo, la intención no es tanto preparar un compendio de normas sobre la santísima Eucaristía sino más bien retomar, con esta Instrucción, algunos elementos de la normativa litúrgica anteriormente enunciada y establecida, que continúan siendo válidos, para reforzar el sentido profundo de las normas litúrgicas e indicar otras que aclaren y completen las precedentes, explicándolas a los Obispos, y también a los presbíteros, diáconos y a todos los fieles laicos, para que cada uno, conforme al propio oficio y a las propias posibilidades, las puedan poner en práctica.

Las normas que se contienen en esta Instrucción se refieren a cuestiones litúrgicas concernientes al Rito romano y, con las debidas salvedades, también a los otros Ritos de la Iglesia latina, aprobados por el derecho.

«No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar». Sin embargo, «no faltan sombras». Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse.

La observancia de las normas que han sido promulgadas por la autoridad de la Iglesia exige que concuerden la mente y la voz, las acciones externas y la intención del corazón. La mera observancia externa de las normas, como resulta evidente, es contraria a la esencia de la sagrada Liturgia, con la que Cristo quiere congregar a su Iglesia, y con ella formar «un sólo cuerpo y un sólo espíritu». Por esto la acción externa debe estar iluminada por la fe y la caridad, que nos unen con Cristo y los unos a los otros, y suscitan en nosotros la caridad hacia los pobres y necesitados. Las palabras y los ritos litúrgicos son expresión fiel, madurada a lo largo de los siglos, de los sentimientos de Cristo y nos enseñan a tener los mismos sentimientos que él; conformando nuestra mente con sus palabras, elevamos al Señor nuestro corazón. Cuanto se dice en esta Instrucción, intenta conducir a esta conformación de nuestros sentimientos con los sentimientos de Cristo, expresados en las palabras y ritos de la Liturgia.

Los abusos, sin embargo, «contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento». De esta forma, también se impide que puedan «los fieles revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron». Conviene que todos los fieles tengan y realicen aquellos sentimientos que han recibido por la pasión salvadora del Hijo Unigénito, que manifiesta la majestad de Dios, ya que están ante la fuerza, la divinidad y el esplendor de la bondad de Dios, especialmente presente en el sacramento de la Eucaristía.

No es extraño que los abusos tengan su origen en un falso concepto de libertad. Pero Dios nos ha concedido, en Cristo, no una falsa libertad para hacer lo que queramos, sino la libertad para que podamos realizar lo que es digno y justo. Esto es válido no sólo para los preceptos que provienen directamente de Dios, sino también, según la valoración conveniente de cada norma, para las leyes promulgadas por la Iglesia. Por ello, todos deben ajustarse a las disposiciones establecidas por la legítima autoridad eclesiástica.

Además, se advierte con gran tristeza la existencia de «iniciativas ecuménicas que, aún siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe». Sin embargo, «la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones». Por lo que conviene corregir algunas cosas y definirlas con precisión, para que también en esto «la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio».

Finalmente, los abusos se fundamentan con frecuencia en la ignorancia, ya que casi siempre se rechaza aquello de lo que no se comprende su sentido más profundo y su antigüedad. Por eso, con su raíz en la misma Sagrada Escritura, «las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu, y de ella reciben su significado las acciones y los signos». Por lo que se refiere a los signos visibles «que usa la sagrada Liturgia, han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para significar las realidades divinas invisibles». Justamente, la estructura y la forma de las celebraciones sagradas según cada uno de los Ritos, sea de la tradición de Oriente sea de la de Occidente, concuerdan con la Iglesia Universal y con las costumbres universalmente aceptadas por la constante tradición apostólica, que la Iglesia entrega, con solicitud y fidelidad, a las generaciones futuras. Todo esto es sabiamente custodiado y protegido por las normas litúrgicas.

La misma Iglesia no tiene ninguna potestad sobre aquello que ha sido establecido por Cristo, y que constituye la parte inmutable de la Liturgia. Pero si se rompiera este vínculo que los sacramentos tienen con el mismo Cristo, que los ha instituido, y con los acontecimientos en los que la Iglesia ha sido fundada, nada aprovecharía a los fieles, sino que podría dañarles gravemente. De hecho, la sagrada Liturgia está estrechamente ligada con los principios doctrinales, por lo que el uso de textos y ritos que no han sido aprobados lleva a que disminuya o desaparezca el nexo necesario entre la lex orandi y la lex credendi.

El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande «para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal». Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones, aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano, que se debe cuidar con decisión,[28] y realiza acciones que de ningún modo corresponden con el hambre y la sed del Dios vivo, que el pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un auténtico celo pastoral, ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios no benefician la verdadera renovación,sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios.[30] De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la «secularización».

Por otra parte, todos los fieles cristianos gozan del derecho de celebrar una liturgia verdadera, y especialmente la celebración de la santa Misa, que sea tal como la Iglesia ha querido y establecido, como está prescrito en los libros litúrgicos y en las otras leyes y normas. Además, el pueblo católico tiene derecho a que se celebre por él, de forma íntegra, el santo sacrificio de la Misa, conforme a toda la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Finalmente, la comunidad católica tiene derecho a que de tal modo se realice para ella la celebración de la santísima Eucaristía, que aparezca verdaderamente como sacramento de unidad, excluyendo absolutamente todos los defectos y gestos que puedan manifestar divisiones y facciones en la Iglesia.

Todas las normas y recomendaciones expuestas en esta Instrucción, de diversas maneras, están en conexión con el oficio de la Iglesia, a quien corresponde velar por la adecuada y digna celebración de este gran misterio. De los diversos grados con que cada una de las normas se unen con la norma suprema de todo el derecho eclesiástico, que es el cuidado para la salvación de las almas, trata el último capítulo de la presente Instrucción.
(25 de marzo de 2004)


La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él" (Jn 6,56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: "Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí":

«Cuando en las fiestas [del Señor] los fieles reciben el Cuerpo del Hijo, proclaman unos a otros la Buena Nueva, se nos han dado las arras de la vida, como cuando el ángel dijo a María [de Magdala]: "¡Cristo ha resucitado!" He aquí que ahora también la vida y la resurrección son comunicadas a quien recibe a Cristo».

Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, "vivificada por el Espíritu Santo y vivificante", conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dada como viático.

La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es "entregado por nosotros", y la Sangre que bebemos es "derramada por muchos para el perdón de los pecados". Por eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados:

«Cada vez que lo recibimos, anunciamos la muerte del Señor. Si anunciamos la muerte del Señor, anunciamos también el perdón de los pecados . Si cada vez que su Sangre es derramada, lo es para el perdón de los pecados, debo recibirle siempre, para que siempre me perdone los pecados. Yo que peco siempre, debo tener siempre un remedio».

Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él:

«Porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos conmemoración de su muerte en nuestro sacrificio, pedimos que venga el Espíritu Santo y nos comunique el amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor que impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea infundido por el Espíritu Santo en nuestro propios corazones, con objeto de que consideremos al mundo como crucificado para nosotros, y sepamos vivir crucificados para el mundo [...] y, llenos de caridad, muertos para el pecado vivamos para Dios».

Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales. Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con Él por el pecado mortal. La Eucaristía no está ordenada al perdón de los pecados mortales. Esto es propio del sacramento de la Reconciliación. Lo propio de la Eucaristía es ser el sacramento de los que están en plena comunión con la Iglesia.

La unidad del Cuerpo místico: La Eucaristía hace la Iglesia. Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo. En el Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo cuerpo. La Eucaristía realiza esta llamada: "El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan":

«Si vosotros mismos sois Cuerpo y miembros de Cristo, sois el sacramento que es puesto sobre la mesa del Señor, y recibís este sacramento vuestro. Respondéis "Amén" [es decir, "sí", "es verdad"] a lo que recibís, con lo que, respondiendo, lo reafirmáis. Oyes decir "el Cuerpo de Cristo", y respondes "amén". Por lo tanto, sé tú verdadero miembro de Cristo para que tu "amén" sea también verdadero».

La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos:

«Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. [...] Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno [...] de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso.

La Eucaristía y la unidad de los cristianos. Ante la grandeza de esta misterio, san Agustín exclama: O sacramentum pietatis! O signum unitatis! O vinculum caritatis! ("¡Oh sacramento de piedad, oh signo de unidad, oh vínculo de caridad!"). Cuanto más dolorosamente se hacen sentir las divisiones de la Iglesia que rompen la participación común en la mesa del Señor, tanto más apremiantes son las oraciones al Señor para que lleguen los días de la unidad completa de todos los que creen en Él.

Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica celebran la Eucaristía con gran amor. "Estas Iglesias, aunque separadas, [tienen] verdaderos sacramentos [...] y sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, con los que se unen aún más con nosotros con vínculo estrechísimo". Una cierta comunión in sacris, por tanto, en la Eucaristía, "no solamente es posible, sino que se aconseja...en circunstancias oportunas y aprobándolo la autoridad eclesiástica".

Las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, separadas de la Iglesia católica, "sobre todo por defecto del sacramento del orden, no han conservado la sustancia genuina e íntegra del misterio eucarístico". Por esto, para la Iglesia católica, la intercomunión eucarística con estas comunidades no es posible. Sin embargo, estas comunidades eclesiales "al conmemorar en la Santa Cena la muerte y la resurrección del Señor, profesan que en la comunión de Cristo se significa la vida, y esperan su venida gloriosa".

Si, a juicio del Ordinario, se presenta una necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar los sacramentos (Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos) a cristianos que no están en plena comunión con la Iglesia católica, pero que piden estos sacramentos con deseo y rectitud: en tal caso se precisa que profesen la fe católica respecto a estos sacramentos y estén bien dispuestos.



"Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica". Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.

812 Sólo la fe puede reconocer que la Iglesia posee estas propiedades por su origen divino. Pero sus manifestaciones históricas son signos que hablan también con claridad a la razón humana. Recuerda el Concilio Vaticano I: "La Iglesia por sí misma es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misión divina a causa de su admirable propagación, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad".

Ea Iglesia es una

"El sagrado misterio de la unidad de la Iglesia"

La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas". La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado [...] por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios [...] restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo". La Iglesia es una debido a su "alma": "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia". Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una:

«¡Qué sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos del universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay también una sola virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia» (Clemente de Alejandría, Paedagogus 1, 6, 42).

Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; "dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones". La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar a "guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3).

¿Cuáles son estos vínculos de la unidad? "Por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14). Pero la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:

— la profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles;

— la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;

— la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios.

"La única Iglesia de Cristo, [...] Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran [...]. Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él".

El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: «Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es "auxilio general de salvación", puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único Colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios».

Las heridas de la unidad

De hecho, "en esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes". Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma no se producen sin el pecado de los hombres:

Ubi peccata sunt, ibi est multitudo, ibi schismata, ibi haereses, ibi discussiones. Ubi autem virtus, ibi singularitas, ibi unio, ex quo omnium credentium erat cor unum et anima una ("Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma": Orígenes, In Ezechielem homilia 9, 1).

Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos [...] justificados por la fe en el Bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor".

Además, "muchos elementos de santificación y de verdad" existen fuera de los límites visibles de la Iglesia católica: "la palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles". El Espíritu de Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación cuya fuerza viene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia católica. Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él y de por sí impelen a "la unidad católica".

Hacia la unidad

Aquella unidad "que Cristo concedió desde el principio a la Iglesia [...] creemos que subsiste indefectible en la Iglesia católica y esperamos que crezca de día en día hasta la consumación de los tiempos". Cristo da permanentemente a su Iglesia el don de la unidad, pero la Iglesia debe orar y trabajar siempre para mantener, reforzar y perfeccionar la unidad que Cristo quiere para ella. Por eso Cristo mismo rogó en la hora de su Pasión, y no cesa de rogar al Padre por la unidad de sus discípulos: "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado". El deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo.

Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:

— una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad;

— la conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio", porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;

— la oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual";

— el fraterno conocimiento recíproco;

— la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes;

— el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades;

— la colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres.

"La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores". Pero hay que ser "conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la una y única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana". Por eso hay que poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo".

La Iglesia es santa

«La fe confiesa que la Iglesia [...] no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama "el solo santo", amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios». La Iglesia es, pues, "el Pueblo santo de Dios", y sus miembros son llamados "santos" (cf Hch 9, 13; 1 Co 6, 1; 16, 1).

La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y en Él, ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir "la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios" (SC 10). En la Iglesia es en donde está depositada "la plenitud total de los medios de salvación". Es en ella donde "conseguimos la santidad por la gracia de Dios".

"La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta". En sus miembros, la santidad perfecta está todavía por alcanzar: "Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre".

La caridad es el alma de la santidad a la que todos están llamados: "dirige todos los medios de santificación, los informa y los lleva a su fin":

«Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto por diferentes miembros, el más necesario, el más noble de todos no le faltaba, comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que este corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que el Amor solo hacía obrar a los miembros de la Iglesia, que si el Amor llegara a apagarse, los Apóstoles ya no anunciarían el Evangelio, los Mártires rehusarían verter su sangre... Comprendí que el Amor encerraba todas las vocaciones, que el Amor era todo, que abarcaba todos los tiempos y todos los lugares... en una palabra, que es eterno» (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrit B, 3v: Manuscrits autobiographiques ).

«Mientras que Cristo, "santo, inocente, sin mancha", no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación". Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores (cf 1 Jn 1, 8-10). En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos (cf Mt 13, 24-30). La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación:

La Iglesia «es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma, que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo» (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 19).

Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores. "Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia". En efecto, "la santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero".

"La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha ni arruga. En cambio, los creyentes se esfuerzan todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María": en ella, la Iglesia es ya enteramente santa.

La Iglesia es católica

Qué quiere decir "católica"

La palabra "católica" significa "universal" en el sentido de "según la totalidad" o "según la integridad". La Iglesia es católica en un doble sentido:

Es católica porque Cristo está presente en ella. "Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica" (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Smyrnaeos 8, 2). En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza (cf Ef 1, 22-23), lo que implica que ella recibe de Él "la plenitud de los medios de salvación" (AG 6) que Él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía.

Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (cf Mt 28, 19):

«Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos [...] Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu».

Cada una de las Iglesias particulares es "católica"

"Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias [...] En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor [...] En estas comunidades, aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa, católica y apostólica".

Se entiende por Iglesia particular, que es la diócesis (o la eparquía), una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión apostólica. Estas Iglesias particulares están "formadas a imagen de la Iglesia Universal. En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única".

Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma "que preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos 1, 1). "Porque con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (San Ireneo, Adversus haereses 3, 3, 2; citado por Concilio Vaticano I: DS 3057). "En efecto, desde la venida a nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas de todas partes han tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí [en Roma] como única base y fundamento porque, según las mismas promesas del Salvador, las puertas del infierno no han prevalecido jamás contra ella" (San Máximo Confesor, Opuscula theologica et polemica: PG 91, 137-140).

"Guardémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma o por decirlo así, la federación de iglesias particulares. En el pensamiento del Señor es la Iglesia, universal por vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de terrenos culturales, sociales, humanos, toma en cada parte del mundo aspectos, expresiones externas diversas". La rica variedad de disciplinas eclesiásticas, de ritos litúrgicos, de patrimonios teológicos y espirituales propios de las Iglesias locales "con un mismo objetivo muestra muy claramente la catolicidad de la Iglesia indivisa".

Quién pertenece a la Iglesia católica

"Todos los hombres, por tanto, están invitados a esta unidad católica del Pueblo de Dios [...] A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella están destinados los católicos, los demás cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvación por la gracia de Dios".

«Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los obispos, mediante los lazos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. No se salva, en cambio, el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, pero está en el seno de la Iglesia con el "cuerpo", pero no con el "corazón"».

"La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro". "Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica". Con las Iglesias ortodoxas, esta comunión es tan profunda "que le falta muy poco para que alcance la plenitud que haría posible una celebración común de la Eucaristía del Señor" (Pablo VI, Homilía del 14 de diciembre de 1975en la Capilla Sixtina; cf UR 13-18).

La Iglesia y los no cristianos

"[...] Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras":

La relación de la Iglesia con el pueblo judío. La Iglesia, Pueblo de Dios en la Nueva Alianza, al escrutar su propio misterio, descubre su vinculación con el pueblo judío "a quien Dios ha hablado primero" (Misal Romano, Viernes Santo: Oración universal VI). A diferencia de otras religiones no cristianas la fe judía ya es una respuesta a la revelación de Dios en la Antigua Alianza. Pertenece al pueblo judío "la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los patriarcas; de todo lo cual [...] procede Cristo según la carne" (cf Rm 9, 4-5), "porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables" (Rm 11, 29).

Por otra parte, cuando se considera el futuro, el Pueblo de Dios de la Antigua Alianza y el nuevo Pueblo de Dios tienden hacia fines análogos: la espera de la venida (o el retorno) del Mesías; pues para unos, es la espera de la vuelta del Mesías, muerto y resucitado, reconocido como Señor e Hijo de Dios; para los otros, es la venida del Mesías cuyos rasgos permanecen velados hasta el fin de los tiempos, espera que está acompañada del drama de la ignorancia o del rechazo de Cristo Jesús.

Las relaciones de la Iglesia con los musulmanes. "El designio de salvación comprende también a los que reconocen al Creador. Entre ellos están, ante todo, los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo".

El vínculo de la Iglesia con las religiones no cristianas es, en primer lugar, el del origen y el del fin comunes del género humano:

«Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra; tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que los elegidos se unan en la Ciudad Santa.

La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda, "entre sombras e imágenes", del Dios desconocido pero próximo ya que es Él quien da a todos vida, el aliento y todas las cosas y quiere que todos los hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que puede encontrarse en las diversas religiones, "como una preparación al Evangelio y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan la vida".

Pero, en su comportamiento religioso, los hombres muestran también límites y errores que desfiguran en ellos la imagen de Dios:

«Con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron a razonar como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo falso, sirviendo a las criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, están expuestos a la desesperación más radical».

El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvación. Ella es el "mundo reconciliado" (San Agustín, Sermo 96, 7-9). Es, además, este barco que pleno dominicae crucis velo Sancti Spiritus flatu in hoc bene navigat mundo ("con su velamen que es la cruz de Cristo, empujado por el Espíritu Santo, navega bien en este mundo"; san Ambrosio, De virginitate 18, 119); según otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está prefigurada por el Arca de Noé que es la única que salva del diluvio (cf 1 P 3, 20-21).

"Fuera de la Iglesia no hay salvación"

¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo:

El santo Sínodo [...] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella».

Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia:

«Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).

848 «Aunque Dios, por caminos conocidos sólo por Él, puede llevar a la fe, "sin la que es imposible agradarle" (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia, corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizar» (AG 7).

La misión, exigencia de la catolicidad de la Iglesia

El mandato misionero. «La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser "sacramento universal de salvación", por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres»: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20)

El origen la finalidad de la misión. El mandato misionero del Señor tiene su fuente última en el amor eterno de la Santísima Trinidad: "La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre". El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor.

El motivo de la misión. Del amor de Dios por todos los hombres la Iglesia ha sacado en todo tiempo la obligación y la fuerza de su impulso misionero: "porque el amor de Cristo nos apremia..." (2 Co 5, 14; cf AA 6). En efecto, "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 4). Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obedecen a la moción del Espíritu de verdad están ya en el camino de la salvación; pero la Iglesia a quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia debe ser misionera.

Los caminos de la misión. "El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial". Él es quien conduce la Iglesia por los caminos de la misión. Ella continúa y desarrolla en el curso de la historia la misión del propio Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres; "impulsada por el Espíritu Santo, debe avanzar por el mismo camino por el que avanzó Cristo: esto es, el camino de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección". Es así como la "sangre de los mártires es semilla de cristianos" (Tertuliano, Apologeticum, 50, 13).

Pero en su peregrinación, la Iglesia experimenta también "hasta qué punto distan entre sí el mensaje que ella proclama y la debilidad humana de aquellos a quienes se confía el Evangelio". Sólo avanzando por el camino "de la conversión y la renovación" y "por el estrecho sendero de la cruz" es como el Pueblo de Dios puede extender el reino de Cristo (cf RM 12-20). En efecto, "como Cristo realizó la obra de la redención en la pobreza y en la persecución, también la Iglesia está llamada a seguir el mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación".

Por su propia misión, "la Iglesia [...] avanza junto con toda la humanidad y experimenta la misma suerte terrena del mundo, y existe como fermento y alma de la sociedad humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios". El esfuerzo misionero exige entonces la paciencia. Comienza con el anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo, continúa con el establecimiento de comunidades cristianas, "signo de la presencia de Dios en el mundo", y en la fundación de Iglesias locales; se implica en un proceso de inculturación para así encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos; en este proceso no faltarán también los fracasos. "En cuanto se refiere a los hombres, grupos y pueblos, solamente de forma gradual los toca y los penetra y de este modo los incorpora a la plenitud católica".

La misión de la Iglesia reclama el esfuerzo hacia la unidad de los cristianos. En efecto, "las divisiones entre los cristianos son un obstáculo para que la Iglesia lleve a cabo la plenitud de la catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso se hace más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad misma de la vida".

La tarea misionera implica un diálogo respetuoso con los que todavía no aceptan el Evangelio. Los creyentes pueden sacar provecho para sí mismos de este diálogo aprendiendo a conocer mejor "cuanto [...] de verdad y de gracia se encontraba ya entre las naciones, como por una casi secreta presencia de Dios". Si ellos anuncian la Buena Nueva a los que la desconocen, es para consolidar, completar y elevar la verdad y el bien que Dios ha repartido entre los hombres y los pueblos, y para purificarlos del error y del mal "para gloria de Dios, confusión del diablo y felicidad del hombre".

La Iglesia es apostólica

La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los apóstoles, y esto en un triple sentido:

— fue y permanece edificada sobre "el fundamento de los Apóstoles" (Ef 2, 20; Hch 21, 14), testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo (cf. Mt 28, 16-20; Hch 1, 8; 1 Co 9, 1; 15, 7-8; Ga 1, l; etc.).

— guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza (cf. Hch 2, 42), el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles (cf 2 Tm 1, 13-14).

— sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, "al que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia":

«Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos pastores, lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio (Prefacio de los Apóstoles I: Misal Romano).

La misión de los Apóstoles

Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, "llamó a los que él quiso [...] y vinieron donde él. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3, 13-14). Desde entonces, serán sus "enviados" [es lo que significa la palabra griega apóstoloi]. En ellos continúa su propia misión: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21; cf. Jn 13, 20; 17, 18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: "Quien a vosotros recibe, a mí me recibe", dice a los Doce (Mt 10, 40; cf, Lc 10, 16).

Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como "el Hijo no puede hacer nada por su cuenta" (Jn 5, 19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (cf. Jn 15, 5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como "ministros de una nueva alianza" (2 Co 3, 6), "ministros de Dios" (2 Co 6, 4), "embajadores de Cristo" (2 Co 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Co 4, 1).

En el encargo dado a los Apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la Resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20). "Esta misión divina confiada por Cristo a los Apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los Apóstoles se preocuparon de instituir [...] sucesores".

Los obispos sucesores de los Apóstoles

"Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada, [los Apóstoles] encargaron mediante una especie de testamento a sus colaboradores más inmediatos que terminaran y consolidaran la obra que ellos empezaron. Les encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia de Dios. Nombraron, por tanto, de esta manera a algunos varones y luego dispusieron que, después de su muerte, otros hombres probados les sucedieran en el ministerio" (LG 20; cf. San Clemente Romano, Epistula ad Corinthios, 42, 4).

"Así como permanece el ministerio confiado personalmente por el Señor a Pedro, ministerio que debía ser transmitido a sus sucesores, de la misma manera permanece el ministerio de los Apóstoles de apacentar la Iglesia, que debe ser ejercido perennemente por el orden sagrado de los obispos". Por eso, la Iglesia enseña que "por institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió" (LG 20).

El apostolado

Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los sucesores de San Pedro y de los Apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es "enviada" al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. "La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado". Se llama "apostolado" a "toda la actividad del Cuerpo Místico" que tiende a "propagar el Reino de Cristo por toda la tierra".

"Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia", es evidente que la fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros ordenados como el de los laicos, depende de su unión vital con Cristo (cf. Jn 15, 5). Según sean las vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los dones variados del Espíritu Santo, el apostolado toma las formas más diversas. Pero la caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, "siempre es como el alma de todo apostolado" .

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos "el Reino de los cielos", "el Reino de Dios" (cf. Ap 19, 6), que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le son incorporados hasta su plena manifestación escatológica. Entonces todos los hombres rescatados por él, hechos en él "santos e inmaculados en presencia de Dios en el Amor" (Ef 1, 4), serán reunidos como el único Pueblo de Dios, "la Esposa del Cordero" (Ap 21, 9), "la Ciudad Santa que baja del Cielo de junto a Dios y tiene la gloria de Dios" (Ap 21, 10-11); y "la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce Apóstoles del Cordero" (Ap 21, 14).

Resumen

La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un solo Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu, orientado a una única esperanza (cf Ef 4, 3-5) a cuyo término se superarán todas las divisiones.

La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata" ("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla su santidad; en María es ya la enteramente santa.

La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; "es, por su propia naturaleza, misionera".

La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: los doce Apóstoles del Cordero (Ap 21, 14); es indestructible (cf. Mt 16, 18); se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro y los demás Apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los obispos.

"La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica [...] subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque sin duda, fuera de su estructura visible, pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad ".

Hermanos Franciscanos

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget