Japón: Testimonios de tres jóvenes para el Papa Francisco
(ZENIT – 26 nov. 2019).- El 25 de noviembre de 2019, el Papa Francisco se reunió con los jóvenes en la Catedral de Santa María, Tokio. Reproducimos a continuación los tres testimonios presentados por los jóvenes antes de que el Papa hablara: una joven católica, una joven budista y un joven migrante.
Testimonio de Miki Kobayashi, joven católica
Me siento muy honrada de tener la oportunidad de hablar en nombre de la juventud católica japonesa. Me gustaría hablar en inglés directamente con usted, pero al mismo tiempo, me gustaría que el público escuchara. Lo siento, pero hablaré en japonés.
La sociedad japonesa enfatiza la productividad, así que siento que Japón es un país muy ocupado. Desafortunadamente, en una sociedad así, hay pocas personas que piensan que es valioso tomarse un tiempo para reflexionar sobre sí mismos y simplemente orar. Sin embargo, creo que en la vida moderna es necesario hacer viajes de ida y vuelta entre la vida diaria y la separación, volviendo al Padre por un tiempo cada fin de semana para reflexionar sobre lo que pasó en la semana pasada, para rezar y luego obtener energía para vivir la nueva semana. Cuando fui a una escuela en Timor-Leste, los estudiantes iban a misa todas las noches. Rezaban en silencio y su canto se extendió por toda la iglesia. Sentí la belleza de sus vidas pasadas naturalmente con Dios. Este viaje de ida y vuelta entre la vida cotidiana y el tiempo libre enriquece la vida. Podemos hacer tiempo para pensar y actuar basados en Dios aunque el mundo que nos rodea cambie tan rápidamente.
Por un lado, la sociedad japonesa está bien desarrollada. No debemos temer el peligro para nuestras vidas, y muchos parecen ser capaces de vivir sin creer en algo. En un ambiente así, ¿cómo pueden los jóvenes encontrar a Dios? ¿Hay algún lugar donde puedan tener ese encuentro?
Debido a la falta de tiempo, los jóvenes pueden no ver las innumerables estrellas y perder la oportunidad de experimentar la grandeza de Dios y su propia debilidad y darse cuenta de que Dios está con ellos. Puede que no tengan amigos con quienes hablar y profundizar su fe. En Japón, sólo una minoría cree en Dios, y los jóvenes pueden no ser capaces de encontrar el significado de la fe si no ven a otras personas que viven por la fe. Es triste que no sea fácil encontrar los modelos o actitudes de fe viva que buscan los jóvenes.
Pienso también en los jornaleros de Kamagasaki, en Osaka, que son tratados como parias y privados de servicios sociales. O la forma en que los pasantes técnicos de otros países son a menudo explotados y luego descartados. Creo que la Iglesia puede desempeñar un papel en estas situaciones. La regla de medida de Dios es diferente de los estándares de la sociedad o de nuestros valores. Dios se preocupa por todos. ¿Acaso la Iglesia no cobraría vida si saliera de sí misma? Además, creo que nosotros, las personas que nos reunimos en la Iglesia, debemos vivir nuestra fe en la sociedad.
He dicho que Japón es un país rico, pero hay muchos problemas que resolver. La globalización está atrayendo cada vez a más personas de diferentes orígenes a vivir juntas. Me gustaría preguntar qué papel puede desempeñar la Iglesia y cómo los jóvenes pueden encontrar a Dios en la sociedad japonesa. Gracias.
Testimonio de Masako Kudo, joven budista
Muchas gracias por darme esta preciosa oportunidad hoy. Enseño salud y educación física en una escuela secundaria.
Cuando era profesora en práctica, para el día de deporte en nuestra escuela, 38 alumnos y yo participamos en una “carrera de ciempiés” en la que líneas de corredores sostienen los hombros con las piernas unidas por una banda. A través de esta experiencia, tuve la gran alegría de ser una con un equipo trabajando duro juntos. Los estudiantes y yo crecimos, y estaba decidida a ser maestra.
Sin embargo, convertirse en maestra no fue fácil. En ese momento, practiqué la recitación del sutra de la mañana y de la noche (oración) que no había podido hacer antes. Gracias al apoyo y aliento de otras personas, pude aprobar los exámenes y finalmente me convertí en maestra.
En Japón no cesan las noticias de intimidación y suicidio, y los estudiantes tienen problemas con sus amigos, y ansiedad por los maestros o la escuela. Además, con la propagación de los teléfonos móviles, los ordenadores, los dispositivos de juego, etc., muchos niños encuentran molesto comunicarse o competir con los demás y, por lo tanto, se retraen en sí mismos.
En mi escuela, hay estudiantes que se comparan con otros y tienen sentimientos de inferioridad o superioridad. No se gustan a sí mismos y tienen baja autoestima, pero al mismo tiempo, no pueden reconocer los esfuerzos o logros de los demás. Cuando hablo con estudiantes con caras sombrías, me responden: “Tuve una pelea con mis padres. Me tratan como una molestia” o “Mis padres me comparan con mis hermanos”. Tienden a ser agresivos con otros que hacen buen trabajo en la escuela, diciendo “Tiene un cerebro diferente por naturaleza”, y “Pone una buena cara para el maestro”.
Me he dado cuenta de que las actitudes de estos estudiantes son como las mías. Solía compararme con mi hermano mayor o mis amigos. Quería ser mejor que nadie y quería ser reconocida por los demás.
Estoy agradecida de poder entender los sentimientos de mis alumnos, pero al mismo tiempo, como profesora, me preocupo por lo que puedo hacer por ellos más allá de escucharlos. Sírvase guiarme, Su Santidad, en cuanto a los tipos de interacción que pueden ayudar a estos estudiantes a tomar conciencia de su bondad y valor.
Leonardo Cachuela, joven migrante
Mis padres son filipinos y yo nací en Filipinas. Nos mudamos a Japón cuando yo estaba en cuarto grado. Fue muy difícil para nosotros vivir en otro país. No podía hablar el idioma, y había diferencias de cultura y costumbres. El problema que más sufrí fue la intimidación.
Cuando yo era un estudiante de primaria y secundaria, fui intimidado por un chico de la misma clase. En voz baja, lo suficientemente alta para que yo la oiga, decía: “extranjero inútil”, “gordo”, “asqueroso”. Sólo por contacto visual me sentí ridiculizada y poco a poco no podía sonreír más y todos los días sólo quería desaparecer.
Cuando pensé que los demás hablaban a mis espaldas, me preocupaba cada vez más. Sentí que mi mera existencia estaba siendo negada. Nunca sufrí violencia física, pero las palabras, las miradas, las expresiones faciales y la presión que sentía no me oprimían. En la escuela, pasaba cada vez más tiempo solo, evitando a los demás. No tenía muchos amigos durante el tiempo libre, y cuando trataba de unirme a un grupo, todos me dejaban con la sensación de que me estaban evitando. Esto continuaba todos los días, y no me gustaba ir a la escuela. Hubo momentos en que no podía ir a la escuela durante una semana. Lo pasé mal todos los días, y varias veces pensé en suicidarme.
Sin embargo, fui salvado muchas veces por la gente en la iglesia y por escuchar las palabras de Jesús. Hubo momentos en que fui a la iglesia el domingo y me sentí muy cómoda. Suaves palabras de los sacerdotes, líderes y amigos, junto con lo que Jesús enseñó y las palabras de la Biblia: “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros. No te sorprendas, yo soy tu Dios. Te fortaleceré, te ayudaré y te tendré en mi mano derecha victoriosa”, me animaron todos.
La intimidación es un gran problema no sólo en Japón, sino también en varios lugares del mundo. Además, los lugares donde se produce el acoso escolar se están expandiendo de entornos como las escuelas a Internet. Hay muchas personas que sólo quieren vivir felices pero no pueden sobrevivir.
Por favor, dígame, Santo Padre, ¿cómo debemos enfrentarnos a los problemas de discriminación e intimidación que se están extendiendo por todo el mundo?
© Librería Editorial Vaticano
Traducción de zenit, Rosa Die Alcolea

Antes de terminar este encuentro, un representante de la universidad, jesuita argentino, explicó a el Papa en español que se trata de una escultura que originalmente representaba a Kannon, diosa budista de la Misericordia.
El Pontífice, por su parte, ofreció como regalo a la Universidad de Sofía una representación de la Virgen en plata pura, realizada en 1989 con la técnica de fundición a la cera perdida.
Así, el Papa ha mencionado otra de las “preferencias apostólicas universales” de los jesuitas: la de caminar con los pobres y los marginados de nuestro mundo. En este sentido, ha señalado que “El estudio universitario de calidad, más que considerarlo el privilegio de unos pocos, tiene que ir acompañado por la conciencia de saberse servidores de la justicia y del bien común; servicio a implementarse en el área que a cada uno le toque desarrollar”.
Así, ha comentado que en el espíritu de la encíclica Laudato si’, añadiría que “el amor por la naturaleza, tan típico de las culturas asiáticas, aquí debería expresarse en una inquietud inteligente y previsora por la protección de la tierra, nuestra casa común”.
Mi estadía en este país ha sido breve pero intensa. Agradezco a Dios y a todo el pueblo nipón por la oportunidad de poder visitar este país, que dejó una gran huella en la vida de san Francisco Javier, y donde tantos mártires dieron testimonio de su fe cristiana. A pesar de que los cristianos son una minoría, su presencia se siente. Yo mismo he sido testigo de la estima general que se tiene hacia la Iglesia Católica, y espero que este respeto mutuo pueda aumentar en el futuro. También he observado que, a pesar de la eficiencia y el orden que caracterizan a la sociedad japonesa, se percibe que se desea y se busca algo más: un hondo anhelo por crear una sociedad cada vez más humana, compasiva y misericordiosa.
El estudio y la meditación son parte de toda cultura, y vuestra cultura japonesa está, en este sentido, orgullosa de su herencia antigua y rica. Japón ha podido integrar el pensamiento y las religiones de Asia en su conjunto y crear una cultura con identidad definida. La Escuela Ashikaga, que tanto impresionó a san Francisco Javier, es un ejemplo de la capacidad de la cultura japonesa para absorber y transmitir el conocimiento. Los centros de estudio, meditación e investigación, siguen desempeñando un papel importante en la cultura actual. Por esta razón, es necesario que conserven su autonomía y libertad, en aras de un futuro mejor. Puesto que las universidades siguen siendo el lugar principal en el que se capacitan los líderes futuros, es necesario que el conocimiento y la cultura en toda su amplitud inspire todos los aspectos de las instituciones educativas volviéndose cada vez más inclusivas y generadoras de oportunidad y promoción social.
Sophia. Siempre el hombre, para administrar sus recursos de manera constructiva y eficiente, necesitó de la verdadera Sophia, de la verdadera Sabiduría. En una sociedad tan competitiva y tecnológicamente orientada, esta universidad debería ser un centro no sólo de formación intelectual, sino también un lugar donde pueda ir tomando forma una sociedad mejor y un futuro más lleno de esperanza. En el espíritu de la encíclica Laudato si’, añadiría que el amor por la naturaleza, tan típico de las culturas asiáticas, aquí debería expresarse en una inquietud inteligente y previsora por la protección de la tierra, nuestra casa común. Inquietud que pueda amalgamarse con la promoción de una nueva episteme capaz de ampliar y cuestionar todo intento reduccionista de parte del paradigma tecnocrático (cf. nn. 106-114). No perdamos de vista que «la auténtica humanidad, que invita a una nueva síntesis, parece habitar en medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada. ¿Será una promesa permanente, a pesar de todo, brotando como una empecinada resistencia de lo auténtico?» (ibíd., 112).
La Sophia University ha estado siempre marcada por una identidad humanista, cristiana e internacional. Desde su fundación, la Universidad se ha enriquecido con la presencia de profesores de varios países, incluso a veces de países en conflicto entre sí. Sin embargo, todos estaban unidos por el deseo de dar lo mejor a los jóvenes de Japón. Ese mismo espíritu perdura también en las muchas formas en las que ustedes brindan ayuda a quienes más lo necesitan, aquí y en el extranjero. Estoy seguro de que este aspecto de la identidad de vuestra Universidad se fortalecerá cada vez más, de modo que los grandes avances tecnológicos de hoy puedan ponerse al servicio de una educación más humana, justa y ecológicamente responsable. La tradición ignaciana, en la que se basa Sophia, debe impulsar a profesores y estudiantes por igual a crear una atmósfera que fomente la reflexión y el discernimiento. Ningún estudiante de esta universidad debería graduarse sin haber aprendido cómo elegir, responsable y libremente, lo que en conciencia sabe que es lo mejor. Que en cada situación, incluso en las más complejas, se interesen por lo que en su conducta es justo y humano, cabal y responsable, decididos defensores de los vulnerables, y sean conocidos por esa integridad que tanto se necesita en estos momentos en que las palabras y las acciones a menudo son falsas o engañosas.
Las Preferencias Apostólicas Universales que propuso la Compañía de Jesús dejan claro que el acompañamiento de los jóvenes es una realidad importante en todo el mundo, y que todas las instituciones ignacianas deben fomentar ese acompañamiento. Como lo demuestra el Sínodo sobre los jóvenes y sus documentos, la Iglesia universal también mira con esperanza e interés a los jóvenes de todo el mundo. Vuestra Universidad en su conjunto debe centrarse en los jóvenes, que no sólo han de ser receptores de una educación preparada, sino también parte de esa educación, ofreciendo sus ideas y compartiendo su visión y esperanzas para el futuro. Que vuestra Universidad sea conocida por ese modelo de intercambio y por el enriquecimiento y vitalidad que esto genera.
La tradición cristiana y humanista de Sophia está totalmente en consonancia con otra de las preferencias que mencioné, la de caminar con los pobres y los marginados de nuestro mundo. La Universidad, enfocada en su misión, deberá estar abierta siempre a crear un archipiélago capaz de interconectar lo que social y culturalmente puede llegar a concebirse como separado. Los marginados serán creativamente involucrados e incorporados en el currículo universitario, buscando posibilitar las condiciones para que esto se traduzca en la promoción de un estilo educativo capaz de achicar brechas y distancias. El estudio universitario de calidad, más que considerarlo el privilegio de unos pocos, tiene que ir acompañado por la conciencia de saberse servidores de la justicia y del bien común; servicio a implementarse en el área que a cada uno le toque desarrollar. Una causa que nos compete a todos; el consejo de Pedro a Pablo sigue siendo cierto hoy: no olvidemos a los pobres (cf. Ga 2,10).
Queridos jóvenes, profesores, y todo el personal de la Sophia University: Que estas reflexiones y nuestro encuentro de hoy den fruto en sus vidas y en la vida de esta comunidad académica. El Señor y su Iglesia cuentan con ustedes para que participen en la misión de buscar, hallar y expandir la Sabiduría divina y ofrecer alegría y esperanza a la sociedad actual. Por favor, no se olviden también de rezar por mí y por todos los que más necesitan de nuestra ayuda.
Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la Eucaristía comenzó en torno a las 7:45 hora local (23:45 hora de Roma) en la capilla del Kulturzentrum. Al término de la misma, Francisco saludó a los sacerdotes concelebrantes.
Tras haber pasado un tiempo en el refectorio para desayunar y haber conocido en privado el Colegio Máximo, el Santo Padre visitó a los sacerdotes ancianos y enfermos.
La Universidad de Sofía es un centro de educación superior católico fundado por los jesuitas en 1913. No obstante, sus orígenes se remontan a hace más de 450 años, cuando el misionero jesuita Francisco Javier llegó a Japón, en 1549, con la idea de difundir el cristianismo y de crear una universidad.
Actualmente, con 29 departamentos, nueve facultades y acuerdo con aproximadamente 300 universidades en 59 países, se sitúa ente los mejores ateneos japoneses.
Tras saludar a 10 personas presentes en el podio en representación de todas las víctimas, el Santo Padre ha escuchado tres testimonios de supervivencia a estas catástrofes, y al comenzar su discurso, ha propuesto hacer un rato de silencio y “una oración que nos una y que nos dé el coraje de mirar hacia adelante con esperanza”, que “la primera palabra sea rezar por las más de dieciocho mil personas que perdieron la vida, por sus familiares y por los que aún están desaparecidos”, ha dicho.
“Nadie se reconstruye solo”
Discurso del Papa Francisco
Sin recursos básicos: alimentos, ropa y refugio, no es posible llevar adelante una vida digna y tener lo mínimo necesario para poder lograr una reconstrucción, que reclama a su vez la necesidad de experimentar la solidaridad y el apoyo de una comunidad. Nadie se “reconstruye” solo, nadie puede volver a empezar solo. Es imprescindible encontrar una mano amiga, una mano hermana, capaz de ayudar a levantar no sólo la ciudad, sino la mirada y la esperanza. Toshiko nos dijo que, aunque ella perdió su hogar en el tsunami, está agradecida por poder apreciar el regalo de la vida y sentir la esperanza al ver a las personas unirse para ayudarse entre sí. Ocho años después del triple desastre, Japón ha demostrado cómo un pueblo puede unirse en solidaridad, paciencia, perseverancia y resistencia. El camino hacia una recuperación completa puede ser todavía largo, pero es siempre posible si cuenta con el alma de este pueblo capaz de movilizarse para socorrerse y ayudarse. Como dijo Toshiko, si no hacemos nada el resultado será cero, pero si das un paso entonces avanzarás un paso adelante. Así pues, los invito a avanzar cada día, poco a poco, para construir el futuro basado en la solidaridad y el compromiso de unos por otros, por ustedes, sus hijos y nietos, y por las generaciones venideras.
Nuestra era siente la tentación de hacer del progreso tecnológico la medida del progreso humano. Este “paradigma tecnocrático” de progreso y desarrollo modela la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad y, a menudo, conduce a un reduccionismo que afecta a todos los ámbitos de nuestras sociedades (cf. Carta enc. Laudato si’, 101-114). Por tanto, es importante, en momentos como este, hacer una pausa y reflexionar sobre quiénes somos y, quizás de manera más crítica, quiénes queremos ser. ¿Qué clase de mundo, qué clase de legado queremos dejar a los que vendrán después de nosotros? La sabiduría y la experiencia de los ancianos, unidas al celo y al entusiasmo de los jóvenes, pueden ayudar a forjar una visión diferente, una visión que ayude a mirar con reverencia el don de la vida y la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas en la única, multiétnica y multicultural familia humana.
Simbólica foto del niño
Líderes a la altura
Discurso del Papa Francisco
Aquí, en esta ciudad, que es testigo de las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales de un ataque nuclear, serán siempre pocos todos los intentos de alzar nuestra voz contra la carrera armamentista. Esta desperdicia recursos valiosos que podrían, en cambio, utilizarse en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para la protección del ambiente natural. En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo.
Es necesario romper la dinámica de desconfianza que prevale actualmente, y que hace correr el riesgo de conducir al desmantelamiento de la arquitectura internacional de control de las armas. Estamos presenciando una erosión del multilateralismo, aún más grave ante el desarrollo de las nuevas tecnologías de armas; este enfoque parece bastante incongruente en el contexto actual marcado por la interconexión, y constituye una situación que reclama una urgente atención por parte de todos los líderes, así como dedicación.
Con el convencimiento de que un mundo sin armas nucleares es posible y necesario, pido a los líderes políticos que no se olviden de que las mismas no nos defienden de las amenazas a la seguridad nacional e internacional de nuestro tiempo. Es necesario considerar el impacto catastrófico de un uso desde el punto de vista humanitario y ambiental, renunciando al fortalecimiento de un clima de miedo, desconfianza y hostilidad, impulsado por doctrinas nucleares. El estado actual de nuestro planeta reclama, por su parte, una reflexión seria sobre cómo todos esos recursos podrían ser utilizados, con referencia a la compleja y difícil implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y alcanzar así objetivos como el desarrollo humano integral. Así lo sugirió ya, en 1964, el Papa san Pablo VI, cuando propuso ayudar a los más desheredados a través de un Fondo Mundial, alimentado con una parte de los gastos militares (cf. Discurso a los periodistas, Bombay, 4 diciembre 1964; Carta enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 51).
Por todo esto, resulta crucial crear herramientas que aseguren la confianza y el desarrollo mutuo, y contar con líderes que estén a la altura de las circunstancias. Tarea que, a su vez, nos involucra y reclama a todos. Nadie puede ser indiferente ante el dolor sufriente de millones de hombres y mujeres que hoy siguen golpeando a nuestras conciencias; nadie puede ser sordo ante el grito del hermano que desde su herida llama; nadie puede ser ciego ante las ruinas de una cultura incapaz de dialogar.
En diciembre de 1596 Pablo Miki, junto con algunos misioneros extranjeros y otros cristianos japoneses, fueron detenidos en Osaka y obligados a recorrer a pie el camino hacia Nagasaki. Este lugar fue escogido para su ejecución debido a la significativa presencia cristiana en esa ciudad.
El papa Juan Pablo II visitó como peregrino este Monumento de los Mártires de Nagasaki el 26 de febrero de 1981. Posteriormente, este lugar, que tiene vistas a la catedral de Oura, también dedicada a los mártires, fue designado como monumento santuario nacional japonés.
El Santo Padre ofreció como regalo una lámpara de pie fabricada especialmente para esta visita del Obispo de Roma a Japón. Fundida en latón plateado, mide 120 cm de altura. Consta de una base con tres bandas, con el símbolo “PAX” en relieve.