
-Ya sé de qué van a ir tus retos: de velas, de flores, de adornos, etc.
¡Claro! De lo que hace mi entorno y ocupación, del medio en que se desarrolla mi aventura amorosa con Cristo; “servir en su templo” no es poca cosa.
Me estoy dando cuenta, según avanzo en edad, de que hay que aprovechar a tope lo que tenemos en cada momento; porque yo soy dada a guardar este o aquel recuerdo, detalle, etc. pero compruebo que la vida va más deprisa, o mejor, que tengo tanto, tanto de que disfrutar en cada momento, que a aquello pasado no puedo prestarle atención y, si lo hago, me pierdo la gracia presente.
Hoy he llegado a esto al ver la corona de Adviento con sus cuatro velas y cómo se van gastando más las primeras, se nota que se deterioran por arriba. Ayer me decía sor Ana que si las arreglábamos; le dije que no, que su sentido es consumirse según avanza el Adviento y, precisamente estar así, les da sentido.
Hoy volvía a pensar: "¿Y para qué las quiero preservar de gastarse, si su razón de ser y su plenitud es ésa?". Deshacerse anunciando la llegada de Jesús, el Salvador, el Mesías, el Señor; como Juan Bautista: "Que yo mengüe para que Él crezca".
Y seguía pensando: "Si las arreglo tampoco van a servir para más que para estar metidas en un armario sin ton ni son... ¡déjalas que se consuman en su momento!".
Claro, esto me traslada a mí, a nuestra, realidad; al “no dejes para mañana…” porque el ahora es lo que tenemos y lo que conforma nuestra vida y felicidad, porque Cristo está presente como meta y motor de todo. Ahora, hoy, se nos ofrece de nuevo.
El reto de hoy es que te dejes consumir donde estés y con lo que tengas, siempre de la mano de Cristo y por su Amor: serás feliz.
VIVE DE CRISTO.
-Ya sé de qué van a ir tus retos: de velas, de flores, de adornos, etc.
¡Claro! De lo que hace mi entorno y ocupación, del medio en que se desarrolla mi aventura amorosa con Cristo; “servir en su templo” no es poca cosa.
Me estoy dando cuenta, según avanzo en edad, de que hay que aprovechar a tope lo que tenemos en cada momento; porque yo soy dada a guardar este o aquel recuerdo, detalle, etc. pero compruebo que la vida va más deprisa, o mejor, que tengo tanto, tanto de que disfrutar en cada momento, que a aquello pasado no puedo prestarle atención y, si lo hago, me pierdo la gracia presente.
Hoy he llegado a esto al ver la corona de Adviento con sus cuatro velas y cómo se van gastando más las primeras, se nota que se deterioran por arriba. Ayer me decía sor Ana que si las arreglábamos; le dije que no, que su sentido es consumirse según avanza el Adviento y, precisamente estar así, les da sentido.
Hoy volvía a pensar: "¿Y para qué las quiero preservar de gastarse, si su razón de ser y su plenitud es ésa?". Deshacerse anunciando la llegada de Jesús, el Salvador, el Mesías, el Señor; como Juan Bautista: "Que yo mengüe para que Él crezca".
Y seguía pensando: "Si las arreglo tampoco van a servir para más que para estar metidas en un armario sin ton ni son... ¡déjalas que se consuman en su momento!".
Claro, esto me traslada a mí, a nuestra, realidad; al “no dejes para mañana…” porque el ahora es lo que tenemos y lo que conforma nuestra vida y felicidad, porque Cristo está presente como meta y motor de todo. Ahora, hoy, se nos ofrece de nuevo.
El reto de hoy es que te dejes consumir donde estés y con lo que tengas, siempre de la mano de Cristo y por su Amor: serás feliz.
VIVE DE CRISTO.

Publicar un comentario