Vaticano, 01 Jun. 20 (ACI Prensa).- Este mes de junio de 2020, el Papa Francisco centra su intención de oración universal en “la evangelización: El camino del corazón”.
El Santo Padre pide a todos los fieles que recen “para que aquellos que sufren encuentren caminos de vida, dejándose tocar por el Corazón de Jesús”.
En una entrevista al diario del Vaticano, L’Osservatore Romano (LOR), de febrero de 2019, el director de la Red del Apostolado de la Oración del Papa, P. Frédéric Fornos, explicó que en las intenciones de oración del Pontífice “encontramos un eco en los desafíos para el mundo”.
El P. Fornos indicó que el Papa Francisco exhorta a rezar por quienes “se dejan llevar por caminos de muerte, a causa de diversas dependencias: abuso de drogas o de alcohol, uso nocivo de las nuevas tecnologías o pornografía online, con todas sus consecuencias”.
El Cenáculo es el lugar donde estaban encerrados los discípulos (por miedo a los judíos) tras la ascensión de Jesús al cielo.Allí se encontraban reunidos con María, con confianza perseverantes en la oración, 50 días después de la Pascua.
El Cenáculo de esos días previos a Pentecostés es distinto al primero. El mismo lugar con experiencias tan diferentes, con Jesús o sin Él.
Allí Jesús partió su amor en la última cena. Su cuerpo, su sangre. También allí tuvieron miedo y Él atravesó las puertas cerradas venciendo las barreras.
Ahora ya no esperan que vuelva a hacerlo. Pero algo tiene que ocurrir. Tienen miedo a lo desconocido. Jesús les había hablado de un paráclito, de aquel que ha de venir a cambiar sus vidas, pero tienen miedo.
Yo siempre me asusto ante lo desconocido, ante lo que no controlo. Me gusta lo de siempre. Me impresionan las novedades, los cambios inesperados.
El corazón se aferra como un náufrago a la madera que flota sobre las olas. Así soy yo cuando me siento rodeado de temores fundados e infundados. El miedo a lo que no controlo.
Jesús me ha prometido que estará conmigo todos los días. Puedo perseverar en mi Cenáculo. ¿No tiene acaso mucho de Cenáculo mi vida en estos meses de confinamiento?
Recluido en mi casa, mi espacio seguro, mis cuatro paredes que me protegen de la enfermedad y me aíslan. Para no contagiarme, para no contagiar. Para ser responsable. Un Cenáculo con las puertas cerradas por miedo a lo incontrolable.
Y María en el centro, pues he recurrido a Ella tantas veces en estos días implorando su misericordia, su amor, su cercanía. Le he dado el poder sobre mi vida para que me sostenga como Reina.
He perseverado en oración junto a Ella.He tenido miedo y Ella ha venido a salvarme, a sostenerme, a levantarme. Ha venido a pasar conmigo estos días de pandemia.
Lugar de esperanza
El Cenáculo es un lugar de espera. Un lugar de ansias y anhelos desesperados. Mi Cenáculo muchas veces es mi corazón donde aguardo que suceda lo que mi corazón desea.
El Cenáculo es ese lugar sagrado donde me siento seguro, cómodo, esperando a que alguien me libere de mí mismo. Tengo miedo a salir, a exponerme. Tengo miedo al fracaso y a la vida misma.
A veces vivo dentro de un Cenáculo que yo mismo me he creado para vivir a salvo. Al mismo tiempo el Cenáculo tiene un aspecto muy positivo. Es el lugar de mi intimidad con Dios.
Sin Cenáculo no sucede Pentecostés. Sin anhelo ni espera no llega a mi vida el Espíritu Santo. Sin apertura no hay salvación.
Dios incomprensiblemente respeta mi libertad como lo más sagrado. Y acepta que cierre las puertas y me niegue a dejarlo entrar en mi vida. Acepta mi falta de fe y mis miedos. No se impone sobre mi voluntad. Sólo espera ante la puerta cerrada y llama, esperando a que yo le abra.
El Cenáculo es el lugar donde puede ocurrir el milagro. No hay vocación sin Cenáculo. No hay conversión sin Cenáculo. No hay cambio sin interioridad. Comenta el Padre José Kentenich:
“Dios atrae hacia sí nuestra alma mediante el consuelo y la dulzura en el trato interior con nosotros. Lo hace a fin de inducir nuestra alma a abandonar el mundo y sus placeres y para regalarle el gusto por las cosas del cielo”.
Es imposible oír la voz de Dios si no me dejo espacio para el silencio, para la oración en intimidad con María y con Dios. Sin ese lugar llamado Cenáculo no puedo llegar a ser un hombre nuevo.
Es el preámbulo de la santidad. El paso previo para que suceda el milagro. Es la predisposición del alma.
Es imposible el cambio si no lo deseo. Imposible el encuentro si no lo busco. Imposible la flor si no riego la planta. Imposible oír su voz si no logro hacer silencio.
Me gusta el Cenáculo. En Tierra Santa es tal y como debió ser en su momento. Un lugar frío. Allí donde ocurrió lo más sagrado se me sigue mostrando hoy como en el lugar de la espera. Algo ha de suceder. Todavía no sucede. La frialdad de sus piedras, el clamor de su vacío.
Es como si Dios no hubiera aún irrumpido en medio de las aclamaciones de los discípulos con María. Es como mi alma antes de la conversión, antes de conocer a Jesús, antes de enamorarme de Él.
, 01 Jun. 20 (ACI Prensa).- La Iglesia Católica dedica el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, para que los fieles veneren, honren e imiten más intensamente el amor generoso y fiel de Cristo por todas las personas.
Es un mes donde se le demuestra a Jesús, a través de las obras, cuánto se le ama; correspondiendo a su gran amor demostrado al entregarse a la muerte por sus hijos, quedándose en la Eucaristía y enseñando el camino a la vida eterna.
Sobre esta fiesta, el Papa Benedicto XVI afirmó que "al ver el corazón de Señor, debemos de mirar el costado traspasado por la lanza, donde resplandece la inagotable voluntad de salvación por parte de Dios, no puede considerarse culto pasajero o de devoción: la adoración del amor de Dios, que ha encontrado en el símbolo del ‘corazón traspasado’ su expresión histórico-devocional, la cual sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios".
La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los inicios de la Iglesia, desde que se meditaba en el costado y el corazón abierto del Señor.
Cuenta la historia que el 16 de junio de 1675, el Hijo de Dios se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque y le mostro su Corazón rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior del mismo salía una cruz.
Santa Margarita escuchó al Señor decir: "he aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres recibo ingratitud, irreverencia y desprecio".
Más información sobre el Sagrado Corazón de Jesús:
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REDACCIÓN CENTRAL, 01 Jun. 20 (ACI Prensa).- San Justino fue un filósofo laico y mártir considerado "el más importante entre los Padres apologistas del siglo segundo" según el Papa Emérito Benedicto XVI.
Se llama apologista al que escribe en defensa de algo. Y Justino escribió varias apologías o defensas del cristianismo que después enseñó en Asia Menor y Roma.
Sus escritos ofrecen detalles muy interesantes sobre la vida de los cristianos antes del año 200 y cómo celebraban sus ceremonias religiosas.
Las dos obras que escribió y que aún se conservan, las Apologías y el Diálogo con Trifón, “ilustran ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se cumple en Jesucristo, el Logos, el Verbo de Dios, del que participa todo hombre, como creatura racional. Su primera Apología es una crítica implacable a la religión pagana y a los mitos de entonces”. (Benedicto XVI, 2007)
Nació alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaria. Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente educación instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.
Un día meditando acerca de Dios se le acercó un anciano sabio que le recomendó estudiar la religión cristiana a través de la Biblia “porque es la única que habla de Dios debidamente y de manera que el alma queda plenamente satisfecha”.
Justino se dedicó a leer las Sagradas Escrituras y encontró maravillosas enseñanzas que antes no había logrado encontrar en ningún otro libro. Tenía unos 30 años cuando se convirtió, y en adelante el estudio de la BIblia fue para él lo más provechoso de toda su existencia.
Posteriormente fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía y arte de vivir de forma recta.
Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador a quien Justino había dirigido su Apología.
Redacción Central, 01 Jun. 20 (ACI Prensa).- Este 1 de junio la Iglesia celebra la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia, cuya fecha fue establecida el lunes siguiente a Pentecostés.
El Vaticano estableció la memoria a través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino firmado el 11 de febrero de 2018.
El documento sostiene que el Papa Francisco “consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.
En el decreto, la misma Congregación señala que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.
“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto.
En una de sus columnas semanales, el Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José Gomez, indicó que los primeros cristianos “tenían una conciencia profunda de que la Iglesia era su ‘madre’ espiritual, que los daba a luz en el bautismo, constituyéndolos en hijos de Dios a través de los sacramentos”.
También en el Nuevo Testamento “los apóstoles a menudo se referían a los fieles como a sus hijos espirituales, reflejando así nuevamente su comprensión de que la Iglesia es nuestra madre y nuestra familia”.
“Y en esto, los primeros cristianos entendieron que María era el símbolo perfecto de la maternidad espiritual de la Iglesia”, afirmó Mons. Gomez.
Por ello, señaló que la nueva memoria que los católicos celebrarán el 21 de mayo es “un profético redescubrimiento de una antigua devoción”.
En el siglo XX, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que María Santísima era Madre de la Iglesia.
La memoria “Virgen María, Madre de la Iglesia” recuerda que ella es Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación.
Así lo confirmó Jesús desde la Cruz, antes de morir, al apóstol San Juan, y el discípulo la acogió como Madre.
La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).
Jacob Gil es un joven laico que se desempeña en el cargo de Jefe de Pastoral en la Universidad La Salle en Pachuca, México. Hace algunos años vivió la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, y fue ahí en donde conoció a Dios y se sintió invitado a ser su discípulo. Queriendo profundizar más en su fe y educarse para convertirse en un mejor discípulo de Cristo, empezó su búsqueda por la maestría ideal. Luego de investigar online y de mucha oración, se encuentra con el programa por el que tanto había pedido a Dios: la Maestría en Innovación Pastoral impartida porUPAEP.
Jacob cuenta que en su vida pastoral alcanzó a ver “un antes y un después” luego de haber estudiado la maestría. Comparte que hubo una materia en específico, “Desarrollo Humano Integral y Misión”, que fue clave porque le ayudó a pulir el sentido humano desde una mirada de fe y misericordia para con los demás y consigo mismo. Según Jacob, lo que diferencia la maestría en Innovación Pastoral de UPAEPde otros programas similares en el mundo, es “el área destinada a los proyectos de transformación social desde el Evangelio para los menos favorecidos en el sistema socioeconómico y político”.
Además de la Maestría en Innovación Pastoral, UPAEPcuenta con otro sinnúmero de prestigiosos programas para la formación de laicos y religiosos de todo el mundo vía UPAEP Online. Entre los programas de posgrado que nos llamaron la atención, se encuentra también la Maestría en Ciencias para la Familia, un programa precioso cuyos egresados estudian por amor a nuestras familias, haciendo hincapié en el impacto social de la familia como núcleo de la sociedad desde el punto de vista antropológico.
Tanto laicos como religiosos pueden beneficiarse de los posgrados de UPAEP para llevar a cabo su misión en servicio a la Iglesia y en su comunidad. Otro hermoso testimonio lo comparte el Padre Valentín López Figueroa, Rector de la Catedral de Texcoco, quien se ha convertido en el primer graduado de la Maestría en Bienes Culturales de Origen Eclesiástico,gracias a UPAEP Online.
Las palabras del Padre Valentín en el video que verán a continuación son un testimonio conmovedor de la necesidad de formarse en Bienes Culturales de Origen Eclesiástico: “Tenemos una herencia incalculable de bienes culturales y religiosos que, si no son cuidados y preservados, se perderán para siempre, esto debido a la apatía, al olvido, a la ignorancia. Quisiera pedir a los directores de seminarios y casas de formación, que por favor incluyan la materia de bienes culturales de origen eclesiástico no como una materia optativa, sino como una materia dentro de la currícula obligatoria.”
Si te sientes llamado o llamada a incursionar en alguno de estos posgrados, puedes conocer mas acerca de cada programa y el proceso de admisión haciendo clic en los siguientes enlaces: