
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco en la conclusión de la cumbre de jueces y magistrados que se realizó en el Vaticano, les agradeció la labor que hacen, les instó a evitar quedar atrapados “en la telaraña de la corrupción” y a tomar medidas como expropiar los bienes de los delincuentes y darlos a las víctimas.
“Yo sé que ustedes -les dijo el Papa en la Casina Pio IV- sufren presiones amenazas, y sé que hoy día ser juez, ser fiscal, es arriesgar el pellejo. Y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica”.
Así les exhortó a “realizar su labor esencial, la de restablecer la justicia sin la cual no hay orden ni paz social”. Porque cuando la corrupción de generaliza en todos los niveles de la vida se “debilita cualquier Gobierno, la democracia participativa y la justicia”.
Recordó también que son verdaderos crímenes de lesa humanidad la trata, tráfico de personas y las nuevas formas de esclavitud, como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga y la criminalidad organizada.
“A ustedes, jueces corresponde -exhortó el Papa- hacer justicia, y les pido una especial atención en hacer justicia en el campo de la trata y del tráfico de personas y, frente a esto y al crimen organizado, les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones”,
Y señaló una receta: “Tal vez se puede ayudar el aplicar, según las modalidades propias de cada país, de cada continente y de cada tradición jurídica, la praxis italiana de recuperar los bienes mal habidos de los traficantes y delincuentes para ofrecerlos a la sociedad y, en concreto, para la reinserción de las víctimas”.
Porque “la rehabilitación de las víctimas y su reinserción en la sociedad, siempre realmente posible, es el mayor bien que podemos hacer a ellas mismas, a la comunidad y a la paz social”, y precisó que “no hay pena válida sin esperanza. Si no es una tortura, no una pena. En esto me baso para afirmar la postura de la Iglesia contra la pena de muerte”
Quiso precisar también que “cuando decimos hacer justicia como ustedes bien saben, no entendemos que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que, cuando caben penalidades, que éstas sean dadas para la reeducación de los responsables de tal modo que se les pueda abrir una esperanza de reinserción en la sociedad”, señaló el Pontífice”.
“Y si esta delicada conjunción -prosiguió el Pontífice- entre la justicia y la misericordia vale para los responsables de los crímenes de lesa humanidad como también para todo ser humano, a fortiori vale sobre todo para las víctimas quienes, como su nombre lo indica, son más pasivas que activas en el ejercicio de su libertad, habiendo caído en la trampa de los nuevos cazadores de esclavos”.
A los presentes el papa Francisco le confió que le gusta visitar las cárceles cuando va a una ciudad, y “como impresión general he visto que las cárceles cuyo director es una mujer van mejor que aquellas cuyo director es hombre. La mujer tiene en esto de la reinserción un olfato y tacto especial, que sin perder energía recoloca a las personas, las reubica”.
“Los jueces están llamados hoy más que nunca a poner gran atención en las necesidades de las víctimas”, dijo, y explicó: “son las primeras que deben ser rehabilitadas y reintegradas en la sociedad y por ellas se debe perseguir sin cuartel a los traficantes y carníferos”.
Para tollo ello es necesario, aseguró, “sentirse y proclamarse libres de las presiones de los gobiernos, de las instituciones privadas y, naturalmente, de las estructuras de pecado de las que habla mi predecesor Juan Pablo II, en particular el crimen organizado”.
“Yo sé que ustedes sufren presiones y amenazas y sé que hoy día ser juez es arriesgar el pellejo y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica. Sin esta libertad, el poder judicial de una Nación se corrompe y siempre corrupción”, concluyó, antes de despedirse y que tomaran las fotos de grupo.

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