Jordi Évole, George Orwell y el 'Gran Hermano'


25/02/2014 - Castellano


Jordi Évole, George Orwell y el ‘Gran Hermano’


Muchos han comparado el programa de Jordi Evole con el de Orson Wells y su trasmisión radiofónica ‘La Guerra de los Mundos’. Qué quieren que les diga, a mí me recuerda más el peligroso ‘1984’ y la denuncia orwelliana del ‘Gran Hermano’




La crítica del escritor y periodista inglés contra el totalitarismo ha resultado tan brillante que ‘orwelliano’ es prácticamente un sinónimo de dictadura. Dos obras son ya clásicos en este sentido, Rebelión en la Granja y 1984, donde aparece el nombre que se ha hecho popular como sinónimo de dictatorial, el de ‘Gran Hermano’, cuya gran capacidad radica no solo en la represión sino en el formateo de las mentes. El juego que propuso días pasados Jordi Évole con su versión manipulada del 23-F, un éxito televisivo extraordinario, es una buena muestra de cómo avanzamos por la vía de ‘1984’. Porque la cuestión de fondo es esta: ¿Por qué tuvo tanto éxito y la inmensa mayoría de las personas se creyeron lo que explicaba Évole, incluso las que habían vivido el golpe de estado? ¿Por qué una vez declarada la farsa en el sentido estricto del término, una proporción notabilísima de españoles cree que “cuando el rio suena agua lleva”, es decir que lo de Évole es inventado pero puede significar algo que realmente sucedió?


Justo dentro de pocos días saldrá mi nuevo libro La Sociedad Desvinculada, del que entresaco esta frase porque me parece premonitoria y explicativa de lo sucedido: “Hoy todo invento, camelo o mixtificación crítica sobre ellos (los políticos) goza de credibilidad asegurada”. El éxito del programa –y he de confesar que fui uno de los que cambio de canal porque me pareció una fantasía manipuladora, que la sinceridad final en parte redimió- radica en la predisposición de los ciudadanos a creerse toda historia sobre el poder y la política por sórdida e inverosímil que sea. Naturalmente no sucede porque sí, los políticos se lo han ganado, y siguen empeñados, pero también señala una ausencia total de espíritu crítico bien formado por parte de muchos ciudadanos, porque tener una conciencia crítica no significa, no es sinónimo, de pensar los contrario de lo que dice alguien, sino la capacidad para discernir, en este caso que nos estaban dando de entrada gato por liebre.


Pero la historia no termina aquí; es solo el prólogo, la conclusión es el punto seguido de mi autocita: “¿Hemos reparado que este –la credulidad de todo bulo contra los políticos- es un proceso autodestructivo?” La política es la construcción del bien común, si lo hacen mal, y la única respuesta ciudadana es creer toda versión que diga que todavía es peor, nuestra sociedad está camino de su destrucción. Nos falta discernimiento, exigencia crítica y capacidad de propuesta, y creo que todo esto va junto, porque cuando el espíritu afina y profundiza en la crítica alcanza una mayor capacidad para poseer respuestas reales.


El éxito de Évole muestra el enorme poder de quienes controlan los grandes medios de comunicación, de cómo formatean nuestras mentes. Su programa no me recuerda a Orson Wells y su dramática trasmisión de la invasión de la Tierra por parte de los marcianos. Aquello fue un ejercicio extremo de convertir una fantasía radical en realidad creíble. Jordi Évole simplemente ha distorsionado la realidad. No es una fantasía sino una manipulación, y me recuerda mucho más a la querencia orwelliana. Explica lo fácil que es manipular a la gente que ha perdido la confianza, y muchos hasta la esperanza. Y todo eso debería ponernos en guardia sobre quienes detentan tanto poder y van de sencillos, porque ese es el poder más peligroso. Y también de la necesidad de construir, sin manipuladores, un nuevo comienzo.



12:19:00 p.m.

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