
-Suelta la carretilla, agarra desde el armario y bájalo un poco para que veas.
Yo le contesté:
-Si suelto la carretilla, se cae.
Ella me repitió lo mismo y yo lo mismo... que sueltes... que se cae...
Al final, le dije:
-Bueno, mira, tú sabrás yo suelto y...
¿Que qué paso? Pues que no se cayó. El peso del armario impide que se caiga y de esa forma lo transportas más fácil y cómodo. Por el pasillo me encontraba con otras monjas y le decía:
-¡Mira la carretilla! No la sujeto y no se cae.
Ellas, asombradas, comentaban:
-¡¡¡Es verdad!!! ¿Cómo lo haces?
A lo que yo respondía:
-Es cuestión de confianza...
No entendía la respuesta pero para mí había sido cuestión de que me fiara de la palabra de Israel, me fié de su consejo y no se cayó la carretilla.
El Señor me habló clarísimo. Muchas veces me veo cargando yo con todo el peso y el Señor me dice que suelte el peso, que confíe en Él, que le deje todo en sus manos, que si me fío, veré cómo no me caigo. Cada uno sabe con lo que carga día tras día y ya no puede más; hoy te invito a que se lo entregues a Cristo.
Suelta tu peso en Él y verás cómo no se cae nada, todo sigue adelante y encima sentirás el alivio de que otro lleva el peso. “La confianza y nada más que la confianza es la que nos conduce al amor". Hoy el reto del amor es que te fíes de Cristo, Él sólo te pide le abras tu corazón y le dejes a Él ir por delante, entonces veras milagros. Vive de Cristo.

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