
Estaba disfrutando de la Eucaristía tranquilamente, tan rica en liturgia, cuando, de repente, veo que en el altar hay dos floreros. Cada uno, en el centro, tenía un tulipán cerrado, pero, según fue avanzando la Vigilia, se empezaron a abrir, cada vez más, hasta quedar con sus pétalos totalmente extendidos.
Me quedé admirada. El tulipán era el que estaba en primera fila, junto a Cristo Resucitado, y lo único que hizo fue abrirse poco a poco a lo que estaba contemplando. Yo no salía de mi asombro y le pedía al Señor abrirme como ese tulipán, dejar que toda la fuerza de la Vida viva en mi ser, y que pueda darme a los demás desde Él.
Hoy la Resurrección de Cristo hace temblar los cimientos, todo es verdad, Dios tiene razón, el absurdo ha sido destruido, la muerte ya no tiene la última palabra. Ya no hay condenación posible para los que creen y están en Cristo, en su Resurrección. En la mente de Dios somos el por qué y la razón de todas las cosas.
Hoy déjate sorprender, mira dentro del sepulcro: no encontrarás nada, ha Resucitado y vive a tu lado. El reto del amor es transmitir esta alegría que hoy nos quema dentro; hoy más que nunca te decimos VIVE DE CRISTO.

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