Érase una vez una joven adolescente de familia acomodada. De ésas que hace un siglo recibían el calificativo de burguesas. Era hija de una familia de posición social. Resulta que apareció el novio. Un novio que la quería mucho. Tanto la quería que le lloriqueó a su papá que esta chica es cristiana. Era un papá importante de la época.
Efectivamente Inés era cristiana. Ella y sus padres. Ella no estaba para dioses raros. Y le dio calabazas a un novio que no buscaba en ella otra cosa que una esposa de posición social acorde con la suya. Eran tiempos difíciles. Eran tiempos en los que decir no (a los dioses raros) suponía el suplicio y la pena de muerte.
En dos breves párrafos les he sintetizado a la mártir cristiana Santa Inés. Vivió intensos y cortos años entre los siglos III y IV. La Iglesia refiere su ejemplo de vida como testimonio de pureza. Hay muchos más otros en esta línea, tanto en la época de las persecuciones del Imperio Romano, como en los siglos posteriores.
El ejemplo de Inés no es sólo el de la pureza. Los conventos estaban todavía por inventar y por tanto también los votos de castidad, pobreza y obediencia a Dios en presencia de la madre superiora. Sí los había era en privado. Inés es ante todo la defensa sin discursos del orden de prioridades en la vida. Orden posible por su consecuencia identitaria con la Fe cristiana profesada. La palabra latina de su nombre es el de Agnus. Se la invoca en el Canon número 1 o romano de la misa. Ya saben Vds. que es el más largo y tiene fragmentos que se remontan a los tiempos iniciales o Apostólicos del siglo I.
Les adjunto uno de los varios links biográficos. La Iglesia recuerda a Santa Inés como santa asociada al Agnus Dei qui tollis pecata mundi. Su ejemplo de pureza va más allá de la virginidad. Su pureza es decir que ante todo la Fe en Jesucristo, pues el pecado es la adoración a los falsos dioses de los poderes temporales. Dioses que no reconocía en su vida, pues era cristiana por la gracia de Dios.
Este ejemplo de consecuencia lo dieron, lo dan y lo darán tanto mujeres como hombres. Puede parecer que hay a quienes les gusta ir a la muerte como ovejas al matadero. No es cierto. El martirio no se elige. Se acepta con mansedumbre cuando Dios lo envía. Esta aceptación es la elección que el mundo ni entiende ni quiere entender. Lo mismo que podemos predicar, alabar y venerar en la defensa de nuestra integridad cristiana, lo podemos referir, sin absolutizar al mismo nivel, en otras cosas de la vida.
Cuando era joven a mí me hablaban del orden de valores. Junto con las virtudes y la discreción en la propia vida como garantía del amor a Dios y al prójimo, hay más valores a tener en cuenta. Se acercan unas cruciales elecciones en Catalunya. En el amor al prójimo hay que entender el amor a la Patria. Para entender el amor a la Patria, la propia visión debe ir mucho más allá de la propia autoafirmación sentimental.
Ésta es disculpable en percepciones identitarias de corto alcance propias de otras épocas. Pues carecían de visión a medio y largo alcance. Nunca es disculpable en la de personas formadas que se autoafirman a sí mismas en exceso, convirtiendo en dogma de fe civil y social tesis políticas cuando menos discutibles. El orden de valores jamás se mide en parámetros de mayorías, sean absolutas o relativas, y de pactos. El orden de valores lo detentan solo las personas con principios morales. Son las personas virtuosas que no objetan a cada momento con quejas. Son las que no autoafirman a cada momento aquello que son, pretenden o dicen ser. Son las que escuchan, atienden y proponen soluciones a problemas reales. Son las que dialogan y buscan el consenso. Son aquellas a quienes les importa un rábano el poder en sí mismo. No se embeben en él. Justamente por esto quedan facultadas para detentarlo.
https://www.ewtn.com/spanish/Saints/In%C3%A9s.htm
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