Las expectativas que levanta la próxima visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos, un viaje “largo y complejo, pero hermoso”, atraviesan las fronteras de estos dos países y levanta pasiones entre los fieles que tienen como objetivo poder saludar o tener cerca al Santo Padre.
Un buen ejemplo de ello es la caravana '100 mujeres, 100 millas' formada por mujeres de diferentes estados de EE.UU., que caminan desde el 15 de septiembre en dirección a Washington D.C. para poder encontrarse con el Papa el próximo 22 de este mismo mes.
Partieron del condado de York en Pensilvania para asistir a los actos presididos por el Pontífice durante su próxima visita a Estados Unidos. Quieren hablar con él y al mismo tiempo pedirle que solicite ante el Congreso una reforma migratoria integral y que interceda ante el presidente Barack Obama para que pare las deportaciones.
Ezzie quiere ver al Papa
Entre esas mujeres viaja también Esmeralda Domínguez, más conocida como Ezzie, una mujer a la que ni el cáncer en los huesos que padece actualmente, ni la situación de su marido indocumentado, le han impedido lanzarse a esta aventura de caminar cien millas (160,9 kilómetros), para ver al Papa Francisco.
Ezzie se dedica al trabajo doméstico. Proviene de Michoacán, México, y reside en Denver. “El Papa nos ha llamado a crear un mundo que da la bienvenida a los inmigrantes que buscan una mejor vida. [...] Realizo este peregrinaje por amor y también por dignidad”, asegura Ezzie en una entrevista con El Pueblo Católico.
Las mujeres caminan diariamente 13 millas (20,9 kilómetros) y pretenden hacer una llamada de atención a esa “globalización de la indiferencia” que ha denunciado el Papa Francisco en varios de sus discursos.
“Mi caminar es en honor de todas las mujeres y hombres que caminaron día y noche sin parar, cruzando ríos, montañas, desiertos para poder llegar aquí, y también por mi esposo quien merece una vida mejor y estar con su familia”, añade Ezzie en la entrevista.
A la espera del perdón
Ezzie está casada con Jesús, proveniente de Ciudad de México, y tienen un hijo de 11 años. Jesús llegó de manera ilegal a Estados Unidos y envió al Estado dos solicitudes de perdón que le fueron negadas por error, ya que el sistema registra que él ha entrado al país ilegalmente varias veces, aunque en realidad sólo lo ha hecho una vez.
Los esposos están a la espera de que la tercera petición de perdón sea concedida. De lo contrario, Jesús se sometería a un castigo permanente, que no lo haría elegible ni siquiera para estar dentro de Estados Unidos. Esto significaría la separación de la familia.
“Cuando tocan ese punto que dices tú: 'esto es lo que tengo, esta es mi familia, me la van a quitar' ¡Tú te levantas y como madre haces lo que tengas que hacer! Como esposa tú vas a pelear con uñas y dientes por mantener a tu familia unida y no solo eso sino ser una inspiración para otras mujeres que están en el proceso migratorio”, insiste Ezzie.
"Tienes que tener una fe enorme"
El cáncer de Ezzie comenzó en el 2013 en el estómago y luego afectó el colon. El mismo año tuvo una cirugía en la cual aparentemente había quedado curada. Pero meses después tuvo una recaída y se dio cuenta de que las células cancerígenas habían afectado los huesos.
Las terapias y los momentos de debilidad forman parte de la vida de Ezzie, quien valora la compañía de su hijo en estos momentos: “Él es quien me acompaña a mis terapias. Él está en la casa cuando ya no puedo más y empiezo a llorar. Ya me vez aquí sonriendo pero tú no sabes el sufrimiento que tengo que pasar”, confiesa.
“A veces cuando me tenía que arrastrar en el piso, mi hijo era el único que me daba la mano para apoyarme, bañarme, darme de comer y cambiarme”, recuerda.
Pese a la situación legal de su marido y a su estado de salud, Ezzie no se da por vencida: “Tienes que tener una fe enorme para ver estas aversiones que se nos vienen: El odio, el ataque a los inmigrantes que se ven todos los días”, comenta.
Adversidades que no sólo la han inspirado “sino que también me ha dado la fortaleza que necesito para levantarme y decir que tengo que caminar por mi familia, mi comunidad, mi gente y todos los 11 millones de indocumentados que han luchado para llegar caminando a un país, para tener una vida digna”.
Así, caminando por siete días, mientras canta canciones a la Virgen de Guadalupe, durmiendo en albergues, iglesias o tiendas de campaña, junto con otras 99 mujeres, Ezzie espera llegar a su meta final: Washington D.C. “La esperanza abriga, el odio aniquila”, dice Ezzie.
“La inmigración es un fenómeno que no va a parar”, advierte. “Así cierren mil fronteras tendremos que buscar mil fronteras más. Eso no tendría que ser necesario si nos trataran con dignidad, si dieran la libertad e hicieran leyes más justas, que incluyeran no solo a las personas que vivimos de Estados Unidos sino a los que están escapando de sus países, de sus lugares de origen porque ya no aguantan tanta violencia. Tenemos que quitarnos ese velo de la cara, ser humildes de corazón, abiertos a todos los seres humanos que están buscando un mundo mejor”, concluye la caminante.
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