¿DÓNDE ESTÁ LA VERDADERA ALEGRÍA?




Hoy, fiesta de la Santa Cruz , es un buen día para releer uno de los textos franciscanos más hermosos y, a la vez, más dramáticos: La verdadera alegría . El evangelista san Juan llama “gloria ” a la revelación del amor de Dios en Cristo crucificado, a la fuerza de Dios que crea vida de la muerte y a la experiencia del Espíritu Santo que transforma el sufrimiento en camino de plenitud insospechada. San Francisco llama “alegría verdadera” a la posibilidad de amar a Cristo hasta el extremo y de compartir su cruz . La respuesta de Francisco al hermano León no es fruto de la improvisación, sino obra de la Gracia Dios en el corazón del Pobrecillo, un corazón vaciado de sí y que ha mirado y contemplado mucho al Cristo pobre y humillado. Por eso afirmará casi al final de su vida: “Me sé de memoria a Cristo crucificado”. Esta alegría es verdadera, porque san Francisco sabe que las otras son como fuegos artificiales, hoy son y mañana no. La alegría de la que habla Francisco no es fruto de su autodominio ni de oscuros deseos de humillación, sino uno de los frutos de la Resurrección. A san Francisco, que recibió por gracia esta alegría, le costó la salud y la vida aprenderla. Por eso se la regala a su querido hermano León. Y nos la regala también a nosotros como un secreto de su corazón:

Cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo: «Hermano León, escribe». El cual respondió: «Heme aquí preparado». «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría. Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría. Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría. También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría. Pero ¿cuál es la verdadera alegría? Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman carámbanos del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y sale sangre de tales heridas. Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco. Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás. E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos. Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche. Y él responde: No lo haré. Vete al lugar de los crucíferos y pide allí. Te digo que si he tenido paciencia y no me he alterado, en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma».




¡Al Señor Jesús gloria y alabanza!



September 14, 2013 at 04:35AM

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