Esta semana se han anunciado posibles modificaciones en la Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada contemplando un listado de malformaciones a partir de las cuales las mujeres podrán acogerse al aborto de acuerdo con los preceptos de la ley. Es incomprensible que en pleno siglo XXI se apruebe una ley que niega el derecho a la vida a los discapacitados aun no nacidos por el hecho de su discapacidad, aparte de cobarde y repugnante, pues supone una discriminación sin justificación alguna y que viola los compromisos internacionales que España firmó en 2008 respecto al derecho a la vida de todas las personas con discapacidad. Por otra parte, se está silenciando la intensa presión que ejerce el sistema sanitario y la sociedad en general sobre las mujeres que quieren continuar con la gestación de una persona con malformaciones y éstas son tachadas de insolidarias o inconscientes, mientras quien aconseja el acto homicida aparece como humanitario. Las posibilidades de “elección” de las mujeres se ampliarían si existiera un apoyo a las personas con discapacidad que les permitiera desarrollar plenamente su potencial y contribuir con ello a la sociedad. El Dr. Paul Cameron ha demostrado ante la Academia de Psicólogos Americanos que no hay diferencia entre las personas normales y anormales en lo que concierne a satisfacción de la vida, actitud hacia el futuro y vulnerabilidad a la frustración. "Decir que estos niños disfrutarían menos de la vida es una opinión que carece de apoyo empírico teórico", dice el experto. Es de locos, aparte de una crueldad intolerable, considerar progresista luchar por la integración de los discapacitados, darles todas las oportunidades para crecer personal y profesionalmente, pero sólo si han salido del canal del parto. Si no nos convencemos de que la vida es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver dificultades. Si no luchamos por integrar a todos y excluimos del bien general a los más débiles de nuestra sociedad, no podremos dar ni un paso en aras de la paz, la convivencia y el bienestar de la sociedad y así, los derechos humanos siempre estarían sometidos a las conveniencias del momento de los poderosos de turno.

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