El último episodio que provocó la ira de parte de la prensa argentina e internacional tuvo su origen con un video clip que una cantante peruana grabó sin los debidos permisos dentro de la catedral de La Plata; video con una canción con conceptos claramente blasfemos y ofensivos para con la sagrada Eucaristía, y en consecuencia, para con los cristianos.
La grabación y las estrofas, irreproducibles por su carácter ofensivo incluso para con el Padrenuestro, fueron respondidas por monseñor Aguer con un acto de desagravio en la Misa de Corpus Christi: “A causa de un descuido de la guardia, una mujer desvergonzada, vestida indecorosamente y acompañada por otro personaje que parecía mujer, entró aquí a filmar un video en el que baila y canta; se atrevió a entrar en un confesionario en son de burla y blasfemó contra la Santísima Eucaristía, remedando la comunión y expresándose de un modo gravísimamente escandaloso. Según he oído decir, la filmación estaba destinada a un ‘boliche gay’ de la ciudad. Ahora resultan normales esas abominaciones amparadas por las leyes. Además, mucha gente pudo acceder a la cosa por internet”.
En otro párrafo, también utilizado por la prensa para tergiversar a monseñor Aguer, el Obispo concluía su homilía: “Ofrezcamos el santo sacrificio de la misa en reparación y desagravio por la profanación del templo, y por las blasfemias proferidas. Dediquemos al Señor la procesión de la que hemos participado, como gesto de amor y de entrega confiada, incondicional. Recemos mucho, también, por esas personas descaminadas, depravadas, para que Jesús les toque el corazón y las convierta; todo es posible para su omnipotencia y su misericordia”.
La reacción periodística
En numerosos medios de comunicación, abiertamente ofensivos para con la Iglesia y no, se repitió una idea: que monseñor Aguer “habló de los homosexuales como personas ‘depravadas’ y ‘abominaciones amparadas por las leyes’”. Incluso agencias de noticias de alta difusión omitieron reparar que la calificación de abominable de monseñor Aguer tenía que ver con el hecho de la grabación y no con las personas homosexuales en general, así como que la actitud depravada no estaba dirigida a la comunidad homosexual.
“Como se ha difundido ampliamente por los medios, en la catedral de La Plata ocurrió un hecho gravísimo que yo califiqué de abominable”, aclaró posteriormente el Arzobispo, y avanzó: “los signos religiosos, la fe y los sacramentos no están protegidos por las leyes de eventuales atentados. No se toma en cuenta la sensibilidad de los fieles católicos”.
Medios nacionales de alta referencia y cuyas editoriales suelen defender los valores que el mismo Aguer reclama escribieron ríos de tinta digital e impresa con repasos del hecho sin aclarar la tergiversación y sólo citando los repudios de las organizaciones de la comunidad homosexual, sin apenas citar una fuente que apoye y sostenga la visión del obispo. Otros, además, reflotaron con insistencia supuestas diferencias del Papa Francisco con Aguer, haciendo una lectura política de la vida de la Iglesia que el mismo Papa llama a evitar.
¿Histórico enemigo?

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