Y ya, para colmo, ayer, cuando voy a hacer la inclinación en el Gloria del himno de vísperas, me doy cuenta de que tengo unos goterones enormes de alguna bebida en el escapulario.
"¡Puff!", pensé, "Y me toca salir a leer, ¡qué vergüenza!".
Miré al Señor y le dije: "Es que así estoy, Señor." Experimenté que Su mirada me quitaba el miedo a salir así al ambón a leer.
Y es que Él no nos pide que no nos manchemos, que no nos equivoquemos, ni tampoco que seamos impolutos. Al contrario, soy yo misma la que no puede verse con el hábito sucio.
Sin embargo, Cristo lo único que nos pide es que, cuando nos veamos así, pobres, vayamos a Él, que dejemos de mirar cuántas "manchas" llevamos encima y le miremos sólo a Él. Nunca encontrarás una acusación, ni un desprecio; sólo sentirás acogida y comprensión.
Hoy el reto del Amor es dejar de preocuparte por el número de manchas que ves en tu vida, y mirar a Cristo. Y, cada vez que te vuelvas a ver una mancha, un roto o un descosido, no desistas, que, si Le miras, descubrirás que Él tiene preparado para ti un traje nuevo.
VIVE DE CRISTO

Publicar un comentario