El Papa concluye su gira pastoral por Sudamérica: "Si no tienes un corazón solidario, tu fe está enferma o está muerta"

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El Papa Francisco ha concluido en Paraguay este domingo, 12 de julio, su gira pastoral por Sudamérica, que también le ha llevado hasta Ecuador y Bolivia. Y lo hizo con una cuarta misa multitudinaria que se celebró en Asunción, a la que asistieron más de un millón de personas.

 

Durante la celebración de la misa, que se llevó a cabo en el parque Ñu Guasú (Campo Grande), el Santo Padre hizo un llamamiento a "cambiar la lógica del egoísmo por el de la hospitalidad", y exhortó a "aprender a vivir bajo otra norma", a "pasar de la lógica del egoísmo, de la lucha de la traición, a la lógica del amor; de la lógica de dominio de aplastar a la lógica de acoger y recibir y cuidar, dos maneras de afrontar la vida".

 

"Hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido por culpa de nosotros. Hospitalidad con el perseguido, con el desempleado. Hospitalidad con las culturas diferentes, de las cuales esta tierra es tan rica. Hospitalidad con el pecador, porque todos nosotros también lo somos'', insistió, remarcando su mensaje de dirigir una Iglesia de puertas abiertas.

 

Asistieron a la ceremonia, donde hubo cantos populares y se rezó el Padrenuestro en guaraní, el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, y el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa.

 

Cartes y Fernández saludaron al Papa al término de misa. La presidenta de Argentina dialogó brevemente con el Pontífice y le entregó un obsequio: un recorte de diario donde se relata que Juan XXIII había rezado por Eva Perón.

 

El altar en el cual se celebró la ceremonia fue una creación del artista plástico Koki Ruiz, que se valió de 40.000 mazorcas de maíz, 200.000 cocos y 1.000 calabazas, un homenaje a los indígenas guaraníes que veneraban a la tierra por ofrecerle esos alimentos.

 

Una fe sin solidaridad, "una fe muerta"

 

En el país con mayor porcentaje de católicos de Sudamérica, el Papa había visitado horas antes el Bañado Norte, uno de los barrios más pobres de Asunción, donde abundan las casuchas y los pantanos de barro.

 

Allí insistió en su llamamiento a la solidaridad; esta vez con mayor carga para los católicos. "Por más que vayas a misa todos los domingos, si no tienes un corazón solidario, no sabes lo que pasa en tu pueblo, tu fe es muy débil, o está enferma o está muerta'', advirtió el Santo Padre ante miles de fieles emocionados.

 

"El mensaje más fuerte que puedo dar es esa fe solidaria. El diablo quiere que se peleen entre ustedes porque así los divide. Sigan adelante, no dejen que el diablo los divida", añadió Francisco.

 

"Que esa fe solidaria sea mensaje para toda la ciudad. Quiero encomendar sus familias a la Sagrada Familia, para que su modelo, su testimonio, siga siendo luz en el camino, estímulo en los momentos difíciles y nos regale siempre esos curas y obispos capaces de acompañar, de sostener y estimular la vida de sus familias. Capaces de hacer crecer esa fe solidaria que nunca es vencida", concluyó el Papa.

 

A los jóvenes, "¡Hagan lío!"

 

El Santo Padre también tuvo su tiempo para reunirse con los jóvenes y recordarles la misma y famosa frase pronunciada por primera vez en su pontificado en el encuentro que sostuvo con los argentinos en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJU) en Río de Janeiro (Brasil) 2013: "¡Hagan lío!".

 

Fue en Costanera en Asunción, en medio de un ambiente totalmente festivo, y los jóvenes le recibieron portando una Cruz peregrina, réplica de la de la JMJ. Francisco les precisó, eso sí, que el “lío” debe hacerse bien, ordenadamente, y a partir del conocimiento personal de Jesús.

 

Tras saludar a cada uno de los jóvenes, escuchó el saludo de monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Villarica y encargado de pastoral de Paraguay, quien le dijo al Pontífice: "Santo Padre, no nos olvide. Recuerde que esta juventud paraguaya y latinoamericana lo ama con todo el corazón" a lo que los muchachos presentes contestaron "¡Te queremos Papa! ¡Te queremos!".

 

Luego el Papa escuchó los testimonios de Liz Pretes, una joven enfermera que compartió su experiencia de cuidar a su madre enferma de Alzheimer y lo difícil que ha sido su vida; y la dura experiencia de vida Manuel de los Santos Aguilar, un muchacho de 18 años, campesino, quien narró su experiencia y algunas otras dificultades de los jóvenes.

 

Tras la lectura del Evangelio, que realizó un muchacho de nombre Orlando que le pidió al Papa que rece para que los jóvenes vivan la libertad auténtica, el Pontífice dijo que "Liz muestra su vida, la quema en el servicio a su madre. Es un grado altísimo de solidaridad, es un grado altísimo de amor, un testimonio. Padre ¿entonces se puede amar? Ahí tiene a alguien que nos enseña a amar. Primero libertad, corazón libre, segundo solidaridad para acompañar. Solidaridad. Eso es lo que nos enseña este segundo testimonio" de la joven enfermera.

 

El Papa hizo una pausa en su reflexión y contó que "el otro día, un cura en broma me dijo: ‘sí, usted siga aconsejándole a los jóvenes que hagan lío, siga, siga... pero después los líos que hacen los jóvenes los tenemos que arreglar nosotros’. ¡Hagan lío! pero también ayuden a arreglar y organizar el lío que hacen. Las dos cosas ¿eh?".

 

"Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios a quien conocí es mi fortaleza. Ese es, debe ser, el lío que hagan", añadió.

 

El Papa resaltó luego que "hubo dos frases que dijeron los dos que hablaron: Liz y Manuel, dos frases que son lindas, escúchenlas. Liz dijo que empezó a ‘conocer a Jesús’. ¡Conocer a Jesús! y eso es abrir la puerta a la esperanza. Y Manuel dijo: ‘conocí a Dios, mi Fortaleza’. Conocer a Dios es fortaleza, o sea, conocer a Dios, acercarse a Jesús es esperanza y fortaleza; y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza, no queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están ‘ahí no más’, ni sí ni no, no queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos".

 

Tras alentarlos a leer las Bienaventuranzas en el capítulo cinco del Evangelio de Mateo, el Papa recordó que Jesús “No dice felices los ricos, los que acumulan plata” sino que son felices “los que tienen el alma de pobre, los que son capaces de acercarse y comprender lo que es un pobre. Jesús no dice felices los que lo pasan bien sino que dice felices los que tienen capacidad de afligirse por el dolor de los demás”.

 

“Y ahora, antes de irme les pido: Primero, que sigan rezando por mí, segundo, que sigan haciendo lío, tercero que ayuden organizar el lío que hacen para que no destruyan nada”, concluyó.

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