Pentecostés: ¿Quién es el Espíritu Santo?

Pentecostés, por El Greco. Año 1597.


Por el Hermano Asno OFS
Fraternidad de la Purísima Concepción de Celaya, Gto.


La respuesta inmediata a esa pregunta me la dio el Sr. Cura: “Burro atarantado, el Espíritu Santo, es Dios”.
"Se ve que nunca fuiste al Catecismo", señaló mi párroco. "Pero como quiero que seas un burro que ame a su Creador, te voy a explicar un poco más sobre eso que preguntas".

Con cuidado, me ata a un pirul que estaba cerca, busca una buena piedra, la recarga contra el árbol, se sienta y saca un libro que se llama Catecismo de la Iglesia Católica, y así, mi querido sacerdote de Cristo, con la sotana negra puesta, en medio del calorón que hace por acá en El Burral, me empieza a explicar.

“Nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!” sino por influjo del Espíritu Santo”. “Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!”. Este conocimiento de fe no es posible sino en el Espíritu Santo. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo.

Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia:

El Bautismo «nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo.
Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad.
Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo», enseña San Ireneo de Lyon.

El Espíritu Santo con su gracia es el “primero” que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”.
No obstante, es el “último” en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.
San Gregorio Nacianceno, “el Teólogo”, explica esta progresión por medio de la pedagogía de la “condescendencia” divina:

«El Antiguo Testamento proclamaba muy claramente al Padre, y más obscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento revela al Hijo y hace entrever la divinidad del Espíritu. Ahora el Espíritu tiene derecho de ciudadanía entre nosotros y nos da una visión más clara de sí mismo. En efecto, no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre, proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida ... Así por avances y progresos “de gloria en gloria”, es como la luz de la Trinidad estalla en resplandores cada vez más espléndidos», recalca San Gregorio Nacianceno.

Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad Santa, consubstancial al Padre y al Hijo, “que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”, explica el Símbolo o Credo Niceno-Constantinopolitano.
Por eso se ha hablado del misterio divino del Espíritu Santo en la “teología trinitaria”, en tanto que aquí no se tratará del Espíritu Santo sino en la “Economía” divina.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del designio de nuestra salvación y hasta su consumación.

Pero es en los “últimos tiempos”, inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona.

Entonces, este designio divino, que se consuma en Cristo, “Primogénito” y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.

¿Qué es Pentecostés?

La palabra Pentecostés viene del griego y significa el día quincuagésimo, es decir el 50. Y ese día se cumplen 50 días después de la Pascua es decir después del Domingo de Resurrección.
Así pues en el domingo de Pentecostés se pone término al tiempo pascual.

Durante Pentecostés se celebra el descenso del Espíritu Santo y el inicio de las actividades de la Iglesia.

Por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad.

El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Shavuot, durante la cual se celebra el quincuagésimo o los 50 días de la aparición de Dios en el monte Sinaí, cuando Dios entrega los mandamientos al Pueblo de Israel.

Los primeros cristianos son judíos y estaban reunidos en ese día del Pentecostés judío cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos.

La Biblia en el libro de los hechos de los apóstoles narra así el acontecimiento: “Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar.
De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban.

Se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una”.

“Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran”.

Al principio los cristianos no celebraban esta fiesta. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de San Irineo, Tertuliano y Orígenes, esto es al final del siglo II y principio del III.

Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual la venida del Espíritu Santo en la Iglesia.

Con el tiempo se le fue dando mayor importancia a este día. Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del Espíritu Santo.

La Iglesia sabe que nace en la Resurrección de Cristo, pero se confirma con la venida del Espíritu Santo.

Es hasta entonces, que los Apóstoles acaban de comprender para qué fueron convocados por Jesús; para qué fueron preparados durante esos tres años de convivencia íntima con Él.

La Fiesta de Pentecostés es como el “aniversario” de la Iglesia. El Espíritu Santo desciende sobre aquella comunidad naciente y temerosa, infundiendo sobre ella sus siete dones, dándoles el valor necesario para anunciar la Buena Nueva de Jesús; para preservarlos en la verdad, como Jesús lo había prometido; para disponerlos a ser sus testigos; para ir, bautizar y enseñar a todas las naciones.

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