La fe de Judit Nabucodonosor y Holofernes El libro de Judit, posiblemente es...

La fe de Judit



Nabucodonosor y Holofernes



El

libro de Judit, posiblemente escrito en los tiempos de los Macabeos para

alentar a los patriotas a luchar contra sus opresores, es uno de los libros que

los protestantes y las sectas salidas de ellos no aceptan como inspirados

porque pertenece a la traducción bíblica llamada de los Setenta, aceptada por

los judíos que vivían fuera de Palestina y, actualmente, por las Iglesias

Católica y Ortodoxa. Para nosotros es un libro inspirado que nos habla de la

presencia de Dios en la historia del pueblo escogido.



Se

considera un libro histórico, aunque también se le puede considerar como

didáctico. Los críticos literarios de hoy lo calificarían como una novela de

guerra, algo así como las aventuras del agente 007 o de Misión Imposible.



Comienza

presentándonos el cuadro histórico en que se desarrolla, y nos habla así del

famoso rey Nabucodonosor que en el año decimoséptimo de su reinado decide

hacerle la guerra al rey Asfaxard. En ese tiempo, como hoy, las naciones

poderosas hacían alianzas con otras naciones, pequeñas o grandes, para

asegurarse la victoria.



Nabucodonosor pidió ayuda militar a todas las

naciones vecinas, entre ellas a los judíos, mandando emisarios en su nombre.

Sus embajadores regresaron despreciados por aquellas naciones que no temían a

un rey débil necesitado de ayuda.



Pero

ese rey venció a sus enemigos, se sintió poderoso y juró vengarse de todas

aquellas naciones que lo habían despreciado, y comenzó su despiadada conquista

por medio de un ejército numerosísimo y bien armado al mando de su general

Holofernes.



Fueron conquistando y masacrando pueblo tras

pueblo, llenado de terror a toda la región. Perdidas las esperanzas, los

pueblos todavía no conquistados se rendían antes de la batalla y pasaban a ser

esclavos y a engrosar aquel formidable ejército. Pronto llegaron a Betulia,

puerta de la nación judía. Los judíos se fortificaron y se dispusieron a luchar

a pesar de ser minoría y de no estar bien armados.







Nabucodonosor

o Dios



Antes

de la batalla, Holofernes tuvo una reunión con sus jefes para discutir la

estrategia a seguir contra aquel pueblo extraño que se atrevía a presentar

resistencia; entonces Ajior, jefe de los amonitas, le explicó al general que

tuviera cuidado porque era un pueblo que no luchaba solo, pues su Dios luchaba

con ellos.



Holofernes,

lleno de la soberbia de los poderosos, dijo que el único dios era Nabucodonosor

y que era más fuerte que el Dios judío de Betulia. Aquella guerra se convirtió,

de pronto, en una lucha entre el paganismo y el Dios verdadero.







Judit



Dios

se vale de los débiles para hacer sentir su protección paternal. Judit (“la

Judía”) era una viuda joven, bella, rica y piadosa que se atrevió a llevar a

cabo un plan para salvar su ciudad del enemigo. Después de una larga plegaria a

Dios, pidiendo su protección, con el permiso de los atemorizados habitantes de

su ciudad, emprendió su terrible misión.



Después

de engalanarse, se hizo acompañar por una fiel servidora y ambas mujeres

bajaron al campamento enemigo y se presentaron a los soldados diciendo que

ellas preferían ser protegidas por Holofernes que morir masacradas en Betulia.

Holofernes, prendado de su belleza, la hospedó con respeto y le permitió comer

los alimentos puros acostumbrados por los judíos y que ella había llevado.

Judit se ganó al general por su belleza y por su sabiduría, de tal modo que

tres días después de su llegada al campamento enemigo fue invitada a una fiesta

en la tienda del jefe. Los soldados bebieron hasta embriagarse y se fueron

retirando de la tienda dejando solos a Holofernes y a Judit, pero aquel

orgulloso soldado estaba tan borracho que quedó profundamente dormido. Judit

tomó la espada del soldado y, valientemente, le cortó la cabeza, la envolvió en

cortinas de la tienda, la metió en su bolsa de provisiones y, con su criada,

salió del campamento sin que nadie la notara, llegando victoriosa a su ciudad.



Los

habitantes de Betulia se llenaron de valor, pusieron la cabeza de su enemigo en

un lugar visible de la muralla y salieron a atacar al campamento enemigo.



Cuando

los centinelas descubrieron a los judíos que los iban a atacar, corrieron a dar

parte a sus oficiales y estos a Holofernes, a quien encontraron decapitado.

Llenos de terror, huyeron en retirada y fueron masacrados y despojados de sus

riquezas.



Judit

fue aclamada como heroína y todo el pueblo agradeció a Dios que hubiera luchado

con ellos, salvándolos de la esclavitud. Fueron en peregrinación a Jerusalén, a

la casa de Dios, y dejaron allí parte de las riquezas arrebatadas a sus

enemigos.







La

humildad de Judit



Nuestra

heroína no se llenó de soberbia, regresó a su vida sencilla de viuda, siguió

siendo la mujer piadosa, la mujer de oración, la mujer caritativa que agradaba

a Dios. Llegó a una larga edad, premio de los buenos, siendo amada y respetada

por su pueblo.





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