Basura en el corazón

Rafael Gutiérrez Amaro

El relato comienza en la sala de espera de una consulta médica. En dicha sala de espera hay cuatro sillas alineadas. En un extremo, sentado, se encuentra un joven de unos 25 o 30 años de raza árabe. A continuación llega a la sala de espera una familia europea formada por el matrimonio y una hija de unos diez años.

En un primer momento, la hija se va a sentar al lado del joven árabe pero mira a la cara del joven y la niña acaba sentándose en el otro extremo. Después, la madre hace el amago también de sentarse junto al joven pero tampoco se sienta. Y el padre se queda de pie en el lado opuesto, quedando el asiento junto al joven libre.

A continuación sale la enfermera del despacho del doctor y nombra a la familia para que entren a la consulta y en el mismo momento llama también al joven árabe para que entre con ellos. Por supuesto, esto causa en la familia una cierta inquietud sin saber a qué se debe.

La familia se sienta frente al doctor y el joven queda al lado de la puerta y de pie, con cierta timidez.

El Doctor pregunta a la niña como va su recuperación y después se dirige a los padres y les dice:

·         “Os presento al joven que donó la médula para vuestra hija”.

Con estupor, después de lo acontecido en la sala de espera, la familia se miran unos a otros un tanto desconcertados y avergonzados. Y aquí acaba el relato. ¿Cuál podría ser la reflexión de este hecho?

·         La mezquindad del ser humano.

·         La ingratitud de las personas.

·         El no ver en los demás criaturas, personas, ciudadanos como nosotros.

·         La falta de humanidad.

·         La insolidaridad.

·         La dureza del corazón.

Y he titulado este artículo:

·         “Basura en el corazón”

Porque en muchos casos, día a día, vamos llenando el corazón:

·         “De actitudes rastreras, de malos pensamientos, de odios, de enemistades, de arrogancias, de malos tratos, de violencia, de egoísmo”.

Y toda esa basura sucia y maloliente nos impide llenar el corazón de:

·         “Amor, solidaridad, cariño, ternura, compañerismo, amistad, apertura a los demás, generosidad”.

En esa familia del relato no había amor hacia los demás; podría haber hacia los demás apariencia de bien, pero no había bondad.

Fijaros en el detalle del relato:

·         El joven, cuando dona, sin saber quién eran ellos, les ofrece sus órganos para que la niña viva.

·         La familia, en la sala de espera, sin saber quién era él, le ofrecen su desprecio, lo humillan.

·         La niña desprecia la vida del joven, pues los padres con sus actitudes le habían educado para ello.

·         El joven por el contrario había sido educado para el amor y es por ello por lo que comparte su vida. Comparte lo más excelente que él tiene.

Generalizando podemos decir que esto es en gran parte el problema de nuestro mundo:

·         “Empezamos por la falta de delicadeza, por la indiferencia, por el desprecio con los demás; y acabamos cometiendo las mayores atrocidades”.

Este mundo de hoy terriblemente dividido es una peligrosa bomba que en cualquier momento puede explotar, pues lleva en su interior:

·         “Muchos dramas, mucho odio, mucho fanatismo, mucho egoísmo y muy pocos valores sociales y de convivencia”.

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