19/06/2015 - Opinión
Carta desde un lugar oscuro
No es que los "bipartidos" me gustasen un pelo, pero, puestos a eliminar el purgatorio, podríamos haber optado por el cielo o algo parecido, y no por el infierno
He estado mucho tiempo sin escribir, bastante horrorizado por la locura colectiva que se está apoderando del mundo a pasos agigantados y de este país en particular, que es el que más me interesa. No soy capaz de leer las noticias ni de verlas por televisión. El espectáculo de dementes sociópatas promovidos a las primeras responsabilidades públicas me produce una pena infinita. Hemos elegido para que rijan nuestros destinos a tipos/as que se permiten bromas macabras sobre personas asesinadas o que se autodefinen como "bollera, camionera, desviada, leñadora y feminazi". No es que los "bipartidos" me gustasen un pelo; mucho me he quejado sobre las consecuencias de la partitocracia (y ésta es una de ellas), pero, puestos a eliminar el purgatorio, podríamos haber optado por el cielo o algo parecido, y no por el infierno. En fin, eso da de sí la democracia.
Ante estos macabros pensamientos, parece ser que necesito 20 miligramos diarios de Paroxetina y 0,50 miligramos de Alprazolam para intentar soportarlo, y trato de refugiarme en el pensamiento de que, en última instancia, Dios rige los destinos del mundo por caminos misteriosos, respetando la libertad del hombre, sus locuras y sus consecuencias, pero manteniendo el timón firmemente agarrado al mismo tiempo. Eso no nos libra de sufrir las consecuencias de nuestros actos, pero nos da el consuelo de saber que, un día u otro, el Timonel dirá "¡Basta!", los cimientos del mundo temblarán y, aunque el Segador cortará el trigo junto con la cizaña y ambos caerán bajo el mismo golpe, nos queda el consuelo de que la locura tiene un límite, y ese límite sin duda llegará. A estas alturas de la historia, el único pensamiento capaz de aportar alguna esperanza es precisamente el de la caducidad de este mundo y de todo lo que contiene, junto con su contrapartida, que es la dimensión de eternidad que anida en todo lo humano que consigue dejar a un lado lo contingente y agarrarse a lo infinito.
Y, sin embargo, hubo un tiempo en que el hombre conocía su lugar en el mundo: "(...) la cultura medieval (...) descubre un personalismo que no olvida la primacía del espíritu sobre la materia, de la persona sobre las cosas, de la verdad sobre la verificación, de la bondad sobre lo útil y de la belleza sobre la sensualidad. Toda la visión medieval de la realidad se basa en el reconocimiento y el respeto de lo espiritual, que se manifiesta en los tres ejes sobre los que queda situado el mundo personal: la individualidad, que no remueve la solidaridad ni la subsidiaridad, la libertad y el amor (...) El ámbito que hizo posible estos logros (...) fue la no represión del afán de trascendencia de la persona (...)" - Eudaldo Forment - El personalismo medieval.
"(...) Allí donde realmente falta la evidencia del sentido de un alma, (...) la locura toma posesión de sus derechos. A esto se debe que las épocas que se empeñan en negar el sentido divino del universo se vean dominadas por la locura colectiva, a pesar de que se sientan superiores con su esclarecida razón" - Franz Werfel, 1941.
Un abrazo para todos y procurad andar por la sombra. En tiempos de locura, "prudencia y caridad".
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