Con el tema de los directivos de Caixa Galicia y Caixanova, y la modificación de sus contratos para recibir millones de euros de indemnización por despido a sabiendas de que la entidad se había de bancalizar.
Precisamente estas entidades hubieron de ser salvadas con dinero de los ciudadanos a cambio de recortes en prestaciones económicas y sociales, no han correspondido –ni mucho menos- con sus pequeños ahorradores y empresarios; empeñados, estos últimos, en mantener el mayor número de puestos de trabajo, su patrimonio y los sueños de toda una vida. Me da más pena tratándose de entidades semipúblicas, en las que hay implicados gentes de todos los partidos y sindicatos más generales, cosa que con frecuencia, al hablar de corrupción se olvida interesadamente.
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