ÁFRICA/BURUNDI - Viajando por el país con cuidados médicos y asistencia espiritual para los enfermos de SIDA

Bujumbura (Agencia Fides) - Es una clínica móvil que viaja por Burundi, pueblo por pueblo, día tras día, para ocuparse de 1.3000 pacientes ofreciéndoles asistencia médica, asistencia espiritual y formación. La clínica móvil es el buque insignia del Servicio Yezu Mwiza (Sym) en Bujumbura (Burundi), un servicio Jesuita dedicado a pacientes con SIDA. Nacido como parte de un proyecto del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), en 2018 el servicio cumplió 10 años en los que se ha ido transformando de una pequeña realidad en toda una institución para contener la propagación del virus. La labor de esta clínica ha pasado a formar parte del sistema de salud del país y se ha hecho fundamental.

En Burundi el SIDA sigue siendo una emergencia. Según UnAids (agencia de la ONU que se ocupa de la infección por el VIH), en 2016 (últimos datos disponibles) hubo 2.200 nuevas infecciones y 2.900 muertes relacionadas con el virus. En 2016, 84.000 personas sufrían SIDA. De ellas, el 61% tuvo acceso a la terapia antirretroviral. Se trata de una epidemia de la que se habla poco, pero que tiene un fuerte impacto en las débiles estructuras de salud del pequeño país de África central.

“El Sym, -explican sus responsables a Fides-, nació en 2008 como un servicio del Servicio Jesuita a Refugiados, -la obra jesuita que se ocupa de los refugiados-, y en los años siguientes se convirtió en parte de Ajan, la red integral de los jesuitas contra el SIDA. Nuestras actividades van desde la prevención hasta la atención de las personas que viven con el VIH, apoyándolas desde un punto de vista económico, social, espiritual y médico. Trabajamos con más de 1.300 personas que viven con el virus y también nos ocupamos de cuatro mil huérfanos y otras personas vulnerables”. En la actualidad, el centro opera en las provincias rurales de Bujumbura, Muramvya y otras ocho ciudades, pero sus responsables esperan llegar pronto a todo el país.

El servicio Yezu Mwiza se ha hecho famoso en toda África oriental y central por la clínica móvil que incluye a un equipo que todos los días va a las aldeas de la provincia de Bujumbura para atender a 1.300 personas que viven con el VIH y a 2.585 huérfanos y otros niños vulnerables. El equipo de la clínica está formado por un médico, una enfermera, un psicólogo, un mediador cultural, un nutricionista, un sacerdote o una religiosa. Ofrecen tratamientos y consultas médicas, visitas a casa y reúne a personas con VIH en sesiones de información sobre una amplia gama de temas: desde la gestión de microempresas hasta las características de los tratamientos, la nutrición o el apoyo psicológico.

El constante trabajo de la clínica móvil ha permitido al casi el 100% de los pacientes acceder a la terapia antirretroviral (originalmente era 64). Incluso el número de bebés sanos que nacen de mujeres infectadas es de aproximadamente el 100%. “Una de las actividades de las que estamos más satisfechos es el programa de prevención de la transmisión del virus de madre a hijo con el que acompañamos a más de 200 mujeres y parejas para que sus hijos nazcan sin VIH”, cuentan los responsables. El número de personas también con infecciones oportunistas potencialmente letales también ha disminuido y ha crecido el número de personas que desean someterse a las pruebas del VIH.

La clínica móvil sigue el enfoque de Sym, que prioriza a las personas más vulnerables y alienta a las personas con VIH a forjar su propio destino mediante la creación de microactividades que generan ingresos. Desde 2010, la clínica se apoya en otra clínica hermana en su sede central que ofrece tratamiento, hospital de día, asistencia y servicios de laboratorio. “Trabajar con personas que viven con VIH y SIDA, los niños afectados, huérfanos y vulnerables me han dado la oportunidad de reflexionar sobre mi vida y mi fe”, explica Elphège Quenum Sj, directora de Ajan. Y añade: “Como subraya el Papa Francisco, estamos llamados a encontrar a Cristo en los pobres, para dar voz a sus causas, pero también para ser sus amigos, para escucharlos, para comprenderlos y para abrazar la misteriosa sabiduría que Dios desea vivir con nosotros a través de ellos. También es para nosotros una obra de justicia, una justicia para el bien de los más pobres en las comunidades locales”.
(CE) (Agencia Fides 30/4/2018)


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