Ángelus Dominical
HOY ME ATREVERÉ a escribir aquí, en este respetable
periódico, una palabrotota que ustedes, amables lectores, sabrán disculparme;
en espera de su oportunidad, diré que… QUÉ DIFÍCIL ES LLEGAR –hasta para el
hombre contemporáneo provisto con la tecnología de punta– a las profundidades,
ya sea del mar, de tierra, del pensamiento o del sentimiento; hay ciencias como
la geofísica interna o la oceanografía que nos ayudan y equipan para dejar la
superficie y adentrarnos en lo maravilloso de nuestro ancho mundo… HAY QUE IR
DOTADOS de oxígeno y luz –mínimo– para avistar las profundidades; además de
trajes y aparatos especiales que nos protejan de la presión atmosférica o
marina, de la fauna y flora propia de esos abismos… PARA ABISMAR EN EL
PENSAMIENTO o en el sentimiento también hay que estar preparados: como si
fueran oxígeno y luz –mínimo– hay que ir con respeto y seriedad, con lógica y
cariño, con una objetividad máxima y con una empatía al menos mínima, pues de
otro modo llegaremos como extraños y ajenos, como mirones y metiches… EL
DOMINGO PASADO subí alto, alto, alto, para contemplar desde allá a la Catedral
Metropolitana; hoy quiero descender tan profundamente como me permitan unas
pocas líneas para mirar desde lo bajo, bajo, bajo… MUCHO CUIDADO al pensar que
si en lo alto pedí permiso a los mismos ángeles y santos para subirme a su
podio, al bajar tenga que pedir permiso al chamuco o a cualquiera de sus
secuaces, NO; pregúntenle a un exorcista –como al padre Guillermo Barba,
recientemente nombrado como coordinador de exorcistas en la Arquidiócesis de
México– y les dirá que el pingo se mueve en lo superficial y en la cáscara, más
que en lo profundo y fundamental… ALLÁ VVVOOOOOYYYY, hasta los mismos cimientos
de tan magnífico edificio catedralicio y me encuentro con el pasado, con la fe
predicada por el misionero y asimilada por el indígena, con las virtudes y
principios que movieron a humanas voluntades (¡y mira qué difícil es moverlas!)
y se lanzaron a empresa maravillosa; casi nunca los vemos, pero los cimientos
también son bonitos… NO ME RESISTO A COMENTAR que la palabra “virtud” tiene su
origen en la fuerza propia del hombre, en su capacidad para trabajar, luchar,
transformar su entorno; así que cuando digo que al bajar tan profundamente me
encuentro con “las virtudes y principios”, estoy incluyendo lo físico y lo
moral, las motivaciones y las realizaciones, lo que se ve y lo que no se ve… SI
DESDE LO ALTO pude ver el futuro de la Catedral, desde el abismo en que estoy
metido se ve doblemente su pasado, y al mirarlo doble hay que respetarlo del
mismo modo; valga señalar que el respeto no es indiferencia ni lejanía, no es
dejar al otro en su rollo y yo asumir lo mío, no… RESPETAR ES meterse a los
zapatos del otro sin que dejen de ser suyos, sin que tenga que quitárselos un
instante (¿entonces cómo me meto en ellos?), casi sin que se dé cuenta que
estás pensando y sintiendo lo que el otro piensa y siente sin quitarlo de su
lugar… RESPETABLE ES lo que merece atención, honor, consideración; el vicio, el
crimen, la mentira jamás merecen respeto; merece respeto todo ser humano porque
es ser humano, no por vicioso, criminal o mentiroso… AVANZO EN LO PROFUNDO de
la Catedral y físicamente pueden verse las criptas, que en su parte más grande
albergan a miembros del pueblo de Dios, y en su sección principal conservan los
restos mortales de tantos arzobispos y otros jerarcas que algo tuvieron que ver
en la construcción, mantenimiento y conservación de dicho recinto… PROFUNDIZO
EN LO AVANZADO y también puedo visitar los restos prehispánicos que –vistos con
respeto– me permiten entrar en comunión con aquellos antepasados que dan
cimiento a mi identidad como mexicano y como hombre de fe, como ser humano y
discípulo de Jesucristo, que también “bajó a lo más bajo” (en el credo o símbolo
llamado de los Apóstoles decimos: “descendió a los infiernos”)… QUIEN VAYA A LO
PROFUNDO con una miradamanoseadora (¡chin, ya salió la palabrotota!) sólo
estará perdiendo su tiempo y atosigando con opiniones banales y disquisiciones
vanas, sólo estará contaminando y estorbando lo que debe estar tan limpio y tan
libre como respetable que es nuestra Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis
de México
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.512921915448055.1073742
HOY ME ATREVERÉ a escribir aquí, en este respetable
periódico, una palabrotota que ustedes, amables lectores, sabrán disculparme;
en espera de su oportunidad, diré que… QUÉ DIFÍCIL ES LLEGAR –hasta para el
hombre contemporáneo provisto con la tecnología de punta– a las profundidades,
ya sea del mar, de tierra, del pensamiento o del sentimiento; hay ciencias como
la geofísica interna o la oceanografía que nos ayudan y equipan para dejar la
superficie y adentrarnos en lo maravilloso de nuestro ancho mundo… HAY QUE IR
DOTADOS de oxígeno y luz –mínimo– para avistar las profundidades; además de
trajes y aparatos especiales que nos protejan de la presión atmosférica o
marina, de la fauna y flora propia de esos abismos… PARA ABISMAR EN EL
PENSAMIENTO o en el sentimiento también hay que estar preparados: como si
fueran oxígeno y luz –mínimo– hay que ir con respeto y seriedad, con lógica y
cariño, con una objetividad máxima y con una empatía al menos mínima, pues de
otro modo llegaremos como extraños y ajenos, como mirones y metiches… EL
DOMINGO PASADO subí alto, alto, alto, para contemplar desde allá a la Catedral
Metropolitana; hoy quiero descender tan profundamente como me permitan unas
pocas líneas para mirar desde lo bajo, bajo, bajo… MUCHO CUIDADO al pensar que
si en lo alto pedí permiso a los mismos ángeles y santos para subirme a su
podio, al bajar tenga que pedir permiso al chamuco o a cualquiera de sus
secuaces, NO; pregúntenle a un exorcista –como al padre Guillermo Barba,
recientemente nombrado como coordinador de exorcistas en la Arquidiócesis de
México– y les dirá que el pingo se mueve en lo superficial y en la cáscara, más
que en lo profundo y fundamental… ALLÁ VVVOOOOOYYYY, hasta los mismos cimientos
de tan magnífico edificio catedralicio y me encuentro con el pasado, con la fe
predicada por el misionero y asimilada por el indígena, con las virtudes y
principios que movieron a humanas voluntades (¡y mira qué difícil es moverlas!)
y se lanzaron a empresa maravillosa; casi nunca los vemos, pero los cimientos
también son bonitos… NO ME RESISTO A COMENTAR que la palabra “virtud” tiene su
origen en la fuerza propia del hombre, en su capacidad para trabajar, luchar,
transformar su entorno; así que cuando digo que al bajar tan profundamente me
encuentro con “las virtudes y principios”, estoy incluyendo lo físico y lo
moral, las motivaciones y las realizaciones, lo que se ve y lo que no se ve… SI
DESDE LO ALTO pude ver el futuro de la Catedral, desde el abismo en que estoy
metido se ve doblemente su pasado, y al mirarlo doble hay que respetarlo del
mismo modo; valga señalar que el respeto no es indiferencia ni lejanía, no es
dejar al otro en su rollo y yo asumir lo mío, no… RESPETAR ES meterse a los
zapatos del otro sin que dejen de ser suyos, sin que tenga que quitárselos un
instante (¿entonces cómo me meto en ellos?), casi sin que se dé cuenta que
estás pensando y sintiendo lo que el otro piensa y siente sin quitarlo de su
lugar… RESPETABLE ES lo que merece atención, honor, consideración; el vicio, el
crimen, la mentira jamás merecen respeto; merece respeto todo ser humano porque
es ser humano, no por vicioso, criminal o mentiroso… AVANZO EN LO PROFUNDO de
la Catedral y físicamente pueden verse las criptas, que en su parte más grande
albergan a miembros del pueblo de Dios, y en su sección principal conservan los
restos mortales de tantos arzobispos y otros jerarcas que algo tuvieron que ver
en la construcción, mantenimiento y conservación de dicho recinto… PROFUNDIZO
EN LO AVANZADO y también puedo visitar los restos prehispánicos que –vistos con
respeto– me permiten entrar en comunión con aquellos antepasados que dan
cimiento a mi identidad como mexicano y como hombre de fe, como ser humano y
discípulo de Jesucristo, que también “bajó a lo más bajo” (en el credo o símbolo
llamado de los Apóstoles decimos: “descendió a los infiernos”)… QUIEN VAYA A LO
PROFUNDO con una miradamanoseadora (¡chin, ya salió la palabrotota!) sólo
estará perdiendo su tiempo y atosigando con opiniones banales y disquisiciones
vanas, sólo estará contaminando y estorbando lo que debe estar tan limpio y tan
libre como respetable que es nuestra Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis
de México
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