Cultura Bíblica Este domingo consideraremos la radicalidad con que Jesús cond...

Cultura Bíblica



Este

domingo consideraremos la radicalidad con que Jesús condiciona su seguimiento y

que, en su formulación, es paralelo al primer mandamiento del decálogo. También

consideraremos cómo asumir la Cruz, e ir en pos de Jesús es el imperativo de

sabiduría para alcanzar la vida eterna.







Ya

desde hace varias semanas consideramos textos que se encuentran dentro de la

etapa de subida de Jesús y sus discípulos hacia Jerusalén. Esta subida marca el

camino definitivo del Señor hacia la Pasión, Muerte y Resurrección.



Dentro

de este camino encontramos más de una vez enseñanzas que, sacadas del contexto

de todo el Evangelio, serían verdaderamente difíciles de comprender. El día de

hoy Jesús expresa con gran radicalidad la primacía absoluta de la elección que

debe hacerse hacia su persona.



La

formulación que hace el Deuteronomio del primer mandamiento dice así: “escucha

Israel, amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu mente y toda

tu alma…” Este mandamiento concuerda con la exigencia de Jesús en hacer una opción

radical por el Señor, dejando de lado cualquier otra preferencia o apego.

Nuestro Señor Jesucristo no habla de toda la mente o corazón pero lo expresa en

el orden de las relaciones interpersonales. Preferir a Jesús por encima de los

propios padres, la esposa o los hijos, que, podemos entender, son las

relaciones afectivas más profundas, solamente se podría aceptar partiendo de la

fe en Jesús como Hijo de Dios.



En

el contexto de los evangelios, ciertamente Jesús tuvo frases parecidas a ésta y

que solamente podrían aceptarse reconociéndolo como Dios. Por ejemplo, en la

última cena les dijo a los discípulos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”,

“nadie va al Padre si no es por mí”. Estas frases nos llevan a pensar que si

Jesús hablaba así, era porque tenía una conciencia real de su propia identidad,

de los alcances de su obra y también de las exigencias que sus seguidores

debían asumir.



Por

ello, la segunda parte del texto de hoy resulta completamente lógica: cargar la

Cruz y seguirlo es la única forma de verdaderamente ser discípulo. En los

tiempos del Señor, el discipulado se establecía porque la vida de alguna

persona resultaba ejemplar y apetecible de seguir. Se seguía a los grandes

maestros en la interpretación de la Ley de Moisés no solamente por su doctrina,

sino por el valor de sus vidas, la coherencia, la justicia y santidad que

irradiaban.



Jesús

como buen maestro, no quiere que los discípulos memoricen contenidos sino que

se hagan partícipes de su misma vida. Si el Señor ya había avisado que iba a

Jerusalén a padecer y morir en la Cruz para alcanzar al tercer día la

Resurrección, resulta claro que el llamamiento a hacer lo mismo que Él, es el

camino más sabio.





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