
He quedado estupefacto al conocer unas declaraciones del actual responsable de Podemos en Cataluña. Sus palabras han sido bastante contundentes y no permiten otro interpretación que lo que expresan: "en la campaña (próximas elecciones catalanas) usaremos odio contra Mas". En una entrevista explica que la dirección de Podemos llegó a esta conclusión tras el mitin de Pablo Iglesias en el Palau del Vall d'Hebron el pasado mes de diciembre. En este acto se dieron cuenta del rechazo visceral que provoca el presidente Mas entre sus simpatizantes y afiliados. En unas declaraciones al diario El Periódico, Gemma Ubasart, la secretaría general de Podemos en Cataluña dice: "después del 9-N Mas tuvo un mes de gloria, pero al mitin del Vall d’Hebron [en diciembre, con la participación de Pablo Iglesias] vimos el odio que despierta su persona y este odio contra Mas es el que utilizaremos contra él en la campaña". El diario enfatiza que estas han sido las palabras literales de Ubasart.
El odio es contrario al amor. Predicar el odio es apelar a la movilización de los supuestos básicos de los humanos contra el miedo a quien consideran diferente y, espoleados por este temor, la única alternativa es la destrucción. Esta estrategia, aplicada a la política, fue la base de los totalitarismos excluyentes y criminales que han practicado los sátrapas de todas las dictaduras. Como comentaba el otro día, estas fueron las tesis de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista de los años 30 del siglo pasado; los postulados racistas del nacionalsocialismo alemán o de los principios exterminadores del jemeres rojos de Pol Pot. Me preocupa que la política en nuestro país genere estos planteamientos y la posibilidad de que estas tesis obtengan aceptación electoral. Mi visión de la política no se fundamenta en el odio sino en el entendimiento, el consenso, la comprensión, el acuerdo y la colaboración. Admito que estos principios no excluyen la confrontación, la discrepancia y el debate; pero nunca han de alimentar el odio. El odio fue la base del primer crimen metafórico de la humanidad: la muerte de Abel a manos de su hermano Caín.
Mi manera de entender la política se expresa en el abrazo de David Fernández al presidente Mas en la noche del 9 de noviembre. Ambas personas representan dos alternativas políticas totalmente opuestas y contrapuestas. El abrazo demuestra que la discrepancia política no anula el respeto por el adversario ni fomenta su animadversión, ni mucho menos atiza el odio contra él. Como cristiano, pero también como persona cívica, no considero que en la democracia haya espacio para el odio. Fomentarlo es alimentar una actitud que lleva la destrucción de la convivencia y el civismo que nos permite ser libres. Confío en que el fiscal contra los delitos de odio actúe de oficio y evalúe si estas declaraciones de Gemma Ubasart constituyen un delito de incitación al odio. La sociedad democrática y las personas sensatas que defendemos las relaciones de convivencia debemos actuar rápidamente contra este tipo de manifestaciones para evitar que el odio se instale entre nosotros y porque si nos dormimos cuando intentamos hacerlo puede ser que sea demasiado tarde.

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