
El presidente Obama ha reiterado que Occidente no está en guerra contra el Islam sino contra el terrorismo islamista, lo cual es cierto. Pero el único país que ha reaccionado contra los criminales libios ha sido el propio Egipto en defensa de sus nacionales, sin distinción de creencias, y el que ha pedido a la ONU una resolución que permita exterminar el cáncer del llamado Estado Islámico instalado ya en nuestra vecina Libia.
Es necesario defender la libertad de expresión, como ocurrió en París, pero junto a ella es preciso defender la vida humana y la libertad religiosa. En este sentido cabría esperar que todos en Europa dijeran “Je suis Chretien” (“Yo soy cristiano”) incluso aquellos que, sin tener fe, defienden la libertad, la justicia y el derecho.

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