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| El descubrimiento venezolano del voto de castigo. |
México vive el proceso electoral más importante de la historia, con 3,400 puestos de elección popular entre ellos el de presidente de la República, 9 gobernadores, diputados, senadores, alcaldes y legisladores locales.
Es importante señalar, que en estas elecciones, están en juego posibles cambios estructurales de gran trascendencia para nuestro querido México.
No es difícil que este año veamos la transición del liberalismo de casi 100 años a la izquierda liberal.
Nunca como ahora, el pueblo de México, se ha polarizado tanto en sus preferencias en materia de partidos políticos.
Por un lado están una minoría que se mueve con intereses particulares, son los que se han beneficiados por algunos partidos que vienen gobernando desde el siglo pasado; por otro lado, está el hartazgo de una sociedad cansada de políticos corruptos, mentirosos, convenencieros, que se sirven del pueblo mientras cumplen sus aspiraciones.
Ahora bien, la historia nos da una experiencia que no podemos desechar en un momento tan determinante como ahora.
San Juan Pablo II y el peligro del socialismo
El Papa Juan Pablo II en su encíclica Centesimus annus, de 1991 en los números 12-15 nos alerta del peligro del socialismo, que actualmente está encarnado por las izquierdas, en cuanto sus principios: “El error fundamental del socialismo es de carácter antropológico.
Considerando al hombre como un simple elemento del organismo social, subordinado a éste, se lo reduce a un mero conjunto de relaciones sociales, desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral”.
La causa principal del error antropológico del socialismo es el ateísmo: la negación de Dios priva a la persona de su fundamento.
También de la raíz atea del socialismo brota la elección de la lucha de clases como medio de acción.
Por su puesto, que no se trata cruzarnos de brazos, viendo como nos despojan de lo que le corresponde, por derecho a un pueblo trabajador, como México.
Es importante reconocer el papel positivo del conflicto cuando se configura como lucha por la justicia social y el bien común.
Lo condenable en la doctrina de la lucha de clases es su carácter de guerra total, de conflicto no limitado por consideraciones éticas ni jurídicas; sino por resentimiento y venganza.
La lucha de clases en sentido marxista y el militarismo tienen las mismas raíces: el desprecio de la persona humana, que hace prevalecer la fuerza sobre la razón y el derecho.
Simplemente con observar el caso Venezuela, donde el populismo, los asesinatos y el hambre así como la violación de los derechos humanos han sentado sus reales gracias a la izquierda venezolana. En este momento en el que estamos escuchando, verdaderas promesas “mesiánicas” por parte de grupos de esta tendencia y de los demás partidos, nos debemos detener para hacer un análisis de todas sus propuestas y razonablemente evaluar la posibilidad de que se realice todo aquello que ahora se nos dice en campaña.
El llamado voto de castigo, que ahora se ve como la única alternativa, puede ser mucho más peligroso y lamentable para nuestra sociedad, que lo que vivimos en este momento, sobre todo considerando la hostilidad que han manifestado para con la Iglesia en materia de defensa de la vida, desde su concepción hasta la muerte natural; la familia constituida por hombre y mujer; el derecho a la propiedad y la propagación de la fe.
No podemos votar por los de siempre, que siempre han hecho de las suyas, luego de tantos gobernadores prófugos, sentenciados y en entre dicho que forman parte del mismo partido o partidos.
Podemos hacer contrapeso para no caer de mal a peor.
Pero sobre todo debemos hacer lo mejor como ciudadanos para inyectar futuros ciudadanos con valores y sentido patriótico a nuestro amado pueblo.
"Nos cambiaron la bandera, la moneda, la estructura de la Administración Pública, el uso horario y los nombres de las instituciones"
Una venezolana, Rosilú Crespo, en mayo de 2008 presentó el siguiente tema, localizable en internet, a base de diapositivas y que exponía la realidad de lo que el socialismo, la izquierda venezolana, ha hecho y ha venido haciendo en su país. A 10 años de distancia, pareciera que las cosas siguen igual:
"Nos cambiaron la bandera, la moneda, la estructura de la Administración Pública, el uso horario y los nombres de las Instituciones. Los gremios no se defendieron ante la ocupación de cargos públicos por personal extranjero. Véase con énfasis el caso del gremio médico. Nos vendieron que los 40 años de la IV no sirvieron para nada y nadie habló de logros. Permitimos que en las Instituciones públicas colocaran afiches políticos en todas las paredes adorando además a símbolos e ídolos extraños para nuestros valores democráticos. Nos obligaron a dividirnos en dos bandos y permitimos que uno de éstos grite “Socialismo, patria o muerte”, cambiando la imagen del venezolano amable y amigable por la de un guapetón de barrios con enemigos fantasmas. Dónde estábamos cuando…".
"Aceptamos que una sola persona acumulara tanto poder, llevándonos a una autocracia cuando nacimos y crecimos en democracia. Aceptamos que una persona tome los medios de comunicación en cadena para contar cuantos maridos tuvo su abuela, cuales fueron sus vivencias personales cuando era adolescente, hacer chistes malos, cantar o para incentivar al consumo de coca. Nos quisieron cambiar el concepto de que Estados Unidos, España, Colombia y México son nuestros aliados en el desarrollo y que es preferible sustituirlos por Cuba, Nicaragua, Irán, China y Rusia. Permitimos el trueque de petróleo por bombillos. Permitimos que el discurso vaya por un lado y la realidad por otra. Aceptamos que para hacer mercado hay que hacer un tour de supermercados y además inmensas colas, para igual terminar sin la canasta básica. Dónde estábamos cuando…".
"Pusieron a los militares a vender pollo, arroz y leche. Permitimos el nepotismo, la corrupción, los insultos y la exclusión. Aceptamos que le digan “pueblo” a un solo sector (minoritario, además). Dejamos que nuestros recursos se desvíen, en maletas o no, al extranjero. Aceptamos que haitianos o trinitarios que ni hablan español voten en nuestras elecciones presidenciales".
"Permitimos que unas focas sin credenciales decidan sobre nuestra legislación o sobre la administración de la justicia. Permitimos que nuestro excedente petrolero se maneje como una chequera personal. Aceptamos que el “pensar distinto” sea causal de desempleo o destitución. Dónde estábamos cuando…".
"¿Le cambie el color a las paredes de su casa? ¿Le regale los muebles y útiles de cocina? ¿Le administre su presupuesto, con base a las prioridades que no son las suyas? ¿Le cambie de colegio a los muchachos? ¿Use sus instalaciones para reuniones de la gente de su barrio? ¿Le altere las relaciones cordiales que Ud. tenía con sus vecinos? ¿Meta armas en su closet? ¿Le dé discursos de valores y comportamiento a sus niños? ¿Cambie los hábitos alimentarios de la familia? Permitiría Ud. que una empleada doméstica…"
"Sólo nosotros mismos podemos poner en su sitio a los empleados abusadores que se tomaron atribuciones que no le corresponden a su cargo. Sólo a nosotros nos duele “lo nuestro”. Hay que unirse, aunque no sepamos cómo".
"Lo que está en juego es el futuro. Debemos demostrar que somos mayoría y que una minoría no puede imponerse y menos cuando va en contra de valores como la libertad, la democracia y la paz. Rescatemos a Venezuela del camino incierto. Esta patria es tan grande que hasta de esta pesadilla histórica se recuperará. Pero nos necesita. Regresemos y tomemos el control".


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