LA LEY NATURAL
OFUSCADA POR EL RELATIVISMO ANTI O TRANSNATURAL QUE LLEGA A TENER CONSAGRACIÓN
JURISPRUDENCIAL A NIVEL EUROPEO POR EL TEDH.
Por Carlos
Alvarez Cozzi
Mientras que los
derechos del hombre en la Declaración Universal de Naciones Unidas de 1948
reflejaban los derechos naturales, la afirmación del individualismo ha ido
generando nuevos derechos antinaturales, como el derecho a
la eutanasia o al aborto, los cuales, a su vez, han llevado a la aparición de
derechos transnaturales que garantizan que se pueda redefinir la naturaleza,
como es el caso del derecho a la eugenesia, a tener un hijo o al cambio de sexo.
De manera más profunda, esta evolución manifiesta una enorme transformación de
la concepción de la dignidad
humana, que tiende a ser reducida a la sola voluntad individual, o al espíritu en
oposición al cuerpo, y que plantea la negación
de la naturaleza y sus condicionamientos como una liberación y un
progreso. Esto lo afirma Grégor
Puppinck, que es
doctor en Derecho y director del Centro Europeo para el Derecho y la Justicia (ECLJ por sus
siglas en inglés, con sede en Estrasburgo), un experto que colabora con
organizaciones internacionales y con los servicios diplomáticos de la Santa
Sede. Acaba de publicar un importante ensayo sobre los derechos del hombre: Les droits de l'homme dénaturé [Los derechos del hombre desnaturalizado],
Entiendo que va en la línea
de lo que el pensador español Josep Miró califica como la cultura de la desvinculación. Es decir, la deriva del mundo
posmoderno en la negación de la realidad y de los vínculos humanos que son necesarios
para la convivencia en sociedad.
En todo caso, la concepción
de derechos antinaturales o transnaturales llevan a la desvinculación del ser
humano, porque por ejemplo la ideología de género niega la existencia de la
realidad biológica que está por fuera del ser humano, le precede objetivamente a
su existencia. Y eso determina que las cosas no son lo que son sino lo que el
sujeto “percibe” que son. Así se llega al absurdo de afirmar que una mujer que
no quiere estar embarazada aunque esté encina, no está embarazada. O que un
hombre que se autopercibe como mujer, en realidad es una mujer. O que un pene
que está en un cuerpo de mujer en realidad deja de ser un órgano sexual
masculino y pasa a ser femenino, o tantos otros disparates.
Puppinck lo que está
denunciando en su obra es la fuerte impronta que este pensamiento relativista
está teniendo lamentablemente en los jueces que integran el Tribunal Europeo
de Derechos Humanos, que ha tomado un papel fundamental en la consagración de supuestos
derechos humanos que en verdad no son tales. Como ya hemos dicho, el
relativismo ideológico está pasando a tener consagración legal y
jurisprudencial en varios Estados, organismos internacionales y
jurisdiccionales. Consolidando una dictadura de la ideología de género y del
pensamiento único, muy peligrosa y muy tiránica. En efecto, en relación a esto el
citado autor afirma: “por muy poderosa y coherente que pueda ser la ideología
de la dignidad no encarnada, está condenada a chocar contra la resistencia de
la naturaleza humana: hay
algo en el hombre que resiste a su desnaturalización. La naturaleza
humana se defiende y vuelve a nosotros. Es lo que podemos ver, por ejemplo, con
el testimonio de personas concebidas en vientre de alquiler, que sufren toda su
vida e intentan conocer a sus padres, sus hermanos, sus hermanas. Esta
necesidad de conocer el propio "origen biológico" demuestra que las
dimensiones física y psíquica son indisociables, que el hombre no es sólo una
voluntad, que el hombre es, por naturaleza, la unión armoniosa del cuerpo y del
alma. Y sólo como tal podrá realizarse plenamente.”
Creemos que se impone una fuerte reacción de los
juristas y de la sociedad en general, en denunciar y oponerse a estas
concepciones que no humanizan al hombre sino que por el contrario lo deshumanizan,
instrumentalizados por ideologías anti o transnaturales.

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