No hacer política
La historia de las relaciones entre un Papa y su secretario de Estado (verdadero “primer ministro”) está tan llena de acontecimientos que el entendimiento armonioso y eficaz que reinó entre ambos hombres destaca como una venturosa excepción.
Aunque la historia no fue amable con la Iglesia bajo el pontificado del papa Pío X, la lealtad del cardenal Del Val nunca falló.
Ley de 1905 en Francia que privaba a la Iglesia de sus bienes, persecuciones religiosas en Portugal y en América Latina, crisis modernista,…
A pesar de las dificultades, la política de la Santa Sede fue la de “no hacer política y siempre escoger el camino correcto”.

Cuando Pío X murió en 1914, fue reemplazado por su sucesor Benedicto XV, quien le nombró secretario de la Congregación del Santo Oficio (equivalente actual al de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe), cargo que ocupó durante 16 años.
Retirado de los asuntos políticos de la Iglesia, el cardenal compuso una bellísima letanía de la humildad que recitaba cada día tras la celebración de la misa:


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