Vivir el cielo es vivir la Cuaresma con Jesús y con quien sufre

Nos reconocemos limitados, contingentes y nos preparamos para acompañar a Cristo en su última etapa en la tierra

Se acerca el Miércoles de Ceniza y, con ello, el inicio de la Cuaresma. Nos preparamos para vivir, junto a Jesús, un tiempo para vaciarse de uno mismo, un tiempo, podría decirse, de muerte interior, donde nos reconocemos limitados, contingentes y nos preparamos para acompañar a Cristo en su última etapa en la tierra.

Cuando proclamamos que queremos vivir el cielo aquí y ahora, no es que veamos todo de color de rosa, evitando el sufrimiento.

Jesús padeció soledad, sufrimiento, desolación. Y eso es lo que nos mueve como cristianos: la violencia, el dolor, la angustia, la soledad. Y nos invita a adherirnos sin reservas a su proyecto de vida y a consolar al que sufre, dar de comer al hambriento, visitar al enfermo.

«Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (Mt 25, 35-36).

Contemplar al Jesús que sufre

Vivir el cielo en la tierra es también contemplar al Jesús que sufre, y reconocerlo en el otro, en mí mismo. Ese desierto que se vive en la violencia, en la injusticia, en las heridas de los hermanos, forma parte de nuestro paso por la vida y acogerlo con amor de Dios es ya vivir el cielo en la tierra. Mirar de frente la realidad que no siempre queremos ver porque muchas veces es insoportable. Pero ahí está Jesús, vivo, encarnado, y junto a Él es posible todo, incluso lo imposible para el hombre.

¡Qué fácil sería vivir el cielo sin dolor, sin soledad, sin problemas! ¿Quién no lo viviría? Pero para resucitar hace falta morir; para alcanzar el perdón hacen falta penitencia y arrepentimiento, para aprender hay que tropezar. Solo se es feliz desde la humanidad, y ser humano lo implica todo.

Las promesas de Dios están hechas

Pero no hay que temer, Dios está aquí. Ábrete a su dones, al don de su Reino, para acompañar en este tiempo de desierto a Jesús, para vivir junto a él y los hermanos, la tentación; esa parte menos fácil que implica ser personas. Hazlo sin miedo porque las promesas de Dios están hechas, y Él todo lo cumple, todo lo Es, y jamás te dejará solo, pase lo que pase.




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