Ciudadanos y los inspectores de Hacienda son decididos partidarios de legalizar la prostitución por motivos en primera instancia distintos, pero que tienen un trasfondo común. El partido político porque, como buenos liberales, ve en la prostitución una actividad laboral. Los inspectores por aquello de recaudar más, que para eso están. Unos y otros comparten el olvido de la cosificación del cuerpo humano, en este caso sobre todo el de la mujer. Porque esto y no otra cosa es la prostitución. No se trata de una abstracción sino de una práctica concreta. Se trata de que, cada día, cinco o seis veces a la semana, mes tras mes, una mujer sea penetrada cinco, seis o más veces, con independencia de su estado. Y ahora no hablamos de trata de mujeres, sino de la naturaleza común del “negocio” aunque sea fruto de “una prestación voluntaria”, como los cuidadosos defensores de su legalización definen. El acto sexual, transformado en “servicio laboral” y reiterado una y otra vez a lo largo del tiempo, es necesariamente destructivo, arriesgado, penoso, lo es en cuerpo y en alma. ¿Cómo es posible que ignoren tamaña evidencia? ¿Cómo están las prostitutas con años a las espaldas de profesión aunque ejerzan por libre? ¿Pueden aspirar a mantener su actividad y compaginarla con un matrimonio, con los hijos? ¿La vagina como servicio, es una profesión? ¿Pueden ser defensoras de las mujeres quienes defiendan tamaña brutalidad?
¡Qué paradoja! Nuestra sociedad ha luchado para superar los trabajos penosos y, hoy, cuando hasta en el tractor hay aire acondicionado para hacer más llevadero el trabajo agrícola, se postula como gran solución “normalizar” una explotación bestial del cuerpo humano. Un “servicio”, como ofrecer una cerveza en un bar o reponer los productos en los estantes de un supermercado.
¿Quién puede defender sin estar cegado por la ideología, o por el dinero del gran lobby de los prostituidores, que se trata de una actividad laboral más? Porque entonces deberíamos de llevar a cabo la formación profesional, que las jóvenes que quisieran pudieran aprender a ejercer bien de prostitutas en beneficio propio, y del servicio. Porque eso es lo que exige una profesión.
La idea de la prostituta como una mujer estupenda, la escort, es un engaño, porque son la excepción que confirma la regla. Son una ínfima parte del negocio, y lo que hay es lo que se encuentra en las zonas de prostitución, en los bares de carretera, en el alterne. Pero, además, incluso las mejor situadas se degradan con el paso de los años, y lo que era ocasional debe transformarse en habitual para poder vivir.
Existe la infantil idea de que la legalización comporta el fin del tráfico de mujeres. Claro, por esta razón, esas hermanitas de la caridad que son los bufetes al servicio del lobby prostituidor vienen trabajando desde hace años para conseguirlo, para así quedarse sin negocio. Pero es que además existe la evidencia. En Alemania y Holanda, donde sí está legalizada, no ha decrecido el peso del gran proxenetismo, al contrario. Les permiten disfrutar de la situación del Iceberg, una pequeña masa visible que sirve para ocultar la gran masa oculta. No solo eso sino que los estudios confirman que ha crecido en estos países la prostitución infantil.
Existe una estrecha relación entre tráfico de mujeres y prostitución en todas partes. Las razones son muchas. Una, porque es un negocio más rentable y menos arriesgado que la droga. Dos, porque las prostitutas necesitan cambiar de lugar, lo exige la clientela, que busca periódicamente la novedad, y esto necesita de la red. Tercero, porque la prostituta es siempre un ser expuesto- al cliente- que necesita de alguna protección.
Entendámonos, la prostitución es tan vieja como el mundo, pero nunca había alcanzado la importancia actual. España por ejemplo es un gran prostíbulo. Se puede prohibir o restringir, en ningún caso mirar hacia otra parte o legalizar. Países como Suecia y Noruega, que han actuado prohibiéndola radicalmente, y castigando al usuario, la han reducido a límites mínimos. Los suecos lo hicieron por una claro motivo. Después de años de estudio por parte de una comisión parlamentaria concluyeron que una de las causas de la violencia contra la mujer es la prostitución. Por eso la prohibieron. Aquí, el feminismo oficial mucho cargar contra el patriarcado, en la práctica contra cualquier hombre, pero nunca han abordado esta ecuación prostitución- violencia contra la mujer. No les parece ideológicamente correcto. Mucha ideología en el peor sentido del término y mucho dinero es lo que hay en medio de este tema, y muy poco pensar en la mujer concreta.
Y lo dejamos para el final. Amnistía Internacional, con su petición de legalización de la prostitución, actúa contra aquello que predica, los Derechos Humanos. Se han olvidado de que Naciones Unidas declaró la prostitución como “una nueva forma de esclavitud”. Ya seria hora de que estas ONG multinacionales se sometieran a auditorias independientes. Todo quedaría mucho más claro.
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