
Se llama “calendario inverso” (quizás lo hayas visto por las redes sociales). Este calendario empieza el 1 de diciembre con un cesto vacío. Entonces, cada día hasta el Día de Navidad se añade un artículo al cesto, con el objetivo de regalar el Día de Navidad un cesto lleno de dulces y artículos esenciales a personas sin hogar, a un centro de ancianos o a una causa caritativa que atienda a los miembros vulnerables de la sociedad.
Es una idea simple pero que merece la pena y que puede implicar a toda la familia. Me encanta hacer que alguno de mis hijos se responsabilice de añadir un artículo cada día. Como ya son bastante mayores, pueden ir al supermercado local y escoger un producto que consideren útil o incluso un capricho sabroso para una persona necesitada. El Día de Navidad, la cesta estará llena de alimentos enlatados, pasta de dientes y las ofrendas de mi hijo más pequeño: ¡montones de chocolate!
Los regalos no tienen por qué ser caros y algunos pueden salir incluso de vuestra propia despensa. La esencia pura está en compartir en esta temporada y de tener un poco de solidaridad con aquellos que quizás no se sientan con el ánimo tan festivo.

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