A ellos se les unieron algunos cristianos de la zona y un grupo procedente de Gaza, que fueron capturados mientras celebraban la liturgia.
“Una cristiana, mujer según el cuerpo, pero viril por su valentía y coraje, se encaró con el tirano por lo que fue flagelada, sometida al tormento del potro y le rompieron las costillas”, cuenta Eusebio. A aquella se le atribuyó el nombre de Ennata, o Thea, según algunas versiones.
Mientras Thea era torturada, otra mujer, llamada Valentina (la valiente), no soportó el atroz espectáculo y se adelantó hasta el gobernador para gritarle: “¿Por qué tratas con tanta crueldad a esta mi hermana? ¿Me quieres torturar a mí igual que a esta joven?”
De inmediato la empujaron hasta el altar para forzarla a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, pero como pateó el brasero, entonces la arrojaron y la quemaron con las brasas que se esparcieron en el suelo.
Posteriormente ambas fueron torturadas y quemadas vivas. Se dice que Thea provenía de Gaza, pero que Valentina era de Cesarea y una mujer muy conocida.
Era el 25 de julio del 308 de nuestra era.
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