Hoy celebramos a San Gregorio, Taumaturgo

REDACCIÓN CENTRAL, 29 Nov. 22 (ACI Prensa).- San Gregorio Taumaturgo es uno de los Padres de la Iglesia. Nació alrededor del año 213 en Niksar (actual Turquía). No son muchos los escritos que se conservan de él, pero son abundantes las referencias a su obra que aparecen en San Jerónimo o San Basilio. Sus enseñanzas contribuyeron grandemente a la formación de la doctrina católica.

El calificativo de "taumaturgo" se debe a que se le atribuyen muchos milagros -especialmente curaciones-. De acuerdo a la tradición, en sus tiempos, muchos decían que no se había visto a un hombre hacer tantos milagros desde los tiempos de Moisés.

En su juventud planeó trasladarse a Beritos, Fenicia, para estudiar retórica y leyes, pero, a pedido de su hermana, cuyo marido había sido nombrado gobernador de Palestina, se trasladó a Cesarea. Allí conoció a Orígenes, maestro de la escuela catequética de Alejandría.

Fue tal el impacto que causó en Gregorio la sabiduría de Orígenes, que decidió abandonar la retórica y emprender primero el estudio de filosofía y luego el de la teología. Con todo, su mente continuó inclinada hacia la filosofía, con la idea de que la religión cristiana era la única verdad y la base para toda buena filosofía.

Los años en los que Gregorio estuvo bajo la guía de Orígenes fueron decisivos en el itinerario que lo conduciría a la verdad de Cristo. En el año 238, cuando terminó sus estudios, elaboró un hermoso discurso de despedida a su maestro, alabando su método y sapiencia para enseñar.

Al regresar a su tierra natal, Neocesarea del Ponto, fue nombrado obispo a pesar de su corta edad. Esos fueron los años de entrega al servicio de los fieles cristianos, en los que Gregorio amó y pasó -como Cristo- “haciendo el bien en la tierra”.

Cuando estalló la persecución del Emperador Decio, en 250, San Gregorio aconsejó a los cristianos que protejan sus vidas viviendo en la clandestinidad y así no se expongan al peligro de renegar de la fe cristiana. Al mismo tiempo, alentó a que si Dios le concedía a alguien dar testimonio de la fe con su sangre, se acoja a Cristo quien derramó primero la suya.

Por otro lado, la tradición conserva algunos relatos que permiten comprender el férreo carácter del Santo. Se dice que Gregorio preguntó alguna vez: "¿Cuántos infieles quedan aún en la ciudad sin convertirse al cristianismo?" Le respondieron: "Quedan diecisiete", y él exclamó gozoso: "Gracias Señor: ese era el número de cristianos que había en esta ciudad cuando yo llegué a misionar aquí. En ese tiempo no había sino 17 cristianos, y ahora no hay sino 17 paganos".

Tras su muerte, el pueblo empezó a pedir su intercesión ante peligros y amenazas naturales, para pedir una buena cosecha o para que se curen las enfermedades.

De él se conservan siete escritos entre libros y cartas.

Más información del santo en el siguiente enlace: 

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